El Día del Libro reivindica la literatura para educar

Los alumnos aprovecharon el buen tiempo para acercarse a los stands del día del libro en la plaza del Interfacultativo.  /
Los alumnos aprovecharon el buen tiempo para acercarse a los stands del día del libro en la plaza del Interfacultativo.

El cuarto centenario de la muerte de Cervantes sirve para que el campus saque los libros a la calle

JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Como en tantos años anteriores, e Día del Libro sacó la pasada semana la biblioteca a la calle del campus de Las Llamas y animó la jornada con lecturas públicas y conferencias. Pero de fondo la edición de este año tenía más sentido aún: por un lado la celebración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes copó la orientación de las actividades, con homenajes especiales en las redes sociales, con el rescate de las ediciones que conserva la universidad del Quijote e incluso con charlas para estudiar su vida y obra. También cobró más sentido que nunca ese reproche tan recurrente en este día sobre la necesidad de leer más.

«Se lee poco, muy poco. Es algo que notamos en las aulas, y que se nota en el nivel de madurez del alumno», cuenta Carmen Chasco, responsable de la división de bibliotecas en la Facultad de Medicina y organizadora del cartel de actividades en este día del libro. Es la idea que da sentido al muro de libros levantado frente a la puerta del Interfacultativo. «Está hecho con toda la intención del mundo. Queremos que los alumnos se choquen con esta biblioteca improvisada en la calle, que tengan que rodearla para entrar al edificio. Así estamos seguros de que al menos una mirada de reojo echarán», comenta animada.

Todo va dirigido al fomento de la lectura, a animar a los jóvenes a pedir libros prestados, y a conocer de primera mano la oferta de la biblioteca de la universidad. «Veo bien la idea», confirma uno de esos alumnos. Víctor Martínez estudia el grado en Historia. Aprovecha la llegada a la facultad para ojear los ejemplares que hay sobre el expositor. «Me parece que está muy bien planteado. Este es un día que tiene que servir para celebrar la lectura y qué mejor forma que sacarla a la calle. Te animan a pedir un libro prestado y darte un paseo mientras lees», concreta. Él es uno de los ejemplos de alumnos inquietos por las letras. Su perfil de estudiante de historia lo convierte en presa fácil de ese gusto por la cultura. La legión perdida, de Santiago Posteguillo, ocupa ahora su mesita de noche, «pero mis preferencias se mueven por muchos ámbitos. Me gustan mucho los clásicos grecorromanos, por la parte de la filosofía y también la narrativa. Me encanta el Marqués de Sade, por ejemplo», confiesa.

Son todas lecturas de amplio espectro, «de esas que te ayudan a formarte como persona y a madurar con una actitud crítica e inteligente ante la vida», agrega Sara Moro, también alumna de historia. Para ella lo mejor de esta actividad tiene que ver con romper un poco los moldes de la educación tadicional, «esos que se empeñan en que aprendamos cosas como papagallos y luego las soltemos sin más sobre un papel en un examen. La sociedad necesita gente crítica, que se cuestione todo lo que le llega», apunta.

Flores de papel

Dentro del edificio, en las cristaleras que dan a la biblioteca, unos vinilos recrean ilustraciones de escenas bien reconocibles de la literatura universal. Desde Caperucita y el lobo hasta el mismo Don Quijote encerrado en sus ensoñaciones. Y sobre la mesa exterior, en un cesto de mimbre, unas flores de papel esperan ser regaladas a quien coja un libro: «Es un presente que hemos pensado para dar a la gente que se anima a coger un ejemplar», matiza Chasco.

En la Facultad de Filosofía y Letras, con lógica, es donde más se lee. «Las cifras de préstamo de libros superan al resto de sedes de la biblioteca universitaria». Luego vendría Económicas y Derecho, un centro que aglutina a buena parte de los alumnos del campus cántabro. Hacia el lado de las ingenierias, la situación se complica. «El problema es que no tenemos el tiempo que nos gustaría para poder dedicarlo a la lectura. El día a día de las clases y el estudio te ocupan de tal manera que es casi imposible sacar un rato». La estudiante del Grado en Ingeniería Civil Beatriz Torre suma a estas palabras otro pequeño reproche. «En otros centros la colección Extra Book, esa que está destinada a cosas curiosas y originales, cuenta con cómics, ciencia ficción... Nosotros aquí tenemos guías de viajes», critica.

Precisamente el edificio de la Escuela de Caminos acoge el segundo punto de actividades del día del libro en la universidad. Los stands se aposentaron al principio de la jornada en la entrada del edificio y allí ofrecen una muestra de varias ediciones muy cuidadas de la obra cumbre de Cervantes. «Estas ediciones del Quijote están muy bien. Es importante que la gente sepa que las tenemos, y que están a su disposición para ser consultadas y curioseadas», cuenta Ramón Gandarillas, de la división de la biblioteca en Ciencias.

El placer de leer

Quien más o quien menos pasa alguna página de estas joyas expuestas en el centro. «Están muy bien, está bien que la universidad tenga esto. La verdad es que leemos poco, es cierto. Nos vendría bien leer más. Pero es completamente cierto lo que dice mi compañera sobre la falta de tiempo y además luego están los traumas que uno trae del bachiller. Hay muchos institutos donde te obligan a leer ciertas obras para las que no estás preparado y acabas por abandonar la lectura», denuncia David Muriedas, alumno de Caminos. «Si te dejaran elegir por tus gustos, por ejemplo dentro de una lista de posibilidades, todo iría mucho mejor. La gente descubriría el placer de leer, y el hábito se mantendría con el tiempo».

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