«Soñaba con tener una cabaña de tudancas»

«Soñaba con tener una cabaña de tudancas»

Rogelio Gómez, de origen cántabro y gerente del afamado bar hispalense 'La Flor de Toranzo', recibirá el día 30 la medalla de la ciudad de Sevilla

Teodoro San José
TEODORO SAN JOSÉSantander

Es sevillano, pero siente La Montaña como si le hubieran parido aquí. Y habla de La Montaña como hijo que es de un cántabro, de un jándalo que en 1929 marchó a la capital andaluza, donde prosperó y triunfó aunque sin perder la esencia de su origen ni el sabor de la tierruca que nunca abandona su corazón. En Sevilla Rogelio Gómez (1946) es un icono hostelero y su establecimiento, 'La Flor de Toranzo', un lugar imprescindible y de culto «referenciado en todas las guías turísticas del mundo y en los paladares de los sevillanos, que conserva la mejor tradición gastronómica de Andalucía», reza la propuesta de honores por los que el Ayuntamiento de Sevilla aprobó entregarle la medalla de la ciudad «en reconocimiento a la labor emprendedora, innovadora y profesional».

Será el día 30, el día de San Fernando, patrón de Sevilla, cuando reciba «con grandísima satisfacción» una distinción que sumará a las que ya acumula, como la medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, la placa al Mérito Turístico de Cantabria, la medalla de oro y brillantes del Racing, ser embajador de la anchoa en Sevilla o cofrade de la Cofradía del Hojaldre. Un catálogo. Y tres días después del acto oficial Rogelio hará las maletas y tirará «para arriba», apunta, en clara alusión a la situación geográfica de Sevilla y del valle de Toranzo, porque es ahí donde ahora acude «más veces y por más tiempo» después de haber dejado la gerencia del establecimiento en manos de su hija. Viene «a La Montaña, una tierra para volverse loco con ella», dice sin rubor pues profesa sevillanismo y cantabricismo a partes iguales.

«Ahora subiré más veces y por más tiempo. Es una tierra para volverte loco con ella»

Habla de su Sevilla natal, de sus tradiciones y de sus gentes con la misma pasión con la que añora, promociona y vive siempre que puede los rincones de su otra tierra, de los montes de Cabuérniga, de Liébana, del desfiladero, de Sejos, de la costa, de la ermita del Moral... «Subir hasta esta ermita, tumbarte y despertarte rodeado de ganado es una sensación indescriptible», asegura. Y abundando en este tipo de cuestiones Rogelio reconoce sentir una gran frustración: no tener una cabaña de ganado tudanco. «Era mi ilusión. Soñaba con tener una cabaña de tudancas por Toranzo, por San Martín, pero ya con la edad que tengo... Hubiera sido el culmen de mi felicidad». Ahora se conforma con verlas por el monte.

Y le tira todo esto –su mujer es de Vejorís y, por si fuera poco, tiene casa en San Vicente de Toranzo– del mismo modo que su padre, cuando abrió la tienda de ultramarinos 'La Flor de Toranzo' y él mismo cuando la transformó en bar, llevaban hasta allí productos de La Montaña. Que si galletas La Sara, que si caramelos La Raquel, que si mantequilla SAM, que si sobaos de Casa Olmo, que si anchoas de Arriola Solano, que si bonito de Santoña, que si productos La Ermita... Yasí desde hace 75 años. Un bar singular, sin cocina pero con cazuelas y tapas, las más de la veces de productos cántabros y de chacinas andaluzas, que es referencia gastronómica en Sevilla.

Después de 58 años tras la barra y siete jubilado Rogelio va a seguir uniendo Sevilla y Cantabria aunque lo primero que toca es disfrutar del reconocimiento de su ciudad: «Es muy reconfortante, no me lo esperaba. Es algo que nunca lo imaginé».

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