Segundo de Chomón, el primer gran mago del cine español

Trabajó al lado de algunos de los directores europeos más importantes del período mudo

Segundo de Chomón./
Segundo de Chomón.
BOQUERINI .

Segundo de Chomón fue uno de los cineastas más relevantes y fascinantes de los primeros 30 años del cine y el primer gran mago del cine español. Director, técnico de iluminación y de fotografía, especialista en trucajes y revelado, pionero del cine fantástico y del cine de animación, este turolense trabajó al lado de algunos de los directores europeos más importantes del período mudo.

En realidad se llamaba Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz, aunque fue conocido en todo el mundo como Segundo de Chomón. Había nacido en Teruel el 17 de octubre de 1871 y falleció el 2 de mayo de 1929 en París, cuando el cine sonoro era una realidad que estaba arrinconando a las películas mudas. Chomón fue un técnico minucioso y perfeccionista, que invertía hasta meses en conseguir los efectos deseados, aunque duraran en pantalla pocos segundos. Fue uno de los más importantes pioneros del cine de fantasmagorías del cine mudo, y su talento en estas películas llenas de fantasía solo es comparable al de Méliès. Por ello fue contratado por la productora cinematográfica más potente del mundo en esta época, la Pathé Frères, para trabajar con su director más importante, Ferdinand Zecca, y que los trucos de sus filmes pudieran competir de igual a igual con los del mago Mélíès.

A Chomón se le se atribuye el desarrollo del paso de manivela, cuyo uso culmina en El hotel eléctrico de 1908 y la utilización en decorados interiores, de modo absolutamente consciente, del travelling sobre una plataforma habilitada especialmente para este movimiento. Fue un genio de los trucajes, desde el coloreado de películas, pasando por todo tipo de efectos de la época, cuyo repertorio incluye la utilización de maquetas, efectos Schüfftan (llamado así por su inventor, Eugen Schüfftan, que consiste en impresionar solo una parte del fotograma, habitualmente utilizando maquetas), doble exposición, sobreimpresiones, pirotecnia, escamoteos y el ya comentado uso de la velocidad de paso de manivela.

También contribuyó a la creación de una industria nacional española de cinematografía, con sus etapas barcelonesas y sus películas de alcance popular: melodramas, zarzuelas, dramas históricos y comedias. Se le considera como uno de los más importantes creadores internacionales de la historia del cine por su contribución al desarrollo del arte cinematográfico en la etapa muda, que trabajó para los más importantes directores y productores de aquella época en Francia, Italia y España.

Una vida apasionante

Su vida fue apasionante, como la de la mayoría de los pioneros del cine. Hijo de un médico militar aficionado a la fotografía, Chomón cursó estudios secundarios (algunas biografías aseguran que obtuvo el título de ingeniero). Entre 1895 y 1897 hizo un viaje a París, donde descubre el Cinematógrafo de los hermanos Lumière del Boulevard des Capucines y conoce a la vedette Julienne Mathieu, actriz de teatro y vodevil con quien se casaría. Entre 1897 y 1898 cumple el servicio militar en Cuba como voluntario, participando en la guerra de Cuba donde obtiene el grado de oficial. A su regreso a París a fines de 1899 se interesa por el nuevo invento. Ayudando a su esposa, que trabajaba en los talleres de coloreado a mano fotograma a fotograma de las películas de Méliès, diseña unas plantillas de celuloide que facilitaban este trabajo y conseguían mayor precisión en la delimitación del color conocido con el nombre de pochoir. Este sistema, con ligeros cambios, fue patentado más tarde por la casa Pathé con el nombre de Pathécolor. Un ejemplo de esta técnica puede verse en el documental Viaje a Burgos (Burgos voyage), firmado por el turolense en 1910 o 1911.

Pionero del cine español, aplicó su enorme imaginación al desarrollo del nuevo medio. Fundó la primera productora de cine española Macaya y Carro y de un taller de coloreado y rotulado en los que experimentaba los primeros filmes científicos. A finales de 1900 Segundo de Chomón decide dedicarse plenamente a la actividad cinematográfica en dos vertientes: como especialista en la impresión de títulos españoles para las películas extranjeras que se importaban y en el coloreado a mano de las copias de filmes de intención fantástica o espectacular; a esas dos vertientes pronto se añade otra tercera: la de realizador y operador cinematográfico al mismo tiempo.

