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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Uno de los linajes más importantes de San Vicente de la Barquera durante la Edad Moderna fue el de los Corro. A ellos se deben monumentos vinculados con el Renacimiento italiano, como el sepulcro de Antonio del Corro y la casa hospital de la Misericordia, actual Ayuntamiento de la villa.
El miembro más ilustre de esta familia fue el inquisidor Antonio del Corro (1472-1556), natural de San Vicente de la Barquera, quien obtuvo su canonjía en la catedral de Sevilla en 1531. Cuatro años más tarde tomó posesión de ella, falleciendo el 30 de junio de 1556. Durante su vida residió en diferentes lugares de Europa (Francia, Países Bajos e Inglaterra), lo que contribuyó a su formación como humanista y a que estuviera dotado de un talante abierto y tolerante. En su testamento, redactado en Sevilla el 1 de agosto de 1553, se recoge su voluntad de edificar un hospital para pobres frente a la casa que su familia poseía en San Vicente de la Barquera y una capilla particular en la iglesia de Santa María de los Ángeles de esta localidad, destinada a albergar los enterramientos de su familia.
Desconocemos la fecha de construcción de esta capilla. No obstante, partiendo del hecho de que fue costeada por Antonio del Corro y de que éste nació en 1472, habría que suponer que su fábrica tuvo que tener lugar hacia finales del siglo XV o inicios del XVI. Dado que en una losa situada delante de la reja de la capilla aparece inscrita la fecha de 1521, cabe pensar que esa fue la fecha de su edificación, lo que coincidiría, además, con el momento en que se emprendieron diversas reformas en la iglesia.
En el interior de esta capilla, situada en el lado del Evangelio del templo parroquial de San Vicente, se encuentran dos sepulcros bajo arcosolios. Uno de ellos es de estilo gótico y posee las imágenes yacentes de un caballero y de su esposa, que muy posiblemente sean los padres del inquisidor don Antonio del Corro (Juan González del Corro y María González Herrera), ya que éste declaró en su testamento que sus padres estaban enterrados en dicha capilla.
El otro sepulcro es el de don Antonio del Corro, considerado como uno de los mejores ejemplos de la escultura renacentista en España. Fue realizado en 1564 por el escultor castellano afincado en Sevilla Juan Bautista Vázquez 'el Viejo', discípulo de Berruguete, a partir de las condiciones redactadas por Hernán Ruiz 'el Joven', quien hizo un modelo en barro para la obra por el que cobró 250 ducados en 1564.
Tradición italiana
Este escultor continuó, de este modo, una tradición artística italiana que culminó en Miguel Ángel, basada en la utilización del barro como elemento moldeador del proyecto, dando lugar a una morbidez y a un carácter fluido en la superficie escultórica.
El sepulcro, esculpido en mármol de Génova, presenta al inquisidor ataviado con alba, casulla y manípulo, propios del clero regular, y tocado con un bonete. Se le representa recostado leyendo un libro, mostrando una serenidad ante la muerte que debe vincularse con el concepto humanista del «triunfo sobre la muerte», muy difundido entre los círculos humanistas de Sevilla y conocido por Hernán Ruiz 'el Joven'. Esa actitud ante la muerte queda resumida en las cartelas que sostienen los niños del sarcófago: EL QUE AQUÍ ESTÁ SEPULTADO NO MURIÓ, QUE FUE PARTIDA SU MUERTE PARA LA VIDA. Este tipo de sentencias fueron frecuentes en los sepulcros renacentistas en clara alusión a que tras la muerte espera la vida eterna.
A los pies del difunto se dispone un perro, como símbolo de la fidelidad, pero también de la Custodia y de la Vigilancia. En los laterales del frente del sarcófago se encuentran dos medallones en los que se inscriben los niños, a modo de puttis, que sostienen una inscripción alusiva a la carrera religiosa del personaje. En el centro se halla otro medallón en cuyo interior un ángel sostiene un escudo cuartelado con las armas de la familia Corro.
La representación de don Antonio del Corro es una fusión entre el tipo de acodado italiano y el español. En el ámbito italiano hay ejemplos como las estatuas del cardenal Girolamo Rosso y la de Ascanio Sforza de Andrea Sansovino, mientras que en España el modelo se había utilizado ya en el siglo XV en el sepulcro del Doncel de Sigüenza y en el XVI en los de Bernardo de Vilamirí, Ramón Folch de Cardona y Roberto de Santisteban. Este último es, junto al de don Antonio del Corro, el único ejemplo de sepulcro renacentista acodado en que el difunto se representa con los ojos abiertos. Además, el inquisidor copia al Doncel de Sigüenza al ser representado leyendo.
En Cantabria no hay más ejemplos de esculturas que sigan este tipo acodado, ya que entre los bultos funerarios se impuso el modelo yacente y, sobre todo, el de orante, imitando al que los Leoni realizaron en El Escorial. El tratamiento de los paños, los finos rasgos del rostro del difunto y las formas mórbidas de los niños relacionan el sepulcro del inquisidor Antonio del Corro con la escultura italiana del Cinquecento, haciendo de ella una de las mejores obras escultóricas de cuantas se conservan en Cantabria.
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