La cooperativa con moneda propia que envidió la URSS

Los pescadores colectivizaron todas sus actividades en 1920 para sobrevivir. Luego, se entregaron al turismo

La cooperativa acuñó monedas de 1 y 5 pesetas,    y de 5 y 10 céntimos./
La cooperativa acuñó monedas de 1 y 5 pesetas, y de 5 y 10 céntimos.

La cofradía de pescadores de Port de la Selva atesora un glorioso pasado. Fue fundada en 1920, tras la primera Guerra Mundial, con el objetivo de combatir las penurias económicas que atenazaban a la población. Sus integrantes impulsaron un modelo cooperativista con moneda propia y subsidios por enfermedad y vejez pioneros en la época, que incluso llegó a despertar la curiosidad de representantes de la Unión Soviética, que viajaron hasta el pueblo para aprender de los avances sociales promovidos por los pescadores.

La cooperativa acuñó monedas de 5 pesetas, 1 peseta, 5 céntimos y 10 céntimos, que sustituían a las monedas del Estado y que eran admitidas en toda la comarca del Empordà. Los molinos de aceite, las tiendas de comestibles y calzado, el teatro y hasta la sala de fiestas fueron colectivizados. La revista literaria la Estampa dedicó un extenso reportaje al fenómeno en su ejemplar de diciembre de 1934, que el alcalde Genís Ginart atesora con mimo en su despacho en el Ayuntamiento.

«El modelo que forjaron los pescadores fue brillante y solucionó muchos de los problemas económicos de los habitantes de la época», subraya. Tenía un claro precedente en una práctica colectiva que habían desarrollado desde el siglo XVIII: la utilización de una gigantesca red que servía para la pesca del atún, y que era conocida como «la almadraba de Port de la Selva». Todos los habitantes participaban en la actividad durante los días del año en los que se acercaban al pueblo copiosos bancos de atún, y repartían sus ganancias. La costumbre fue recogida en un poema popular del músico Celestino Sadurní, en 1888.

Tras la Guerra Civil la solución a los problemas económicos la trajo el turismo. A partir de los años cincuenta algunos pescadores comenzaron a ceder sus casas durante dos o tres meses a veraneantes franceses. Familias enteras se instalaban en las bodegas de las casas y los turistas ocupaban la planta principal de las viviendas. Ginart, de 64 años, todavía lo recuerda: «Siendo niño me tocó vivir en la bodega con mis padres y hermanos». Más adelante los pescadores decidieron construir un segundo piso para veraneantes y la práctica se generalizó.

Hoy el turismo es la principal fuente de ingresos de la población costera, pero «ha conseguido mantenerse a una escala familiar, alejado de las aglomeraciones de Salou o Lloret de Mar», señala Ginart. El municipio se encuentra situado en el espacio protegido del parque natural de Cap de Creus, que esconde paradisíacas calas de agua cristalina bajo abruptos acantilados, y que también acoge a la población de Cadaqués, el famoso refugio del pintor Salvador Dalí.

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