Vecinos del Ensanche denuncian que sus calles son «vertederos inmundos»

Vecinos del Ensanche denuncian que sus calles son «vertederos inmundos»

Las asociaciones Pombo-Cañadío-Ensanche, Río de la Pila y Cueto acusan al Ayuntamiento de «promover» que estas zonas se conviertan en un «cotillón al aire libre»

C. DE LA P.

Hartos de suciedad, hartos de ruidos, hartos de botellón. Los vecinos de las asociaciones de Pombo-Cañadio-Ensanche, Río de la Pila y Cueto están cansados de que sus calles se conviertan en «vertederos inmundos» cada Semana Grande, Nochebuena y Nochevieja, cada víspera de una día festivo o el día después de cualquier fiesta, y apuntan directamente al corazón del equipo de Gobierno municipal, al que acusan de «no impedirlo» e, incluso, «de promoverlo en ocasiones».

Las quejas de estos colectivos en este sentido son reiteradas. El pasado mes de octubre las tres asociaciones presentaron en el Ateneo de Santander un informe, titulado «Por una ciudad más humana. Pensando en los habitantes del Siglo XXI», que ilustraba sobre la suciedad en las calles, la ocupación del espacio común por parte de los negocios hosteleros (con terrazas «desproporcionadas»), el ruido nocturno y diurno, la escasez de zonas verdes en la ciudad, el papel secundario de los árboles y del mobiliario público, el modelo de carril-bici, la «proliferación» de palomas y gaviotas, la «sacralización» del centro como lugar turístico y alejado del interés vecinal, o la escasez de efectivos de la policía de barrio. Y concluía que «la mayoría de los problemas se debe a la falta total de control policial».

Ahora, con el arranque el Año Nuevo y la resaca de las fiestas han vuelto a la carga e insisten en que «nuestras calles son un cotillón al aire libre», al tiempo que denuncian al Ayuntamiento por «inclumplir¡ las normas municipales» y beneficiar a los hosteleros en detrimento de los vecinos.

Incumplir la ley

En un comunicado, se quejan de que «toda obra se organiza para beneficiar o no perjudicar, según el caso, a la hostelería. Todo se termina en verano. En Peña Herbosa se rebajarán las aceras para julio y así montar superterrazas». Los vecinos no están acuerdo. «En invierno sufren las obras y en verano no dormirán. Pero a estos siempre se les da la espalda, salvo para recaudar y pedir el voto». No sin ironía recuerdan a los políticos municipales que «son los garantes del Estado de Derecho y los primeros guardianes y vigilantes de la ley», que «se incumple sistemáticamente», sin que «los gobernantes» hagan nada para evitarlo.

Por eso les advierten que se abstengan de pedir su voto. «Mientras no cumplan y hagan cumplir con su deber, mientras no protejan nuestros derechos deberían pensárselo dos veces antes de venir a pegar un solo cartel de propaganda electoral ni a pedir un solo voto. No necesitamos carteles ni discursos, sino el cumplimiento de su deber según reza la Constitución Española».

Las asociaciones vecinales aseguran que los vecinos «no pagamos impuestos para que nuestras calles sean ceniceros, urinarios, letrinas y vertederos. Deberían eximirnos del pago de tasas y endosárselo a aquellos para quienes el espacio público es basurero y cloaca de uso privado», reclaman.

No sin ironía, subrayan que la zona del Ensache «no es un parque de atracciones», y si se toma como tal y «vienen masas foráneas, que se pague entrada y se cobre una ecotasa por desgaste de suelo y otra por basuras, y se repartan beneficios entre los empadronados. Si el plan es degradar la zona para transformarla en recinto ferial, debería exponerse claramente de una vez por todas a la luz pública», exigen los responsables de las tres asociaciones vecinales, que se preguntan quién se beneficia de esta situación y si estamos «ante una versión moderna del pan y circo».

«No pagamos impuestos para no poder dormir o trabajar, o que niños, ancianos y enfermos se priven del descanso, o nuestras viviendas se deprecien porque hosteleros y concejales lo denominen 'zona de ocio', ni para que se ocupen las calles bebiendo alcohol -cuanto más, mejor-, con decibelios ensordecedores y el suelo por papelera y vomitorio. ¿Para qué sirven las normas municipales sobre cotillones si todas nuestras calles son un cotillón al aire libre?

Clientes fuera del local y organizadores de botellones, en cualquier sitio. Todo se permite», protestan. Recuerdan que estas Navidades «en Peña Herbosa se les dio protección frente a posibles atentados. Pero si un vecino sufre un ataque al corazón o hay un incendio, los servicios de urgencias no pueden pasar. Los residentes apenas pueden acceder a sus portales», denuncian.

En este contexto, los responsables de los colectivos, Ricardo Alea (Pombo-Cañadío), Jesús Garay (Río de la Pila) y María Luisa Toca (Cueto) vinculan la permisibidad municipal con la hostelería al «escaso consumo en época de crisis por el aumento del paro y la bajada de sueldos y de población. Si los clientes no entran, atraigámolos como sea», dicen, pero se cuestionan si la Administración sería tan tolerante con otros colectivos y permitiría a «sastres, zapateros, ebanistas... ocupar la calle con útiles y mostradores».

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