«Se trataba de crear una tierra llamada Cantabria. Y defenderla»

J. E. PELAYOSANTANDER.

Cuando acaba la entrevista, Revilla retorna a su coche. No ha venido en el oficial. «Por las mañanas siempre acudo al trabajo en mi automóvil». Nada nuevo. Cuando era él y poco más -entre los regionalistas de siempre se cuenta entre risas que en el principio el PRC eran «Revilla y una corneta»-, recorrió la región a diario vendiendo la idea de Cantabria. «Machaqué un Peugeot al que le hice más de 500.000 kilómetros en un año. Y ahora he hecho ocho mítines al día... Recuerdo que a veces iba con 'Tatito', Ignacio Gómez Llata, que ahora tiene más de noventa años. Nos preguntábamos qué estábamos haciendo y llegábamos a la conclusión de que aunque nosotros no lo viéramos, sí lo verían nuestros hijos». Se trataba, de «crear una tierra llamada Cantabria». Y defenderla...

«¡Apunta!», exclama un Revilla con medio tono imperativo. «Estoy muy orgulloso de haber conseguido que en el Ayuntamiento de Valle de Villaverde todos los votos sean cántabros. Allí, en un municipio que querían anexionarse los vascos, en un lugar en el que siempre que iba tiraban piedras contra el coche. Defendimos su cantabricidad y hoy Villaverde es lo que ya era: Cantabria». El pasado miércoles, Revilla comió con Llaguno, el alcalde de ese municipio. Y por la tarde se tomó el día libre, se calzó las botas y se fue a pescar. Un placer que esta semana sí se ha permitido. La 'liberación', aunque fuera por unas horas, de la que habla.

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