«Cada queda más claro que no existe un gen que determine un tipo de cáncer»

Fernando Salmón, la pasada semana, minutos antes de su intervención./
Fernando Salmón, la pasada semana, minutos antes de su intervención.

Fernando Salmón | Médico y catedrático de Historia de la Ciencia

JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Su punto de vista camina hacia el desencanto: «Llevamos 50 años investigando el ADN pero no somos capaces de trasladar todo ese conocimiento a la aplicación clínica», advierte Fernando Salmón, médico y catedrático de Historia de la Ciencia de la UC. Su análisis 'El estudio del genoma Humano: historias de temor y esperanza', abrió la pasada semana el ciclo divulgativo 'Biotecnología para todo/s' con un discurso que rebaja las expectativas de mejorar la medicina del futuro con lo aprendido del genoma humano, y que de hecho advierte de los usos perniciosos de esta ciencia.

O sea, que no conviene hacerse ilusiones.

Desde el año 1953 en que se publicó el descubrimiento de la doble hélice de ADN, la biología molecular se ha desarrollado hasta la secuenciación completa del genoma humano en 2003. Pero fijémonos, tantos años de información, tanto estudio, y aún no se ha trasladado de forma sólida a la práctica clínica.

¿A qué se debe?

Pues a que a medida que se avanza en estos descubrimientos más consciente es la ciencia de que las asociaciones entre genotipo y fenotipo no son tan claras como se pensaba. Digamos que no es tan fácil como que un gen determine un cáncer, por ejemplo. No existe un gen, como se especula a veces, que pueda determinar la personalidad de un individuo.

Con lógica influyen las condiciones del medio, la educación, los hábitos...

Es un cúmulo de cosas, mucho más complejo. Solo existe una relación así de clara con algunas enfermedades raras. Ahí sí es más sencillo identificar el gen que está detrás de la disfunción.

¿Por qué se ha vendido el otro enunciado entonces?

Porque es muy fácil de explicar para la gente. Porque en el lenguaje político queda muy bien y por eso mismo los propios científicos a veces han caído en ese error. Nos damos cuenta de que titulares como ese sirven también para atraer financiación, que falta hace.

Habla de bioética. ¿Nos adentramos ahí en el complejo tema de la clonación, supongo?

Imaginemos ese mundo en el que la ciencia pudiera modificar comportamientos mediante la manipulación genética. Cambiar la mente del violador, o del asesino. Crear una sociedad perfecta donde no existiera el mal. Ahora mismo no es posible, pero hay alertas que recuerdan a esa obsesión que hubo un tiempo con la eugenesia.

La isla del Doctor Moreau...

No hace falta, lo tenemos más cerca, en el nazismo. Se esterilizaba a los 'imperfectos' para que no dejaran descendencia y así crear la sociedad 'idílica'.

¿El peligro ético de todo esto sería que solo los poderosos tendrían acceso a una medicina tan avanzada?

No es tanto eso, porque en cierto modo ya existe. Los recursos para tratar a un enfermo del tercer mundo no tienen nada que ver con los que dispone uno europeo, por ejemplo. El problema es hasta qué punto un test genético puede condicionar nuestras vidas. Podría cerrarnos las puertas de un trabajo por considerar que no somos genéticamente válidos o por lo que fuera. Eso sería una discriminación tremenda, y además ya digo, a día de hoy, infundada, porque no se puede demostrar que exista una traducción tan fina entre ADN y lo demás.

Pero es indudable que ese conocimiento se perfeccionará, tarde o temprano.

O no. A lo largo de la historia de la ciencia ha habido muchos sistemas que han causado pasión durante cientos de años y luego han caído en el descrédito. Cuando en el siglo XVIII se sustituye en medicina el sistema galenista por la iatroquímica y la iatromecánica, ocurrió exactamente esto. No pondría la mano en el fuego porque la revolución del ADN vaya a servir de guía para la medicina del futuro.

 

Fotos

Vídeos