«Nuestra Familia Real es fabulosa»

Amalio Gutiérrez y su esposa, Carmen Fernández (Cuca), han servido durante cincuenta años en el palacio de Sobrellano El pasado día1, entregaron a los Reyes en Comillas una colección de fotografías de Alfonso XIII en la villa en 1901

JUAN CARLOS FLORES-GISPERT
La Infanta doña Paz y dos damas en el palacio de Comillas. / colección AMalio gutiérrez/
La Infanta doña Paz y dos damas en el palacio de Comillas. / colección AMalio gutiérrez

Cincuenta años trabajando en el palacio de Sobrellano, en Comillas, son un grado. No se trata de un lugar cualquiera. Es un edificio noble, con piezas de arte, por cuyos salones han pasado numerosas personalidades y que tuvo una biblioteca excepcional. De todo ello bebieron Amalio y Cuca para poder hoy relatar decenas de historias de la villa, sus habitantes, sus nobles, sus mansiones, la historia de los marqueses de Comillas, de parte de la Familia Real española, los políticos locales y regionales. Saben mucho más de lo que cuentan, pero son cántabros. Que es como decir discretos y serios cuando conviene.

Amalio Gutiérrez y Gutiérrez nació hace 74 años en la plaza de la Esperanza número 6. Su madre era de Puentenansa y su padre de Solórzano. Carmen Fernández Martínez, esposa de Amalio, de 73 años, es natural de Comillas. Ella marchó a servir a Santander con 17 años, a casa del doctor Zúñiga. En Santander conoció a Amalio. Se casaron, tuvieron el primero de sus cuatro hijos (Amalio) y regresaron a Comillas por motivos de salud del bebé. «Me vine a casa de mis padres por sólo 15 días y aquí llevamos 51 años».

¿Cómo entran dos personas al servicio de Sobrellano? «Mi padre -cuenta Cuca- entró de sacristán en la capilla-panteón del señor marqués de Comillas en 1958 y, en ese mismo año, entramos a trabajar nosotros. En el palacio de Sobrellano tuve a mis otros tres hijos, Pablo, Francisco y Juan». Amalio, que sabe decenas de cosas sobre Comillas, indica: «entramos a trabajar en el palacio cuando murió el señor marqués de Ruiseñada, Juan Claudio Güell Churruca. Murió en la litera del tren cuando con su mujer volvían a España del bautizo de Carolina de Mónaco, la actual Carolina que conocemos, hija de Rainiero y Grace Kelly. Murió a la altura de un pueblo de Francia, cuyo nombre no recuerdo. Entramos a servir en el palacio ya a las órdenes de su hijo, cuarto marqués de Comillas, Alfonso Güell y Martos. Porque ha habido cuatro marqueses de Comillas, don Antonio López, primer marqués; don Claudio, el segundo, don Juan Claudio, conde de Ruiseñada, el tercero, y el actual, don Alfonso».

«La mujer mía -recuerda Amalio- entró a trabajar en el palacio como señora de la limpieza y yo como jardinero. Luego ella pasó a ser ama de llaves y yo guarda y encargado de todo. Y cuando el Gobierno de Cantabria compró el palacio seguimos trabajando en Sobrellano, hasta que nos jubilamos».

Para esta pareja de comillanos («yo ya lo soy, llevo aquí 50 años, calcule», dice Amalio) el palacio y los marqueses de Comillas son todo. Cuca dice: «quiero al palacio con locura».

En el imponente palacio neogótico de Sobrellano han vivido Amalio y Cuca miles de anécdotas. «Hemos conocido muchísimas personalidades», relata Cuca. «Yo, cuando venían los señores marqueses al veraneo de tres meses, trabajaba muy cerca de ellos. Dejaron de venir cuando enfermó su hija pequeña de leucemia, porque aquí no había los medios necesarios para atenderla. Les he cocinado muchas veces e incluso cuando hemos ido a Madrid, el señor marqués me decía 'Cuca ponte en la cocina', porque le gustaba mucho mi comida. Mi hijo Paco es muy buen cocinero. Estudió hostelería en Madrid, después estuvo en Zalacaín, luego en el Hotel Real, después en El Marinero de Castro Urdiales, volvió al Real y ahora ha abierto un restaurante en Comillas que se llama El rosel».

