El sueño del zar

La goleta 'Shtandart', una réplica de la armada imperial rusa con 32 navegantes a bordo, estará atracada en la Duna de Zaera con horario de visitas hasta el 24 de marzo

El sueño del zar
Santiago Arrarte Rubio
ANA DEL CASTILLOSantander

Ni buena suerte, ni buen viaje. En Rusia, mirándose a los ojos, los navieros se dicen: «Sem' Futov Pod Kil'em». Viene a decir algo así como 'siete pies bajo el barco'. Vamos, que no acabes hundido.

La goleta rusa 'Shtandart' arribó ayer a Santander procedente de La Rochelle (Francia) con 32 tripulantes, entre marinos y estudiantes. A bordo, rusos, franceses y un griego. Se llama Angelos Angelidis y está a punto de terminar la travesía de dos meses que tanto le ha enseñado en lo personal y en lo profesional. «Vivir todo este tiempo en un barco pequeño ha sido mágico. Cuando estás navegando hay una energía especial y te sientes tan bien como en casa», dice. Habitualmente, el que quiere aprender a navegar y viajar en el 'Shtandart' debe pagar (llegan a un acuerdo dependiendo del tiempo que quieran estar), pero en el caso de Angelidis la enseñanza la sufraga reparando el barco. Pequeños arreglos que le permiten comprender la evolución del cabotaje a lo largo de 300 años.

La fragata, que estará hasta el 24 de marzo en la Duna de Zaera en horario de 12.00 a 19.00 horas, es una réplica del primer buque de la flota del Báltico que mandó construir en el astillero de Olónets el zar Pedro I de Rusia, 'El Grande', en 1703. El propio emperador fue el primer capitán del barco.

Casi 300 años después

El 'Shtandart' original se construyó durante la Guerra del Norte, en 1703, y duró 18 años más tras su botadura. Su intervención en 1719 en acciones militares le dejaron tocado y casi hundido, así que tuvo que darse de baja. El zar Pedro I ordenó repararlo y conservarlo en calidad de monumento a la industria naval rusa, pero no tuvo ninguno de esos cuidados y quedó atracado junto a otros barcos en el canal de Kronwerk, donde acabó por deteriorarse.

Ocho años después, Catalina I decretó restaurarlo, pero el tiempo y el agua habían partido en dos el buque. Finalmente, el 'Shtandart' fue desguazado y la emperatriz ordenó la construcción de uno nuevo. Esa orden fue ejecutada casi 300 años después por el ingeniero naval ruso Vladimir Martus, propietario y capitán del barco.

Cuando el francés David Mars vio por primera vez la goleta se quedó en shock. «Viajar en un barco de este tipo era un sueño que tenía desde pequeño», apunta. Es francés, lleva 14 meses en la fragata y él también tuvo que escalar los 33 metros del mástil mayor, una de las pruebas que deben superar. Esa y cocinar para una treintena de personas, «que no es nada fácil», lavar, limpiar y todo lo referente a las técnicas de navegación.

Dormir a un palmo del techo

Dentro huele a salitre y a «borscht» (sopa rusa). Una de las seis chicas del barco y un joven con deje romántico que viste con calzas holgadas preparan el almuerzo en una cocina minúscula en la que apenas hay hueco para posar los platos.

No mucho más espacio hay en los dormitorios, si es que así se pueden denominar. Hay dos zonas, una bajocubierta con literas y otra en la cubierta del barco donde descansan en hamacas, algunas a un palmo del techo. Ahí arriba comparten espacio con los siete cañones que engalanan la goleta. Seis son réplicas y uno es real, de un pecio que regaló el jefe del puerto de Plymouth al 'Shtandart'.

La fragata, en números

Año de construcción del original:
1703.
Construcción de la réplica:
1994-1999.
Eslora:
34,5 metros.
Manga:
6,9 metros.
Altura del mástil mayor:
33 metros.
Calado:
3,3 metros.
Tripulación:
seis mujeres y 26 hombres.
Cañones y cuerdas:
El 'Shtandart' posee siete cañones (uno real) y 17 kilómetros de cuerda que pesan seis toneladas.
Paso por Santander:
La fragata estará en la Duna de Zaera hasta el 24 de marzo y el horario de visitas, que depende del nivel del mar, será aproximadamente de 12.00 a 19.00 horas.
Próxima parada:
La Coruña.

Al lado de la pequeña cocina, ubicada en una esquina del barco, hay dos grandes mesas de madera rodeadas de bancos, también de madera claro. «Aquí todo está sacado de los bosques de San Petersburgo y lo bueno es que esta madera tiene vida. Está desgastada porque tiene historia, porque se navega, no es un barco de exposición», explican. Choca ver entre tanta historia una televisión de pantalla plana: «Bueno, vemos películas de vez en cuando».

La goleta, tanto dentro como fuera, está llena de detalles. Encabeza la proa una talla de león que representa al zar Pedro I y en la popa, en el despacho del capitán, un mural en relieve donde aparece un águila con dos cabezas. Cada una de ellas mira en una dirección, para no perder nunca el rumbo. Destaca también en la ornamentación las cientos de cuerdas que suben al cielo. En total, 17 kilómetros que pesan seis toneladas.

«Vaya joya»

En tierra hay un grupo de estudiantes de naútica que se quitan la palabra unos a otros. Todos quieren adjetivar. «Es un juguete», «qué pasada», «vaya joya»... Sin embargo, otros espectadores no le sacan tanto rendimiento. «Vámonos que aquí hay mucho pirata y me mareo con solo mirar el barco», dice una joven a otra. Eso sí, antes de marchar se hacen un selfie: «Que se vea bien el barco».

El barco es propiedad del ingeniero naval ruso Vladimir Martus, uno de los dos capitanes del barco junto a Dimitri Ryabikohv, y está valorado en «unos 15 millones de dólares», pero no está en venta. La construcción de la fragata 'Shtandart' es la historia de la realización de un sueño y los sueños no tienen precio.