«Estoy atrapada en casa, nadie viene a rescatarme»

Esto es lo que ve Lucila Fernández desde su balcón.

Lucila Fernández lleva toda la noche en vela observando cómo el agua ha cercado su vivienda en Obregón (Villaescusa)

Mariña Álvarez
MARIÑA ÁLVAREZSantander

Lucila Fernández, que fue Miss Cantabria en el año 2009, vive en una casa en el barrio Navalín de Obregón (Villaescusa) que sufre un grave problema de inundaciones. Está en una urbanización en la que confluye la escorrentía de la carretera CA-142 con un arroyo. Cuando llueve de manera torrencial, la carretera actúa como una presa y el terreno se convierte en un pantano. Y ha vuelto a ocurrir. Desde anoche los vecinos han ido observando con preocupación que el agua subía y subía. Esta mañana ya no pudieron salir de casa. Están atrapados. «Es imposible salir de aquí. Llamé a las 07.30 al 112 y sigo esperando que alguien venga a rescatarme», ha contado Lucila a las 12.30 horas.

Pero es un problema que tiene difícil solución. De hecho, desde el 112 le dijeron que iban a dar aviso al Ayuntamiento y ella misma, a lo lejos por una ventana, vio un vehículo municipal que, al parecer, llevaba unas bombas de achique. «¿Bombas de achique? ¿Y qué pretenden hacer con eso? Pueden tirarse un mes achicando», comenta. Para salir de casa necesitaría «una zodiac», dice. En su misma situación están los vecinos de las dos casas colindantes con la suya. A estas horas, Lucila trataba de escalar por una tapia con la ayuda de un vecino para atender a un compañero de este periódico que acudió a interesarse por su situación. «Pero es que no puedo ni acercarme», cuenta por teléfono.

El agua entró en la urbanización por la noche. Dice que a la 01.30 horas de la madrugada ya cubría por la rodilla. Viendo lo que iba a pasar, avisó a la clínica en la que trabaja de que por la mañana no podría ir. Y esta tarde, comenta, si nadie la rescata antes no podrá presentarse a un examen de la universidad. «Pediré un aplazamiento», piensa. Es fuerza mayor. «Estoy muy nerviosa. Estoy sola, con mis perros y gatos, y aquí nadie me llama ni nadie viene», lamenta.

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