«Los latigazos no me preocupan»

Fran Álvarez y Yolanda Santos interpretan este año a Jesús y a María en la Pasión Viviente de Castro

Yolanda y Fran ensayaron la escena de la muerte de Jesús el pasado domingo en La Atalaya de Castro./Abel Verano
Yolanda y Fran ensayaron la escena de la muerte de Jesús el pasado domingo en La Atalaya de Castro. / Abel Verano
Abel Verano
ABEL VERANOCastro Urdiales

«Cuando te ofrecen el papel de Jesucristo y dices que sí, ya sabes que te van a dar latigazos. No es una cosa que me preocupe, aunque dependiendo de la zona en que te den, duele más». A sus 22 años, el castreño Fran Álvarez, estudiante de Grado Superior de Mantenimiento Industrial, tendrá el privilegio de interpretar el papel de Jesucristo en la próxima edición de la Pasión Viviente de Castro Urdiales, fiesta declarada de interés turístico nacional, que se celebrará el próximo 30 de marzo (Viernes Santo). «Tengo muchas ganas, mucha ilusión y cuento con el apoyo de toda la gente que está conmigo en la representación, que son los que hace que cada día tenga más fuerzas».

Fran reconoce que, tras un mes y medio de ensayos, puede dar la sensación de que «uno está cansado y que es difícil». Pero todo lo contrario. «Cada ensayo es distinto y te lo pasas bien. Sacas una sonrisa». Después de interpretar otros papeles secundarios, Chechu Arozamena, impulsor de este evento junto a su mujer, Guadalupe Beascoechea, le planteó la posibilidad de ser el protagonista principal de la Pasión Viviente. Y Fran no pudo rechazar la oferta. Se dejó la barba larga, hizo el pasado año el papel de Juan, como suele ser habitual, y este año ya está inmerso en los ensayos generales en la calle.

Los personajes

Jesús
Fran Álvarez Santos.
María
Yolanda Santos Martos
Juan
Álex Izurieta Pérez.
Caifas
Carlos Calvo.
Anás
José Antonio Román.
Judas
Jesús Martín.
Pedro
Lumi Díaz Cantera.
Pilatos
Carlos Celeiro.
Claudia
María del Puy García.
Barrabás
Luis Carlos García.
Verónica
Claudia Martínez.
Heródes
Sergio Corrales Moja.
Magdalena
Cristina Muñoz.

El pasado domingo, momentos antes de iniciar el ensayo de las escenas que se desarrollan en la zona de La Atalaya (la crucifixión, muerte y resurrección de Jesucristo), Fran aseguró que, a pesar del «esfuerzo máximo» que suponen las caídas con el madero (pesa unos 30 kilos), lo que más dificultad tiene su papel es la grabación de la voz. «No solo es leer el papel, sino interpretarlo». «Es de esas cosas que no parecen importantes, pero sí lo son», apuntó.

«Hay veces que vas a los ensayos y no te sale. Te vas a casa un poco frustrado, pero bueno, a base de ensayos te va saliendo». «Lo que se ve por dentro es lo que más cuesta», resalta.

Como es lógico, cada año, los anteriores Jesucristo de la representación dan sus consejos al nuevo. «Me han dicho que sea yo mismo. Me dicen cómo creen que queda mejor. Pero al final cada uno tenemos unos gestos y una forma de expresarnos». Arozamena, como alma máter de este evento, también le ha dado su particular recomendación. «Me dice que disfrute cada día porque es un recuerdo que se te queda para toda la vida. Que no me fije en nadie, que sea yo mismo».

«Es un regalo de mi hijo»

Al protagonista de la trigésimo cuarta Pasión Viviente no se le escapa el «mérito» que tienen todos los que participan –no son actores– para hacer posible esta escenificación de las últimas horas de la vida de Jesús de Nazaret. «No tenemos conocimientos de nada. Y se nos exige mucho para que sea lo más realista posible y salgo todo bien. Así que esa exigencia es la que da el resultado que todo el mundo ve».

El papel de Jesucristo va de la mano del de María en esta representación. Como cada año, este personaje lo encarna la madre (en la vida real) de quien hace de Jesús. En esta edición será Yolanda Santos, de 43 años, y auxiliar de enfermería, la encargada de acompañar a Fran en su particular vía crucis. «Se pasa mal, aunque es una experiencia muy bonita. Es inevitable emocionarse, porque duele, son un cúmulo de sentimientos».

Yolanda acoge este papel como «un regalo que me hace mi hijo». «El vínculo que sea crea entre los dos es muy grande. Es como un cordón umbilical. Es impresionante». «Pero la verdad es que no te das cuenta del papel que vas a representar hasta que se acerca la fecha».

Como a su hijo, a ella también le han dado consejos los más veteranos de la Pasión Viviente. «Aparte de hacer lo que marca el guion, me dicen que me deje llevar por mis sentimientos», apunta Yolanda, al tiempo que asegura que los momentos más emotivos son cuando se encuentra con su hijo de camino a la cruz y cuando ya ha muerto. «Cada momento tiene su cosa, pero en la cruz lloras lo que nos ha llorado con anterioridad».

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