'American Beauty' con tu 'cuñao'

Arturo Valls, en 'Los del túnel'./
Arturo Valls, en 'Los del túnel'.

'Los del túnel' es una inclasificable comedia que empieza justo cuando acaban las películas de catástrofes, con un Arturo Valls sublime en la piel de un mediocre sumido en una crisis existencial

OSKAR BELATEGUI

Para Álex de la Iglesia, 'Los del túnel' es una película "gloriosa". Según Borja Cobeaga, hay que verla por dos motivos: "Es una comedia que no se parece a ninguna otra española y tiene un chiste recurrente con los Pecos brutal". La presencia de Arturo Valls al frente del reparto (y estrenándose como productor) es un arma de doble filo. El actor y presentador borda su personaje. Incluso algún crítico lo ha comparado con el mismísimo Vittorio Gassman. Pero le asociamos tanto a concursos televisivos y a comedias como Rey Gitano' y 'Villaviciosa de al lado' que puede llevarnos a pensar que 'Los del túnel' es una farsa chusca más. Y en absoluto.

El póster advierte de que estamos ante una película "de los guionistas de 'Camera Café'", una buena pista para ir prevenidos sobre el humor esquinado de una cinta de catástrofes... que empieza precisamente cuando la catástrofe ha terminado. Cuántas veces hemos visto la cámara alejándose en una grúa del escenario del caos... Es un plano que se reproduce al inicio del filme de Pepón Montero. Un grupo de conductores ha sobrevivido al derrumbe de un túnel, que se ha cobrado una sola víctima. Como estamos en España, en vez de acudir a terapia hacen un grupo de WhatsApp y quedan para cenar todos los viernes.

Todos son tópicos con patas. El policía heróico que les mantuvo unidos durante su encierro (ojo a Raúl Cimas haciendo de Raúl Cimas), el matrimonio de ricos que se replantea de nuevo la vida, el macarra que acabará enamorándose de la pija, el emigrante sudamericano preocupado por su trabajo... Y el protagonista de la trama coral, Toni, el más idiota del grupo, al que Arturo Valls dota de esa habilidad suya para encarnar al que más alto habla en la barra del bar, al chulito que fanfarronea sobre sus ligues, al pesado de la oficina, al gorrón de todas las cenas...

El grueso del metraje de 'Los del túnel' desgrana la crisis existencial de este pobre diablo, que tuvo su minuto de gloria tras la catástrofe y que ahora brega con una existencia anodina. Vive en un adosado pegado a la casa de sus padres junto a una mujer a la que ya ni ama ni desea y una hija que no le hace ni caso. Se sabe mediocre. Las canciones de los Pecos de las que habla Cobeaga sirven a la perfección para describir el patetismo de su situación: suenan cada vez que monta en coche (no puede quitar la casete) y resultan al mismo tiempo tristes y kitsch.

Raúl Cimas, un policía en 'Los del túnel'.
Raúl Cimas, un policía en 'Los del túnel'.

En resumen, 'Los del túnel' podría definirse como 'American Beauty' pero protagonizada por tu 'cuñao'. "Hay una definición por ahí que dice: 'El mundo es maravilloso, salvo por algún pequeño detalle'. Notar esos detalles es la comedia", sostiene Pepón Montero, director y autor del guion junto a Juan Maidagán. "Esta película lleva el concepto al extremo y se pregunta qué ocurre cuando termina una película épica. ¿Cuánto dura la épica? ¿Cuánto tardan los personajes en convertirse en cotidianos? ¿Qué hay detrás de un héroe? Todo eso nos parece material de comedia. El otro tema de la película tiene algo que ver con una frase de Woody Allen: 'La vida no imita al arte, sino a la mala televisión'".

Berlanga y Monicelli, Woody Allen y Larry David. Son referencias confesadas de los autores de una película que no resulta fácil de vender y cuyo humor apasionará a unos y dejará a otros con cara de idiota. Muchos de los gags de 'Los del túnel' se ventilan rápidamente, casi como si lo fácil hubiera sido seguir desarrollándolos. No hay chistes fáciles ni comedia física. Todo se mueve en un registro cotidiano, trivial, y de ahí precisamente surge la comicidad de este inclasificable y original artefacto, que tira con bala a esta España nuestra de la cañita y el jijí jajá, de la chapuza y el dejarlo para mañana. Del 'selfie' con sonrisa a todas horas.

"Últimamente, parece que es obligatorio ser feliz. Y esa es mucha presión", apunta Pepón Montero. "Además, se trata de un concepto de felicidad elaborado por manuales de autoayuda y series de televisión. Han puesto el listón tan alto que es imposible alcanzarlo. ¿Qué pasaría si alguien lo intentara? Lo más probable es que se convirtiera en un desgraciado".