Casi la mitad de los niños de Cantabria ya nace fuera del matrimonio tradicional

Casi la mitad de los niños de Cantabria ya nace fuera del matrimonio tradicional
B. Castillo

El 43% de los nacidos en 2017 no estaba dentro de la familia clásica. La modernización social, unida a la equiparación de roles en la pareja, evidencia un cambio en las estructuras sociales

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

Sólo es un número, pero en los dos dígitos del 43% cabe uno de los mayores cambios sociales a los que se enfrenta la sociedad actual: la Segunda Transición Demográfica. ¿Qué es este fenómeno? La modernización de las estructuras clásicas de convivencia que están dibujando un nuevo paradigma. La situación demográfica que vive el país no sólo invita a tomar medidas para frenar la caída libre de la natalidad (en 2017 se registró la menor tasa de nacimientos desde que hay registro) sino que el nuevo paradigma está dando lugar a cambios en la estructura social por antonomasia: la familia nuclear como se conocía hasta ahora está en retroceso. En su lugar, aparecen nuevas formas de convivencia que se traducen en esa cifra, el porcentaje del 43% de niños que el año pasado nacieron fuera del matrimonio tradicional en Cantabria, según el Instituto Cántabro de Estadística (Icane).

¿Se puede hablar de cambio o sólo es una tendencia? Pongamos como referencia una década. Si se compara con 2007, las cifras muestran que los nacimientos en este tiempo se han reducido un 23,44% (de 5.379 hemos pasado a 4.118), mientras que los nacimientos fuera del matrimonio han aumentado un 18,62%. Esto que podría entenderse equivocadamente como una consecuencia de que nos casamos menos, en realidad responde a muchas más causas que hablan de igualdad de género, y sobre todo un menor peso del contexto familiar y religioso en la toma de decisiones individuales.

«La maternidad ha dejado de ser la esencia en la identidad de las mujeres, y ahora, el hecho de ser madres se entiende como una opción que se decide sin el condicionante de otros, y de acuerdo a nuestras circunstancias y a nuestros deseos, lo que está dando lugar a la diversidad de formas familiares que nos rodean». Marta García Lastra, socióloga y profesora de la Universidad de Cantabria, concreta así este fenómeno: «Hemos pasado de una maternidad obligada a una maternidad consciente», dice, y añade que «la relación entre matrimonio y maternidad hace tiempo que se rompió, una tendencia propia de sociedades secularizadas y tolerantes, y respetuosas con los diferentes tipos de familias».

«El matrimonio clásico ya representa menos del 50% de las formas actuales de convivencia», sostiene el demógrafo Reques

El catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria, el demógrafo Pedro Reques, recurre a un término para definir esta multiplicidad: «Sociedad caleidoscopio», dice, y así, con la fuerza que le otorga la metáfora del objeto, evidencia hasta qué punto se ha atomizado la estructura de la familia para dar lugar a tantas otras formas de convivencia: «En España hay un millón de familias monoparentales, pero también hay 3,4 millones de personas que viven solas (singles); dos millones de 'adultescentes' (jóvenes entre 25 y 34 años que no se independizan y siguen en el domicilio familiar), cinco millones de inmigrantes, una tercera edad cada vez más longeva o cientos de miles de 'mujeres alfa', que son profesionales y madres a la vez».

Problema demográfico

Cada vez hay más formas de convivencia, y sin embargo, el país, y Cantabria también, se asoman al abismo del problema demográfico: en 2017, por cada diez fallecimientos, nacieron siete niños. El año pasado, la región registró su cifra más baja de nacimientos: 4.118 niños, de los cuales 1.771 nacieron fuera del matrimonio. En la actualidad, los enlaces son «más tardíos, más laicos y menos duraderos. Y cada vez son menos aunque hayan aumentado las segundas y hasta las terceras nupcias y exista una evolución hacia otras formas de convivencia».

