Las autoescuelas cántabras pierden un 50% de alumnos en cinco años

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El perfil del estudiante de autoescuela está cambiando, «ya no tiene 18 años». / Héctor Díaz

  • La crisis económica y la «publicidad engañosa» que ejercen algunas autoescuelas está obligando al sector a apretarse el cinturón

La crisis tiene a las autoescuelas de Cantabria estudiando estrategias de marketing para poder dibujar ofertas que atraigan tanto a los cántabros como para ajustarse el cinturón y hacer frente a los 900-1.200 euros que cuesta hoy sacarse el carné de conducir (si se aprueba a la primera). Antes de 2009, año de mayor bonanza, parecía un negocio seguro en el que nunca iban a faltar clientes, pero como en la mayoría de sectores, en las autoescuelas la coyuntura económica también ha reducido el número de aspirantes a conductores. La Dirección General de Tráfico incluso aporta porcentajes: se expeditan un 50 por ciento menos de permisos B que en 2009.

Cada vez son menos y ya no tienen 18 años. Es el caso de María Antonia Guerrero, que estudia desde hace unas semanas el teórico en la Autoescuela Peñacastillo. Es madre de familia y «por necesidad» está aprendiendo las normas de circulación. «Hace años se lo sacó mi hijo para poder buscar empleo y ahora que la economía familiar lo permite me lo estoy sacando yo. Primero no había dinero y teníamos otras prioridades como la educación de mis hijos. Sacarse el carné es inviable si no trabajas y si tienes familia porque el gasto es diferente». Marian, como la llaman en la autoescuela, está sentada frente a un ordenador realizando un test de examen y junto a ella está Gladis Figueroa, de 20 años, que gracias a su madre puede sacarse el permiso de conducir. «Si no fuera un regalo no lo podría financiar hasta tener trabajo. La mayoría de mis compañeros de clase no tienen carné».

Es la pescadilla que se muerde la cola. La crisis no da empleo, ni a jóvenes ni a adultos, y las autoescuelas pierden usuarios. Menos mal que llega el periodo estival y «los jóvenes han terminado la selectividad, la mayoría con buenas notas, y las matriculaciones en las autoescuelas crecen», explica Alberto Santamaría, propietario de dos autoescuelas (Muriedas y Solares), y ex presidente de la Asociación cántabra de escuelas de conductores (ACEC).

«Publicidad engañosa»

Las autoescuelas en Cantabria se rigen por el libre mercado. Es decir, cada autónomo se busca sus maniobras publicitarias para atraer clientes. Una practica ‘peligrosa’ que ya viene advirtiendo desde hace tiempo ACEC. Tanto Santamaría como la recién estrenada presidenta de la ACEC, Lucía Ortiz Cobo, primera mujer en liderar este cargo en la historia de la región, avisan de lo importante que es «leer la letra pequeña» porque las ofertas no siempre salen rentables. «Algunas autoescuelas están ofreciendo regalos, como clases, y ese es el gancho que atrae al alumno pero deben informarse bien porque la calidad se ve, en muchas ocasiones, mermada y a la larga, sale igual de caro sacar el carné pero en mucho más tiempo porque se suspende», explica Ortiz. Santamaría aún va más allá y anima a acudir a Consumidores si no se cumple el contrato «porque no se entiende que estén ofertando por internet licencias de conducir, con cinco clases, a 98 euros. Así que ¡ojo!, que podría haber publicidad engañosa y con el dinero de la gente no se puede jugar. Esta profesión es muy seria y hay que atender a los clientes como se merecen».

En Cantabria hay en la actualidad 58 autoescuelas y contando las secciones (locales), 88 y la mayoría «somos autónomos y unipersonales», explica la presidenta de ACEC.

La crisis les obligó hace ya unos años a prescindir de profesores porque «entre pagar licencias, local, coches y gasolina no daba y suponía demasiado gasto para las escuelas». Por eso el número de secciones se ha reducido considerablemente. «Son pocos los propietarios de autoescuela que tienen varios locales y personal contratado».

«A nosotros también nos ha tocado apretarnos el cinturón. Yo cerré la autoescuela que tenía en Santander», dice Santamaría.

Ciudades sin coches

Con las nuevas ciudades sostenibles y eficientes, donde se pedalea más que se aprieta el acelerador, el tráfico de coches en el centro se ve visiblemente mermado. Lo mismo está ocurriendo en Santander con las peatonalizaciones de varias calles que incluso han obligado a renovar el circuito de la prueba de conducir. «Antes examinábamos en zona centro y ahora los exámenes se hacen en el extrarradio, porque la mayoría son zonas peatonales, zonas 30... Se sigue circulando pero ya no tanto».

La sostenibilidad también forma parte de las clases teóricas y la gran mayoría de autoescuelas ya imparten una nueva ‘asignatura’: la conducción eficiente. «Tráfico lo tiene en el punto de mira y nos lo exige. Ahora es una falta leve pero posiblemente en un periodo corto de tiempo se pida más, bien por economía o por contaminación. Al fin y al cabo es menos gasto, te puedes ahorrar un 25 por ciento en combustible y no contaminar tanto el medio ambiente», explica Ortiz.

Mientras la eficiencia avanza, las autoescuelas esperan pacientes la frenada en el final del túnel para recibir a la «avalancha de clientes retrasados que ahora no pueden sacarse el permiso de circulación», dice Santamaería, y que los años de bonanza vuelvan a pisar el acelerador.