Amalio ha tratado a reyes. «Sí he cocido a Balduino y Fabiola de Bélgica; al rey Simeón de Bulgaria y a su mujer Margarita Gómez Acebo; al Príncipe de Asturias Felipe de Borbón; a la Infanta doña María Cristina de Borbón y Battenberg hija de Alfonso XIII y tía del Rey don Juan Carlos, y también a Carrero Blanco, Muñoz Grandes, Alberto Martín Artajo y muchos, muchos más. En 1960 conocí aquí, en Sobrellano, al entonces Príncipe de España, hoy Rey, don Juan Carlos. Él tenía entonces 22 añitos. Vino invitado por el señor marqués a cazar el corzo y el urogallo a los montes de Ucieda, con ellos estuvo el famosos cazador y guarda del monte, que se llamaba, ¿como se llamaba...? ¿¿¿Pepe. Pepe el de Fresneda!!!

-¿Cómo fue aquella estancia del Príncipe don Juan Carlos en Sobrellano, Amalio?

-Yo era jardinero, el criado más antiguo de la casa. Me llamó el señor marqués y me dijo si no me importaría, por la noche, custodiar la chimenea del Príncipe. Y eso hice. Me situé en la puerta, sentado y con una manta por encima, porque era abril y hacía un frío de muerte. Entre 1 y 2 de la madrugada se levantó el Príncipe. Pensé que iba al servicio, que estaba fuera de la habitación, pero me dijo: «Amalio, estoy pasando un frío de muerte. ¿No habría una manta o mejor dos?». Por la escalera de caracol subimos al piso de arriba, al planchero, cogimos dos mantas y le ayude a echarlas a la cama. Cuando se levantó, por la mañana, por cierto bastante temprano entre las seis y media y las siete, me saludó, nos dimos los buenos días y me dio las gracias: «Muchísimas gracias por las mantas, he dormido muy bien, como un gato capao». Don Juan Carlos estuvo en Comillas un sábado y un domingo.

Desde entonces, Amalio sólo vio una vez a don Juan Carlos, «de lejos, en la finca de El Alamín, en una cacería. Estaban 'los botines' (Emilio Botín y su esposa) y otros personajes, como doña Carmen Franco Polo y el marqués de Villaverde. Pero el pasado 1 de julio, en Sobrellano, Amalio se encontró de nuevo con don Juan Carlos. «Tuve la ocasión de estrechar su mano, y la de la Reina, invitados por el presidente del Gobierno de Cantabria, señor Revilla, que sabía que quería entregar una cosa al Rey».

-¿El Rey le reconoció, se acordaba de usted?

-Pues no creo porque, claro, don Juan Carlos es el Rey de España y yo soy el rey de mi familia. Y a mi familia la conozco de maravilla, pero a los vecinos no.

-Le entregó a don Juan Carlos un obsequio.

-Tenía ilusión en entregarle siete fotografías de la estancia de su abuelo, don Alfonso XIII, en Comillas, en el año 1901, cuando con su séquito llegó en coche a la villa (esas son las fotos), supongo que invitado por el segundo marqués de Comillas, don Claudio López Bru.

-¿Y qué le dijo el Rey?

-Pues me saludó y ya le habían contado la historia de las fotografías que yo tenía y mi interés loco por dárselas. El Rey me dijo «¿por qué no se queda usted con ellas». Pero preferí que las tuviera don Juan Carlos. Ni siquiera tengo copias de las fotos.

-Cuca, ¿qué le parecieron los Reyes?

-Yo me emocioné mucho. Al Rey le hicieron muchísima ilusión las fotos. No llegué a llorar pero me llegué a emocionar. Verles allí a los dos, tan cerca de nosotros. La Reina... La Reina es preciosa, la vi muy cercana al público, saludó a todo el mundo. El Rey también... Pero, la Reina... como le gritaba la gente. Bueno, yo ya conocía a la Reina del año 1983 cuando entregó el premio Europa Nostra en Sobrellano. También conozco al Príncipe de Asturias, cuando estuvo hace unos años de viaje oficial en Cantabria y visitó Sobrellano. A la Infanta María Cristina, tía del Rey, que era una señora muy amable y muy maja. Le di un ramo de gladiolos de mi jardín. Nuestra Familia Real nos parece fabulosa.

