La huída de colombia que acabó en un colegio de cantabria

Vuelta al Cole 2017

El Diario acompaña en su primer día de clase a Jorge, un niño del Valle del Cauca, que comienza 4º de Primaria en el colegio Mayer de Torrelavega

Jorge abraza a Álvaro, su tutor del curso anterior / DM
Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Jorge quería conocer la nieve. Por eso vino a vivir a España con sus padres. Este sería el comienzo de una historia convertida en fábula, que es como se le cuenta la realidad a los niños. Porque Jorge no se llama Jorge y la suya es la complicada aventura de tantas familias obligadas a dejar sus países de origen.

A sus 9 años, hoy empieza el curso, como miles de niños en Cantabria. Volverá al colegio Mayer de Torrelavega. Allí asistió a clase durante unos meses antes del verano. Y terminó llorando abrazado a Álvaro, su tutor, porque no quería marcharse. Se sentía feliz en su clase, con sus amigos, a los que por fin volverá a ver este jueves. Y para Jorge sentirse feliz es mucho.

En su colegio anterior, cuando llegó a la comunidad, las cosas no fueron tan bien. Le llamaban «negro». Estaba excluido. Y aunque, en realidad, la piel de Jorge tiene un precioso color chocolate y los profesores les «colaboraron» con todo, como explica su madre, la situación no se encauzaba. Entonces se cruzó en su camino Cruz Roja de Torrelavega y todo cambió. «Nos abrieron las puertas a una vida nueva», dicen agradecidos. Esa vida nueva incluyó un cambio de ciudad, trasladarse al Centro de Inmigrantes, comenzar en un nuevo colegio y contar con las ayudas necesarias para esa integración global.

Colegio Mayer

Cuando habla de la directora del colegio Mayer, Teresa López, Elena se refiere a ella como «rectora». Todo son palabras de agradecimiento, del de verdad, no el de cumplir el trámite, para referirse a los profesores. «Nos sentimos en familia y yo quiero estar donde mi hijo se sienta bien». Esa atención personalizada ha servido para que Jorge viva lo que es quedarse en el comedor o llevar el uniforme rojo y gris del cole. «Aquí todos los niños van igual», celebran sus padres, porque integrar también pasa por evitar las diferencias materiales. El colegio enseña lo mismo a preparar una quesada que celebra el Día de la Paz creando una paloma en la que se representan las banderas de todos los alumnos del centro. Es parte de su línea de trabajo: favorecer la cooperación y respetar las diferencias.

El primer día de clase

Este primer día de colegio incluye un ritual especial: los profesores bajan a la calle para dar la bienvenida a los niños y a sus padres. Hay emoción en el ambiente. La que produce volver a ver a personas que se aprecia. «Venimos con muchas ganas de enseñaros y, sobre todo, de quereros» dice la directora. Los más pequeños se abrazan a los tutores. Triunfa Spiderman en mochilas, cuadernos y camisetas y apenas hay un llanto aislado de un pequeño que comienza en Infantil. En total son 150 alumnos. Cuando preguntamos cuántos se incorporan nuevos, no hay números; hay nombres y apellidos.

Vuelta al cole

Entre los códigos aprendidos como en una hermandad, de pronto los profesores levantan la mano derecha y con la izquierda se tapan la boca. Todos los niños entienden que toca guardar silencio. Es el momento de entrar en clase. De mayor a menor curso, pasan en fila y se reparten por las aulas. En la clase de Jorge hoy pueden sentarse donde quieren. Mañana, ya veremos. Unos a otros se van contando lo que hicieron durante las vacaciones, rompen el hielo y se aclimatan de nuevo al espacio que compartirán durante los próximos meses.

A Jorge le gustan las matemáticas y se le da bien dibujar. El inglés no tanto, porque en Colombia, de donde viene, no es obligatorio y apenas se estudia. «Es difícil», dice con su 's' silbante. Allá dejó a parte de su familia y un colegio donde sufrió acoso escolar por parte de sus compañeros y también de un profesor que utilizaba métodos educativos un tanto violentos. «En nuestro país tienes que pagar si quieres una buena educación», explica su madre, que en esta historia se llamará Elena. El ritmo de aprendizaje en España es «más exigente» y creen que todo va más rápido; lo que a Jorge le enseñaban el año pasado, en tercero de Primaria, a ellos se lo inculcaron mucho más mayores. A veces, al llegar a casa y ponerse con los deberes, padres e hijo chocan por el método de unos y otro.

Colegio Mayer

El colegio Mayer se caracteriza por ser un crisol de nacionalidades. Hay multitud de acentos en cada aula. Se dan clases de español para facilitar el manejo de algo tan básico como el lenguaje, aunque la comunicación se da «de forma natural», explica la directora.«Se habla distinto», dice Jorge. «¡Y no creen en Dios!», exclama. No hay clase de Religión obligatoria porque religiones hay muchas en el centro, pero sí de valores, que se suman a los que sus padres le transmiten. Él va a catequesis y hará la primera comunión.

Para ponerse al nivel de sus compañeros y suplir las carencias derivadas de tantos cambios: de centro, de país, de cultura, Jorge acude con otros amigos a las clases de refuerzo de la Asamblea Local de Cruz Roja. Ha probado los sobaos, tiene pendiente los espaguetis con albóndigas -aunque le cuesta pronunciarlo- y le vuelven loco la paella y el pulpo. «Aún desayuna a lo colombiano», bromea su madre, y entre los tres recuerdan platillos como el sancocho, típico de su tierra; un caldo con todo tipo de aderezos, algunos tan fuertes que «hasta te quedas pálido».

Colegio Mayer

Jorge, Elena y Manuel están en la segunda fase del proceso de acogida. Vivirán durante seis meses en un piso tutelado por Cruz Roja mientras encuentran empleo. Su objetivo, como el de tantos padres, está centrado en su hijo: «Queremos que él tenga estabilidad», dicen. Una meta que parecía difícil en el Valle del Cauca, del que huyeron cuando la desmilitarización, los chantajes y una peligrosa situación personal les obligaron a salir de su país. «En Colombia la ley no existe», sentencia ella con dureza.

Tímido y callado, el niño mira a sus padres antes de hablar y su sonrisa ilumina la sala cuando dice que de mayor quiere ser futbolista. ¿De qué equipo?, preguntamos, y enseña con orgullo sus gafas de sol con el escudo del F.C. Barcelona, pero, aclara: «También me gusta la Gimnástica». Jorge empieza hoy un nuevo curso. El principio de su nueva vida.

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