Recordando 'Tiburón'

Momento del rodaje de la mítica película./DM
Momento del rodaje de la mítica película. / DM

La película de Steven Spielberg hizo que nos asustara meternos en el agua hasta en las playas de El Sardinero

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

Otra de las pelis inolvidables de la historia del cine es 'Tiburón', estrenada el año 1975. Se encargó de dirigirla con maestría el gran Steven Spielberg. Y de ponerle música, otro genio: John Williams. En 'Tiburón' es tan importante la partitura como el guión y lo que muestran las imágenes.

El equipo volcado en una de las tomas, con los mejores efectos de la época.
El equipo volcado en una de las tomas, con los mejores efectos de la época. / DM

Para confirmarlo, el propio Spielberg reconoció que sin las inspiradas notas de Williams no habría tenido ni la mitad del éxito mundial que tuvo. Al César, pues, lo que es del César.

John Williams, responsable de la banda sonora de 'Tiburón'.
John Williams, responsable de la banda sonora de 'Tiburón'. / DM

'Tiburón' provocó que todos los espectadores pasaran miedo en el patio de butacas y que al acudir a una playa y meter los pies en el agua para darse un cole (pongamos por caso, en cualquiera de las de El Sardinero), se disparara su propia imaginación. Y es que cuando el cine proyecta talento parece fundirse de manera inevitable con la realidad…

Un jovencísimo Steven Spielberg, en su puesto de dirección.
Un jovencísimo Steven Spielberg, en su puesto de dirección. / DM

Estuvo basada la película en la novela homónima de Peter Benchley. De hecho, incluso se mantuvo el dibujo de la portada de su obra en el cartel promocional (se ve a la chica nadando y debajo un tiburón con unos dientes de agárrate a la brocha que voy a quitar la escalera), firmado por Roger Kastel.

Imagen del cartel original.
Imagen del cartel original. / DM

La mayoría de escenas fueron rodadas en la isla de Martha's Vineyard, Massachussets, no sin problemillas o problemones. Al parecer, los tiburones mecánicos preparados para cada instante clave del metraje se averiaban a menudo o sufrían accidentes. Tal circunstancia obligó al bueno de Spielberg a cargar tintas sobre la interpretación de los actores y dejar la terrorífica aparición del escualo para cuando resultaba imprescindible e impactante.

Lo cierto es que el largometraje fluye con admirable naturalidad mediante la aplicación del concepto/suspense hitchconiano. Incluido su angustioso final, que se desliza segundo a segundo, plano a plano, por el filo de la navaja con los espectadores completamente acongojados (por no escribir otra cosa). Eternos Spielberg y Williams. Eterno 'Tiburón'.

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