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César Alonso en sus colmenas situadas en Cudón, muy cerca del mar / Luis Palomeque

"La avispa asiática se le está yendo de las manos a la Administración"

  • El presidente de los apicultores cántabros, César Alonso, teme que su forma de vida haya entrado en un camino «incierto y peligroso»

César Alonso preside desde hace 20 años un grupo de apicultores cántabros, concretamente 380 de los alrededor de 800 productores que hay en Cantabria. Es la Asociación Montañesa de Apicultores. Hace 22 años comenzó a obtener miel «porque me gustaba» y hoy recoge mil kilos al año, «que no es mucho». Cree que la avispa asiática está a punto de acabar con su sector, que el Gobierno no está luchando correctamente contra ella y que, en consecuencia, se está poniendo en jaque un ‘medicamento’ –la miel– capaz de curar tanto como endulzar de la forma más natural los paladares.

Cada día la buena miel es un producto buscado por una legión de, casi, adictos. Más consumidores y más productores.

–Es que a raíz de los problemas económicos y de empleo que hemos sufrido, el número de apicultores ha aumentado como refuerzo o base de las economías familiares en el mundo rural.

–¿Qué media producen?

–Unos mil kilos de miel de media, lo que ayuda a salir adelante a muchas familias, aunque hay otros apicultores que han hecho de esta actividad su vida profesional y multiplican exponencialmente esta cantidad.

–¿También habrá influido descubrir sus propiedades para la salud más allá de las alimenticias?

–Indudablemente. Hace tiempo no conocíamos los beneficios para la salud –y curativos– de la miel. En Francia lo descubrieron hace mucho. Yo mismo la utilizo, por ejemplo, para curar las quemaduras, las heridas que se infectan... Es un producto que nos aporta la naturaleza, bueno, y además, antiséptico y antibiótico. La verdad que parece que soy un vendedor de salud, pero es que es así. Todo ello, sin olvidar las proteínas que contiene el polen.

–¿Qué rentabilidad les aporta?

–La rentabilidad la mide cada uno. Todos empezamos teniendo un par de colmenas para conseguir miel para casa, pero al final es un mundo que te lleva y te plantas en 30 ó 40 colmenas, aunque hay apicultores en Cantabria que pasan de las mil. Yo tengo 30 y el año pasado saqué mil kilos de miel; este año no será así por la sequía del verano y el ataque de la avispa asiática. Para vivir de ello, hay que tener de 150 para arriba.

–¿Les está haciendo tanto daño la avispa asiática?

–Tremendo. Este año, en mi colmenar, en Cudón, la detecté en agosto. Cuando invaden, las abejas no salen de la colmena. No trabajan. No meten comida. La población disminuye. Supongo que este año recolectemos entre un 60% y un 70% menos.

–¿Y para acabar con ella?

–¿Acabar?, imposible. La Vespa Velutina acabará con nosotros, nos lleva a un camino incierto y peligroso.

–¿Falta de voluntad, de medios o ausencia de ideas?

–No se están haciendo las cosas bien. En febrero estuvimos en Bruselas, apicultores de todo el Norte de España con otros productores franceses. Contactamos con un experto galo que sí está atacándola con efectividad. Sus métodos los expusimos aquí, en la Consejería en Cantabria, y les pareció muy bien, pero se hizo al final lo contrario de lo que este experto propone.

–¿Cuál es esa técnica?

–Coger todas las reinas que se puedan; invernan juntas. El año pasado él cogió 24.000. Aquí no se hizo así porque los técnicos dijeron que no era efectivo y se apoyaron en informes de hace cuatro años pero en esto, lo que ayer era cierto, hoy es mentira, porque no sabemos cómo luchar contra esta plaga. Hay que quitar la reinas, sí o sí. Se equivocaron al no hacerlo de esta manera.

–¿Por qué?

–Porque los políticos tienen que hacer caso a sus funcionarios y toman decisiones con un asesoramiento, a veces, de quienes solo han visto abejas y avispas asiáticas en foto y desde la oficina. Nosotros estamos en el campo y no tenemos que mirarlas las patas para ver si son amarillas, para saber que es una avispa asiática. Solo por el zumbido ya sabemos que la tenemos encima.

–¿Y ahora?

–Pues ahora se han dado cuenta de que se equivocaron y muestra de ello es que aparecen hasta en el aeropuerto o en cualquier casa del centro de Santander. No nos hicieron caso y el asunto se les está yendo de las manos. Todos los días nos llaman para decirnos que hay nidos con miles de avispas sin quitar porque no dan a basto. Cada día la invasión es más fuerte. Por eso hay que volver a sentarse con la administración y que reconsidere sus métodos.

–¿Y sus otros enemigos?

–Que están entrando mieles en Europa y España bajo el epígrafe de ‘mieles de muchos países’ pero nadie dice al consumidor de dónde viene. Tendría que ser obligatorio poner en las etiquetas el origen de la miel. No todos los países tienen los mismos controles medioambientales, sin ir más lejos, China no ofrece las mejores garantías en contaminación.

–¿Y los domésticos?

–Las mieles que nunca endurecen y que siempre están líquidas. Las mieles naturales son espesas o duras porque cristalizan. No hay que fiarse de esas del escaparate que nos aseguran que jamás cuajan, que siempre están líquidas. Las pasteurizan calentándolas a 80º matando de paso todas sus propiedades. Al final, lo que venden es un jarabe dulce, no la miel de abeja auténtica.

–¿Cómo podemos saber que la miel es artesana, natural y de Cantabria?

–Vamos avanzando. Ya hemos conseguido la denominación de origen Miel de Liébana y estamos a punto de lograr la de Campoo. Poner etiquetas es complicado porque requiere inversiones que con mil kilos de miel al año comprenderá que no se pueden hacer. Lo mejor es fiarse de quien te vende miel en Cantabria, en nuestra tierra porque, seguro, que siempre será buena. Habría que buscar una solución intermedia para los productores de mieles artesanas.

–¿Hay que temer la manipulación?

–Un apicultor artesano jamás manipulará la miel. No le interesa. Insisto: hay que fiarse siempre de quien la vende. Además, no es fácil manipular la miel fuera de las grandes industrias multinacionales.

–Pero eso de que se quede cristalizada no es muy cómodo.

–El 80% de la miel es azúcar, y cristaliza, por eso se endurece. Lo que hay que hacer es calentarlo, nunca a más de 35º, y jamás en microondas porque matamos las propiedades. Al baño María. Y cuando metamos el dedo y nos queme el agua, se apaga y ya está. La vuelves a calentar de esta manera y siempre conserva intactas sus propiedades. Un buen consejo, en invierno, es dejar el bote encima del radiador de la calefacción.

–No quiero echarle las cuentas pero, ¿cuánto vale un kilo?

–Entre ocho y diez euros.

–¿La mejor?

–La que a ti te guste. Para mí, la de brezo de Cantabria es la pata negra de la miel.

–Habrá que comprobarlo.

–Pues ya sabe, los días 22 y 23 de octubre nos tiene a todos en el Ferial de Torrelavega.