En 1902 se instala en Barcelona e inaugura un taller que comercializa su sistema de coloreado. Fabrica su propia cámara cinematográfica y filma una película en la que utiliza el trucaje de maquetas: Choque de trenes. Del mismo año data Monserrat. Al año siguiente rueda varios cuentos fantásticos inspirados en los famosos cuentos de la editorial Calleja, donde explora la doble exposición y las sobreimpresiones para conseguir en el mismo plano efectos de gigantismo en películas como Pulgarcito y Gulliver en el país de los Gigantes, ambas de 1903. También en esta época perfecciona la técnica del paso de manivela, que consiste en obtener tomas fotograma a fotograma para comprimir el tiempo, es decir, la filmación fotograma a fotograma, que permite en los intervalos de la filmación la alteración de la posición o la desaparición de los objetos situados delante la cámara. y la utiliza en por primera vez en Eclipse de sol (1905).

Compitiendo con Méliès

En esta primera etapa barcelonesa, se asocia a Macaya y Marro, incipientes productores catalanes en la Hispano Films, que se dedicaban a filmar temas realistas populares o históricos. Para ellos realiza películas como Los guapos del parque, Se da de comer o Los sitios de Chile, todas del mismo año de 1905. En esos años participó activamente en espectáculos modernistas de la Sala Mercè de Barcelona, coordinados por Adrià Gual, que incorporaban el cine a otras manifestaciones artísticas. Investigando las relaciones entre el cine y el teatro, Chomón experimentó en estos espectáculos las posibilidades del cine sonoro con un grupo de actores escondidos detrás de la pantalla que ponían voz y sonido a las imágenes proyectadas en ella.

En otoño de 1905 es contratado por Pathé, productora que, en este momento, es la más importante del mundo debido al monopolio que ejercía sobre el celuloide virgen, para competir con Georges Méliès realizando numerosas películas fantásticas. Chomón regresa a España en momentos puntuales para rodar acontecimientos como la boda de Alfonso XIII, pero es en los estudios franceses donde realiza algunas de sus obras maestras. Lo hace como operador de cámara y director de trucajes para las películas fantásticas de la época, terreno en el que se había establecido un duelo cerrado con la productora de Méliès que se mantendría hasta finales de esta primera década del siglo. La Pathé, para competir con Méliès recurrió al director Ferdinand Zecca y a Segundo de Chomón, entre otros cineastas. En la Pathé Chomén encuentra todo lo necesario para investigar y poner en práctica sus innovaciones técnicas y su pasión por la experimentación, que irán desde la filmación fotograma a fotograma, los planos cenitales y los movimientos invertidos, hasta los encadenados, la utilización de los caches, las tomas de diferentes proporciones o las sobreimpresiones. La libertad que tenía Chomón en la Pathé y las excepcionales condiciones de trabajo de la compañía (empezando por el coste muy reducido de la película virgen) explican en buena parte la frenética actividad del cineasta español en diversos campos, no sólo en dos de los géneros de más éxito en la época, como son los filmes fantasmagóricos y las escenas de transformaciones, sino también en el terreno de la animación, con títulos como El castillo encantado (1908) y El sueño del cocinero (1909), los muñecos articulados y las sombras chinescas, apartado en el que destacan Ladrones nocturnos (1905) o La casa hechizada (1906), filme precursor de las transparencias, técnica que consiste en proyectar imágenes en una pantalla situada detrás de los actores. De esta etapa son sus efectos especiales para La gallina de los huevos de oro (1905), diriida por Albert Capellani; El hijo del diablo (1906), de Lépine y El pescador de perlas y Vida y pasión de Nuestro Señor Jesucristo, todas ellas dirigidas por Ferdinand Zecca. En esta última película aparece la utilización consciente del travelling en interiores sobre una plataforma con ruedas. La diferencia es sustancial, pues colocar la cámara en un medio de transporte (tranvía, barco o tren) era un procedimiento consabido desde las primeras cintas documentales de los reporteros contratados por los Lumière.

