La directora de Altamira dice que hay que informar sobre la cueva "sin crear alarma"

Pilar Fatás, directora del Museo y el centro de Investigación de Altamira./
Pilar Fatás, directora del Museo y el centro de Investigación de Altamira.

Pilar Fatás señala que los últimos informes se dieron en el Patronato y alertan sobre la subida de la temperatura, el goteo y la pérdida de pigmentos

C. DE LA P.

La comunicación de contenidos científicos puede jugar una mala pasada a los políticos. Cuando el consejero de Educación, Ramón Ruiz, dijo el lunes en sede parlamentaria que el techo de la cueva de Altamira sufre una «ligera caída de roca y pintura» no desveló nada que no hubieran contado ya los expertos tras la reunión del Patronato, celebrada dos semanas antes en Santillana del Mar, pero con palabras más atinadas y un lenguaje científico. «La cavidad sufre desde hace cuatro años un goteo que arrastra pigmento y fragmentos microscópicos de roca, y de ello se informó tras el patronato, sólo que según los términos que se utilicen se crea más o menos alarma», señalaba ayer la antropóloga Pilar Fatás , directora del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, sorprendida por la expectación que las palabras del consejero habían suscitado en los medios de comunicación.

Oyendo al responsable de Cultura se diría que la bóveda rocosa de Altamira se cae y las pinturas paleolíticas, que se encuentran entre las representaciones prehistóricas más importantes del mundo, se deshacen como un azucarillo.

Los científicos explican el mismo fenómeno de una manera más precisa y sin sobresaltos. Lo que el consejero llama roca son «granitos de arenas microscópicos que nosotros analizamos con lupa binocular». Y el goteo que se produce en la cueva entre los meses de febrero y junio arrastra los pigmentos naturales que componen las pinturas y también fragmentos de roca, aclara Fatás.

¿Incurrió en un exceso verbal el consejero al hablar de caída de roca y sembrar así la alarma? La científica no quiere entrar en polémicas y excusa a Ruiz porque «dio toda la información con la mayor voluntad». Pero ni reveló datos nuevos como se ha querido ver, ni dio cuenta de informes técnicos ocultos, porque no los hay. «No hay ninguna información nueva porque desde la Comisión de Seguimiento del Plan de Conservación Preventiva de la cueva hemos sido siempre transparentes y hemos transmitido la realidad en la que se está trabajando. La sociedad tiene que saber la realidad de la cueva pero sin crear alarma. El arte de Altamira es frágil, como la mayoría de las cuevas, y por eso las visitas están restringidas y hay que extremar las precauciones», subraya Fatás.

Ruiz aclaró ayer su comparencia en el Parlamento y explicó que él no es experto y que se limitó a cumplir con lo que se le había pedido por parte del grupo popular en una iniciativa. «Me pidieron transparencia y es lo que hice», apostilló. Efectivamente, el diputado popular Íñigo Fernández había pedido hablar de Altamira «con naturalidad y transparencia», lo que motivó la intervención del consejero, que rindió cuenta de los informes que había conocido días antes en la reunión del Patronato, pero en unos términos que dieron lugar a cierta confusión. Ayer Ruiz, a preguntas de los periodistas, insistió en que el informe de la comisión de seguimiento de Altamira señalaba la existencia de zonas «frágiles» en el techo de la cueva y de una plaga de microorganismos. Sin embargo, aclaró que «lo que más preocupaba» a los técnicos es el incremento de temperatura en su interior, que no se sabe si se debe a la presencia humana.

Sube la temperatura

En su última reunión, el Patronato de la cueva acordó mantener el régimen de visitas en la gruta, patrimonio de la Humanidad de la Unesco, aunque mantendrá los medios para controlar lo que ocurre en su interior, después de que se haya detectado una ligera subida en la temperatura (entre medio grado y un grado) y un aumento de la condensación de humedad en las paredes, uno de «los principales riesgos» que tiene la cueva en el ámbito de la conservación y que está «focalizando» la investigación que se desarrolla.

Fatás explicó ayer a este periódico que la «ligera» subida de temperatura es imputable a «diversos factores». Se están analizando las causas y probablemente el resultado confirmará que la suma de todos ellos es la causante de ese incremento», unas conclusiones que no se conocerán a corto plazo porque «los procesos de investigación requieren tiempo». Las investigaciones tratan de dilucidar si esa subida de grados tiene relación con las visitas o si son producto de factores externos.

De momento, y a la espera de las conclusiones que obtenga el grupo de científicos que tiene la responsabilidad de estudiar el comportamiento de la cueva para identificar las causas de ese calentamiento, se va a cambiar el ritmo de visitas y en lugar de entrar cinco personas más un guía una vez a la semana, los viernes por sorteo, se dividirán en dos grupos de dos y tres personas para dejar reposar a la cueva. Además, los científicos van a reducir sus entradas en la gruta al mínimo. La apertura de la cueva a visitas controladas se inició en 2014, a razón de unas 240 personas cada año.