Hay medio millón de familias monoparentales en España y tres millones que viven solos en casa

La caída de la nupcialidad viene produciéndose desde el año 2005, pero si tomamos de nuevo una década como referencia, los matrimonios se han reducido un 28,5%, ya que de los 2.969 enlaces registrados en 2007, el año pasado fueron 2.121: «Hemos pasado de la familia a las familias», explica Marta García Lastra, esto es, debemos hablar de «reconocimiento y apoyo de otras formas familiares que cada vez más se alejan de lo que hemos conocido como familia tradicional: pareja heterosexual, casada, y con descendencia».

Por ello, dice, «podemos hablar de una postmodenización de las familias, de cambios en su composición, tamaño, estructuras, relaciones, funciones... El matrimonio ha dejado así de ser el paso necesario para constituir una familia en el caso de las parejas que decidan constituirse como tal, siguiendo la tendencia de otras sociedades como las nórdicas, aún todavía con grandes distancias con ellas». Si se tiene en cuenta los datos del Icane, los nacimientos que se registraron en Cantabria fuera del matrimonio han aumentado un 18,62%. ¿Significativo? Sobre todo al enfrentarlo al porcentaje de descenso de los hijos 'tradicionales': un 39,6% menos de los que se registraron en 2007. Es decir, nacen menos niños y, además, nacen de otra manera. «Y eso que nuestra región no está en la punta de lanza de la modernización social», matiza Reques.

Modernidad y bodas

Pero ¿qué hay de moderno en no casarse? «Hay razones ideológicas y religiosas», explica Reques: «Antes uno se casaba sin plena vocación sino más bien por razones sociales y familiares. Ahora somos una sociedad más laica, y el peso de la iglesia y la religión es mucho menor, como también es menor la opinión familiar». En ese sentido, uno de los aspectos que más influye es la equiparación de roles en la pareja. «Detrás de estas cifras está vuestra sana lucha de género», explica Reques.

«Las relaciones hasta ahora eran muy asimétricas, pero ahora se busca la igualdad en cuanto a responsabilidad y compromiso con la crianza. El modelo tradicional de familia era fruto de una relación asimétrica entre hombres y mujeres, y la equiparación de roles ha puesto fin a esto. Y en este momento los papeles se han intercambiado, y ahora en términos médicos e ideológicos hay muchas formas de familia posibles».

En esa independencia, no sólo está el nuevo contexto en el que eligen cómo y cuándo («el control de la fecundidad, y la importancia de diferenciar sexo y reproducción», como apunta el demógrafo de la UC), sino también, el cómo. Lo explica la socióloga García Lastra: «Hay un porcentaje cada vez mayor de mujeres que decide ser madre sin ningún tipo de unión, contribuyendo a ello la evolución de las técnicas de reproducción asistida», dice: «La mayoría de mujeres que son madres sin una pareja al lado tiene más de 30 años y en muchos casos han elegido esta opción tras una decisión muy pensada, no son madres solteras adolescentes».

«Hace tiempo que se rompió, es una tendencia de sociedades tolerantes y secularizadas», dice la socióloga García Lastra

Con esta perspectiva, cabe preguntarse qué está empujando a la sociedad a tomar estas decisiones, a retardar la maternidad, a disminuir el número de hijos o incluso no tenerlos, como evidencia que España haya registrado el pasado año la tasa más baja de nacimientos desde que existe registro: «No se puede disociar la natalidad del problema del empleo, del problema de la vivienda, la economía personal, la perspectiva de futuro: el problema es que hemos perdido la confianza en el futuro. El futuro hace veinte años era más oscuro, pero más nítido. Hoy no vemos el futuro. Nos falta fe». Y añade: «Las mujeres pueden elegir, pero una cosa es lo que quieren y otra lo que hacen: tienen menos hijos de los que querrían». ¿Por qué? La clave está en preguntarse cuánto PIB se destina a políticas familiares, dice Reques, «estamos en lo más bajo junto con Grecia y Portugal». Pero eso requiere empezar otra historia, la que entra en la cifra del 1,2 hijos que tiene cada mujer, cuando la estadística dice que tendrían 2,2.