'Las Atalayas' de Castro estrenan nuevo curso

Un grupo de socias se relaja en el curso de yoga. /Samira Hidalgo
Un grupo de socias se relaja en el curso de yoga. / Samira Hidalgo

Las integrantes de la asociación de mujeres iniciaron la pasada semana su programa de actividades que incluye distintos talleres y excursiones

Samira Hidalgo
SAMIRA HIDALGOCastro Urdiales

A punto de cumplir 30 años, la Asociación de Mujeres Atalaya sigue, al igual que en sus inicios, comprometida con las mujeres castreñas. Y es que, Atalaya nació con el objetivo de que la mujer tuviese su propio espacio social, algo que este colectivo sigue consiguiendo en la actualidad gracias a los diferentes talleres y excursiones que llevan a cabo a lo largo del año y que vienen disfrutando desde sus comienzos unas 4.000 socias, estando activas en la actualidad unas 700 mujeres. Esta semana daba comienzo el nuevo curso para las integrantes de la asociación, con la puesta en marcha de los talleres en los locales de la Atalaya, ubicados en el 'Edificio Salmón' -tal y como se le conoce en la ciudad castreña-. En esta primera semana de octubre, había quienes estaban realizando sus matrículas para participar en los talleres, aunque las inscripciones suelen formalizarse en septiembre, ya que hay actividades que se quedan sin plazas. De todos modos, el taller que disponga de plazas libres, admite alumnos nuevos a lo largo de todo el año y los interesados también pueden apuntarse a la lista de espera.

La presidenta de la asociación, Begoña Baranda, explicó que «antes la mujer no trabajaba fuera de casa, por eso era necesario que tuviera un poco de espacio, que saliese y que conociese gente para relacionarse y hacer otras cosas que no fueran solo las tareas domésticas». «Empezamos con pocos talleres y hemos ido incluyendo más, hasta llegar al momento en el que estamos», señaló la presidenta. Ahora, las socias pueden elegir entre una amplia oferta de talleres compuesta por: arte con flores prensadas, artesanía, tres niveles de bailes caribeños, canastilla, corte y confección, coro de canción moderna, creativa, danza del vientre, dibujo y pintura, esmalte artístico al fuego, francés, ganchillo, gimnasia, dos niveles de guitarra, informática con Excel, Word e Internet, informática con Fotos digital, PhotoShop y PowerPoint, tres niveles de inglés, patchwork, pilates, scrap, sevillanas, tai-chi, yoga kundalini, yoga Hathayoga, zumba y senderismo. «Se tocan todos los campos y lo que más suele gustar son los diferentes tipos de baile que ofrecemos, la gimnasia, pilates o el coro», reconoció Baranda. Como novedad, cabe destacar que el taller de Francés es la primera vez que se imparte, dado que anteriormente no salió el grupo por falta de inscritos.

Las socias de La Atalaya han iniciado en los últimos días el nuevo curso.
Las socias de La Atalaya han iniciado en los últimos días el nuevo curso. / Samira Hidalgo

Para disfrutar de estos talleres, las mujeres deben hacerse socias, mediante una cuota anual de 25 euros al año y pagar 10 euros mensuales por cada taller. «Hay talleres que solo son una hora a la semana, otros son tres, pero todos tienen el mismo precio, porque no hacemos distinción», comentó la presidenta, quien explicó que «estos precios tan bajos sirven para que todas las mujeres tengan oportunidad de hacer actividades a un precio económico»

La asociación cuenta con cerca de 4.000 socias y está a punto de cumplir treinta años

Una intensa jornada

Desde primera hora de la mañana, el local de la asociación se llena de mujeres. Unas se encuentran en el interior, atendiendo las explicaciones de la monitora del taller correspondiente y otras esperan fuera a que les toque su turno. Con la amplia variedad que ofrece Atalaya, diferentes talleres tienen lugar de manera simultánea.

Las alumnas del curso de esmalte a fuego sobre metal trabajan en una gran mesa diseñando sus creaciones. Una de las nueve alumnas metía en el horno su metal ayudada por la monitora, Paula Pérez, quien explicó que es polvo de cristal que se mete al horno a 900 grados: «Se funde, se cristaliza y se queda adherido al metal. Se trabaja por capas y puedes hacer lo que quieras, no tienes límites, desde unos pendientes hasta un cuadro o un mural». Además, Pérez puntualizó que cada pieza es única y que se hace de una a una, porque la cocción es por minuto. En este taller, las mujeres aprenden a controlan un material que no conocen y se lo pasan «muy bien».

El curso de Arte con flores lleva en marcha ocho años.
El curso de Arte con flores lleva en marcha ocho años. / Samira Hidalgo

Las socias pueden elegir entre una amplia oferta de talleres que tienen un coste de diez euros al mes

Al otro lado de la puerta otro grupo de mujeres se concentra en sus labores. Las participantes del taller de arte con flores prensadas cogen cuidadosamente los pétalos secos y los colocan sobre unas láminas. María Jesús Cano, su monitora, está acompañada por ocho alumnas desde hace diez años. «Más que amigas, somos familia. Cuando vienes aquí te olvidas de que tienes una hipoteca, porque solo piensas en lo que estás haciendo. Disfrutamos mucho porque salimos a coger las flores, las secamos y las prensamos nosotras», declaró Cano. Con respecto al material, hay que destacar que es «muy barato, ya que se coge todo de la naturaleza». La monitora explicó que los pétalos se recortan y se van poniendo sobre la lámina como si fueran pinceladas, buscando las sombras y las tonalidades, haciendo que la lámina parezca pintada. «Es una cosa muy bonita», concluyó.

Una alumna utiliza el horno en esmalte a fuego.
Una alumna utiliza el horno en esmalte a fuego. / Samira Hidalgo

«Más que amigas, somos familia», señala la monitora de arte con flores prensadas

Al finalizar esta clase se queda vacía solo un momento, porque inmediatamente se llena por las alumnas de yoga. Natalia Bahón, monitora desde hace ocho años de este taller, explicó que las participantes «se relajan, sueltan el estrés y en su día a día aprenden a manejarlo y funcionan de otra manera, viviendo mejor las situaciones difíciles», añadiendo que al finalizar, «su cuerpo ha cambiado, está más distendido y tonificado». Muchas de las alumnas repiten año tras año su asistencia a estos talleres que dan vida a la asociación en un curso que acaba de empezar y que se vuelca en todas las mujeres castreñas.

 

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