-¿Cómo está el palacio ahora, Amalio?

-¿Ahora? Sólo le digo una cosa para que le sirva de orientación. Desde que me jubilé, sólo he vuelto a entrar en el palacio tres veces: una engañado por mi mujer, otra cuando vino una hija del marqués a rezar un responso en las tumbas de sus antepasados y otra el pasado día 1, cuando vino el Rey. Pero no he pasado nunca del hall. He estado en el palacio 50 años trabajando. Se inauguró el 28 de agosto de 1882 y, hasta hoy, en cubiertas y fachadas no se ha hecho nada. Este palacio está orientado al norte, buscando el frescor del verano, cuando venían los marqueses. Y por estar orientado al norte sufre mucho. En el palacio, los empleados del marqués limpiábamos las hojas de los pesebrones para que no entrase el agua. El palacio se restauró muy bien por dentro siendo presidente Juan Hormaechea y no se ha hecho más».

-La venta del palacio.

-El administrador, Carlos Robles Soldevilla, le puso en venta por orden del marqués y mucha gente del extranjero se interesó por él. Como el presidente Portillo, de México. Pero el marqués de Comillas siempre tuvo la ilusión de que todo se quedase en manos de Cantabria. Como sus tierras, que quiso que fueran vendidas en lotes de 5.000 metros de terreno a buen precio a los comillanos, pero nada de eso se hizo. Fueron muy pocos los comillanos que compraron lotes. El administrador hizo lo que le vino en gana. El marqués ofreció el palacio al Ayuntamiento de Comillas en 41 millones de pesetas, pero al final lo compró el Gobierno de Cantabria, siendo presidente Ángel Díaz de Entresotos, en 70 millones de pesetas. Fue un precio simbólico, porque el presidente Portillo daba más de seis veces ese precio, pero el señor marqués quiso que se quedara en manos cántabras. El marqués de Comillas ha sufrido mucho, murió su hija María de leucemia y tiene un hijo, Alfonso, que tiene síndrome Down. Seguimos teniendo relación con el marqués, claro que sí.

-¿Por qué vendió el marqués el palacio, porque necesitaba dinero?

-No, qué dice usted. El señor marqués de Comillas quitó el palacio porque era una carga. Era veranear quince días, un mes o dos meses y, el resto del año, cerrado. Y, como usted comprenderá, mantener un edificio como este que no reúne condiciones es muy costoso. Primero se construyó la capilla-panteón de don Antonio López y López, inaugurado por Alfonso XII y María Cristina, en 1881. El palacio lo hizo el segundo marqués, en cuenta de que Alfonso XIII iba a venir a Comillas a veranear. Pero el Rey prefirió Santander.

-Usted sabe todo del palacio y de Comillas.

-Pero es que el señor marqués ponía a nuestra disposición la gran biblioteca de Sobrellano. Teníamos gran suerte y yo leí y leí. Cuando el palacio quedaba vacío, el 30 de septiembre por que los marqueses regresaban a Madrid, yo podía leer y leer durante todo el año. Y, así, me enteré que yo tengo un escudo y que soy hidalgo, como todos los montañeses. Mi escudo son seis turbantes de seda y espadas de plata, del apellido Gutiérrez y Gutiérrez.

-¿Qué le perece la restauración de la Universidad Pontificia?

-Bien, muy bien. Una gran maravilla. Pero además de esa gran obra hay que hacer obras de mejora en el pueblo. Supongo que luego harán esas cosas, porque aquí vivimos 5.000 personas en invierno y 20.000 en verano. No tenemos ni ambulancia. Hay que hacer nuevas carreteras, salidas y entradas de Comillas y servicios para el pueblo. Y mantener lo que tenemos, porque tenemos muchos monumentos, como la capilla-panteón y el palacio de Sobrellano. No voy al palacio por no ver como está.

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