«Es necesario un servicio público postadopción potente para las familias»

«Es necesario un servicio público postadopción potente para las familias»
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El psicólogo experto en adopciones Carlos Fonfría orienta y ayuda tanto a padres como a los adolescentes que se enfrentan a problemas nuevos y que no saben cómo resolver

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

El boom de las adopciones internacionales en España se dio en los años 2004-2005. Ahora, aquellos bebés entran en la adolescencia y comienzan a surgir múltiples problemas que a muchas familias les cuesta solucionar. Ante el aluvión de visitas que recibía en Bilbao la consulta de Adoptia –empresa especializada en la atención de familias y niños adoptados–, el pasado mes de febrero se abrió en Santander una sucursal de la mano del psicólogo Carlos Fonfría (Santoña, 1979). Las dudas de los padres, los temores e inseguridades de los niños hacen vital el apoyo en profesionales. Pero Fonfría también es consciente de que no todas las familias se pueden permitir un apoyo psicológico privado. Por ello cree necesario un servicio de postadopción «potente» por parte de las instituciones públicas.

–¿Cuáles son las principales situaciones a las que se deben enfrentar las familias que adoptan?

–Enfrentarse a niños que han estado viviendo en instituciones, lo que crea en ellos una serie de problemáticas que se hacen patentes cuando llegan a su nuevo hogar. No han tenido una asistencia exclusiva; pero además la recibida, en muchos casos, no es la adecuada. No tienen propiedades privadas, todo se comparte y llegan con falta de afectividad, sin haber recibido un abrazo y sin esa relación especial con los padres que ayuda a gestionar las emociones y solucionar conflictos.

–Además del curso oficial que reciben los padres antes de ir a recoger a sus hijos a su país de procedencia, ¿por qué es importante consultar con un profesional?

–Cada caso es diferente. Lo bueno de Adoptia es que tenemos experiencia con todo tipo de situaciones, de diferentes países. Podemos orientar sobre lo que se pueden encontrar, dependiendo de la edad del niño, de la procedencia, de sus antecedentes. La orientación que reciben desde las instituciones de su comunidad se queda corta ya que aportan una información muy general.

Encuentro sobre cine y adopciones

Con el objetivo de favorecer el diálogo en las familias adoptivas y hablar sobre los aspectos emocionales, la Asociación de Familias Adoptivas de Cantabria (Afamundi) ha organizado el ciclo 'Encuentros sobre cine y adopción' en Santander, que tendrá lugar los días 11, 18 y 25 en Casyc (calle Tantín, en Santander). Carlos Fonfría será el moderador tras la emisión de la película 'Lion', que se emitirá el martes, día 11. El día 18 será el turno de 'Tarzán' (Disney), presentada por la educadora social Yolanda Gourgel. El martes 25 será emitida 'Color de piel: miel', en la que intervendrá la psicóloga Beatriz González.

–Muchos niños adoptados han pasado por experiencias traumáticas. ¿Cómo deben afrontarlo las familias adoptivas?

–Lo principal, además de colaborar con profesionales especializados, es tener mucha empatía con el pequeño. Saber muy bien su pasado y en qué condiciones ha vivido. Y ofrecerle una vida estructurada, con rutinas, vida social, afectividad. Y a la vez no ser muy rígido con las normas. Los límites deben de ser firmes, pero con cierta flexibilidad. Si el niño tiene pesadillas horribles por la noche, dejarle la puerta abierta y la luz del pasillo encendida. No pasa nada. También hablar mucho con ellos para dejar todas las normas claras.

–Los niños son conscientes de que, si son adoptados, en muchos casos, es debido a un abandono previo. ¿Cómo no llegar a la desesperanza?

–Los niños han sufrido un abandono en toda regla. Al llegar a sus nuevos hogares, al no conocer bien todavía a la familia, su mayor preocupación es: 'si me han abandonado una vez, ¿por qué no lo van a hacer una segunda?' Ellos actúan en consecuencia, a través de miedos, portándose mal, con estallidos de ira, queriendo escapar. Lo que hacen es probar el apego de sus padres. Quieren que les muestren que no les van a abandonar de nuevo. Ante estas situaciones, lo que deben de hacer los padres es darles baños de realidad. Dejarles claro que la adopción es un derecho que tienen. Nadie les está haciendo un favor. Los padres, una vez que tienen la patria potestad, son como el resto, con sus deberes y derechos ante la ley.

–Tras la adopción de la niña india de doce años, cuyos padres renunciaron a ella al saber su edad real, salen a la luz casos de familias que no saben cómo manejar a sus hijos adoptivos adolescentes. ¿Qué pautas se les da para ayudarles?

–Los casos más numerosos que recibimos en Adoptia son por este motivo. No quiero generalizar, pero la mayoría tienen un puntito mayor de conflictividad que el resto de chicos adolescentes que viven con sus padres biológicos. Lo que mejor les viene a los padres son los talleres que organizamos con otros progenitores, en los que pueden consultar con otras parejas que ya han pasado por su situación y que les pueden entender, escuchar y dar buenos consejos. Es importante que tengan un lugar donde poder volcar sus emociones y sentirse comprendidos para poder afrontar la problemática de su hijo.

–¿Por qué no hay un mayor seguimiento postadopción por parte de las instituciones para facilitar esa integración?

–Yo echo de menos un servicio de postadopción potente público para las familias con el que las instituciones privadas pudiéramos colaborar. Hay mucha gente que no se puede permitir una atención privada y, sin embargo, la necesitan urgentemente.

–¿El sistema educativo contempla la inmadurez de niños adoptados que han carecido de la estimulación temprana?

–Se lavan un poco las manos. Nosotros trabajamos con unos 50 niños del mismo perfil. Tienen muy poca capacidad de organización, mucha impulsividad, mala toma de decisiones, les cuesta comprometerse, son despistados. Todo ello hace que sean incapaces de llevar el ritmo de los compañeros y son apartados, normalmente. Esto provoca un sufrimiento emocional y que les baje la autoestima. A muchos les da por ser payasetes y otros abandonan. Nosotros les ayudamos a sacar sus potencialidades, algo que debería de hacer el colegio, pero pocos son los casos en los que tienen la capacidad organizativa y económica para hacerlo como se debe.

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