Prodigios cántabros en la Olimpiada Matemática

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De izquierda a derecha Jesús Arjona, Jon Ander Santos y Esther Valbuena. / Andrés Fernández

  • Jesús Arjona, Jon Ander Santos y Esther Valbuena viajan en marzo a la fase nacional de la prueba

Jon Ander Santos estuvo en la Olimpiada Matemática nacional del pasado año, en Badajoz. Para Jesús Arjona y Esther Valbuena será la primera vez. Los tres comparten esa habilidad especial con los números que los convierte en los mejores representantes cántabros para esta peculiar competición intelectual, que se celebrará el 31 en Barcelona y donde el triunfo depende a partes iguales de la sabiduría y el azar.

«No puedes estudiar para esta prueba porque en realidad no hay nada que estudiar», advierte Jon Ander Santos. «Llegas al examen y te encuentras con enunciados que no tienen nada que ver con lo que estás acostumbrado a ver en el instituto. Son problemas para los que no hay un único camino hacia la solución, sino varios, y es ahí donde tienes que decidir», explica el estudiante de segundo de bachillerato del instituto Cantabria.

No se consideran especialmente ‘empollones’. «Más bien es cierto que hay una facilidad con las cifras», concreta Esther Valbuena, estudiante de primero de bachiller en el instituto José María de Pereda. «Eso y una curiosidad innata por comprender qué se esconde detrás de cada procedimiento, de cada problema».

Por eso estos cerebros son el perfil perfecto para concursar en una prueba donde los ejercicios abarcan el conocimiento de todos los años anteriores. «He visto exámenes de otros cursos y te encuentras de todo. También problemas que en apariencia son fáciles, que podrían ser de tercer curso de la ESO, pero también te sorprende porque no esperas encontrártelos ahí», señala Jesús Arjona, de segundo curso de bachillerato en el Castro Verde.

Mentes analíticas

En esos primeros cursos de instituto Valbuena ya sabía que lo suyo no era memorizar. «Me gustaba desentrañar problemas, discernir, imaginar. Las asignaturas de este tipo siempre me han gustado más», explica. En cierto modo la matemática tiene una importante componente creativa. Una inquietud que ella canaliza también a través de la música: «Estudio guitarra en el conservatorio, me encanta». La música parece un hobby recurrente en este tipo de talentos. «En mi caso es el piano, pero solo de modo amateur, no voy al conservatorio», se suma Arjona.

Es lo que hacen en su tiempo de ocio, donde también hay tiempo –aunque cada vez menos por las obligaciones del estudio– para el deporte. «Me gusta el surf y la natación. Ahora hago menos surf, pero siempre que puedo me escapo», cuenta Valbuena. «Necesito un poco de esgrima para desconectar del estudio y recargar pilas», confiesa Santos. Y en el caso de Arjona la práctica es más popular: «El pádel me ayuda mucho a desconectar, pero no puedo practicarlo tanto como quisiera», lamenta.

En sus sueños buscan hacer el examen lo suficientemente bien como para clasificarse para la Olimpiada Internacional, que se celebrará el próximo julio en Hong Kong. «No sería un mal modo de cerrar el curso, no», ironizan juntos.