El hotel eléctrico

Pero su obra más conseguida para la Pathé es El hotel eléctrico, de 1908. Con 140 metros de longitud, supone la cumbre del procedimiento del paso de manivela, con el que se consigue dotar a los objetos de vida propia. En el mundo del progreso tecnológico, todo está automatizado en un hotel a la última, donde los cepillos peinan solos, los zapatos se atan sus cordones y todos los electrodomésticos de la suite trabajan por sí solos. Otro título interesante de esta época es Una excursión incoherente (1909), que conecta con los primeros escarceos vanguardistas parisinos, que llevaron a cabo un grupo llamado los Incoherentes, precursores de dadaístas y surrealistas. También de 1909 es Excursion dans la Lune, un remake de la conocida película de Méliès, Viaje a la Luna.

En 1910 Chomón regresa a Barcelona, donde forma sociedad con el empresario de variedades Joan Fuster Garí. Con esta productora rodó un total de 37 películas de asunto popular. Algunas cómicas (Venganza de un carbonero, La fecha de Pepín), otras históricas (Pragmática real, Justicias del rey don Pedro), también melodramáticas (La expiación, Amor gitano, El puente de la muerte, La hija del guardacostas) y por supuesto fantásticas (La gratitud de las flores). Chomón también adapta sainetes y zarzuelas, sentando las bases de un cierto cine español de alcance popular con títulos como Los guapos, El puñao de rosas, Las carceleras, "La tempranica o El pobre Valbuena, que alcanzaría su máxima expresión en los inicios del sonoro durante la II República. Ese mismo año Chomón se instala por su cuenta trabajando para la casa Pathé, de la que es nombrado concesionario. Esta situación se materializa en títulos como Lucha fratricida o Nobleza Aragonesa, Los pobres de levita, Los dulces de Arturo, Una farsa de Colás o Flema inglesa.

Etapa italiana

Siempre inquieto, Segundo de Chomón, a partir de 1912 se instala en Italia, trabajando para la Itala Film. La vertiente artística de la productora corría a cargo del director Giovanni Pastrone (1883-1959), que contrató a Chomón como operador y técnico en efectos especiales por la desorbitada cifra de mil liras al mes (los operadores más bien pagados de Italia cobraban en la época poco más de 150 liras al mes). Entre sus trabajos en Itala Films destaca por encima de todos el de una de las mayores superproducciones del cine mudo italiano, Cabiria, (1914), filme de tres horas ambientado a finales del siglo III a.C. En Cabiria, Chomón se encarga no sólo de la realización y filmación de maquetas, de los efectos de iluminación más complicados, de los efectos especiales y de las principales tareas de revelado y positivado, sino también de los movimientos de cámara. La utilización sistemática y elaborada del llamado carrello (origen del actual travelling), es decir, la cámara en movimiento, es uno de los principales rasgos distintivos de Cabiria, para dar magnificencia a los decorados de los templos orientales y desarrolla la iluminación expresionista, que dota de relieve a los rostros de los actores y a los detalles del decorado., mostrando de esta manera un cambio de actitud respecto a la lógica visual adoptada por el cine hasta entonces y que se traduce en lo que diversos críticos e historiadores han llamado la conquista del espacio.

En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial que provoca una profunda crisis en la cinematografía europea. Así, los estudios Itala Film son reconvertidos en hospital pero Chomón sigue trabajado para Giovanni Pastrone. Posteriormente trabaja en Túnez y Marruecos. En 1923 se traslada a París. Allí trabaja en colaboración con Ernest Zollinger, ingeniero suizo, en un sistema de cine en color por el que obtuvo la medalla de oro de la Exposición Internacional de Fotografía, Óptica y Cinematografía de Turín. Su último trabajo llegó tres años después, en el rodaje de la gran superproducción del cine francés, Napoleón (1927), de Abel Gance. Chomón fallecería dos años después, en 1929, cuando el cine sonoro era una realidad que estaba arrinconando a las películas mudas.

Hoy día Chomón está prácticamente olvidado y es desconocido por el gran público. Durante algunos años el Festival de Cine Fantástico de Sitges se preocupó en recuperar y restaurar algunos títulos de este pionero. Y el pasado año, una película, mitad documental, mitad ficción, El hombre que quiso ser Segundo, recuperaba la figura del gran Segundo de Chomón.