Ensaladilla comunista, cóctel libertario y otras recetas políticas

lustración basada en un cartel político de los años 40. /Wikimedia Commons CC PD.
lustración basada en un cartel político de los años 40. / Wikimedia Commons CC PD.

La Segunda República vio aparecer multitud de platos relacionados con ideologías políticas

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Si hicieron ustedes la mili allá por los años 60 o 70 seguramente recuerden un plato del menú, típico del rancho en días de fiesta: la ensaladilla nacional. Este nuevo nombre de la ensaladilla tenía poco que ver con las hortalizas patrias y mucho con la conspiranoia del régimen acerca del contubernio judeomasónico. Empeñadas en borrar de la faz de la tierra cualquier traza de de inspiración comunista, las autoridades militares rebautizaron la ensaladilla rusa poco después de la Guerra Civil pensando que la ingesta de patata cocida con mahonesa podía engendrar querencias soviéticas.

Si esto les parece a ustedes una locura sinsentido, sepan que los inocentes filetes rusos sufrieron también un lavado semántico de cara y se llamaron (en los cuarteles y banquetes oficiales) filetes imperiales, por aquello de la épica. Este asunto ahora nos da la risa, pero es cierto que durante los convulsos años 30 hubo quien arrimó el ascua a su sardina ideológica y aprovechó cualquier excusa para promocionar a su partido. La gastronomía no se quedó al margen de la propaganda política y hubo muy diversas recetas que recibieron apellidos como comunista, libertario o fascista.

Siguiendo con la ensaladilla nos encontramos con que efectivamente durante la Segunda República hubo quien relacionó directamente el adjetivo de rusa con los bolcheviques. En los colmados flamencos del barrio madrileño de Santa Ana se anunciaba en 1935 la «ensaladilla comunista porque el pimiento morrón, con su color rojo, da en ella el tono subversivo». También existió el bacalao a lo comunista, fórmula incluida en el recetario PYSBE (1936) y que consistía en pescado rebozado dispuesto en capas con patata cocida, parmesano y bechamel.

Pero sin duda donde el flirteo ideológico hizo mayor fortuna fue en el mundo de la coctelería, un ambiente movido por afinidades en el que los barmans bautizaban sus creaciones en honor a celebridades o a conceptos populares entre la clientela. Así surgieron de la mano de Perico Chicote y otros afamados cocteleros de la época combinados como el Alfonso, el Príncipe de Asturias, el cóctel Legión o el Franco por el hermanísimo Ramón Franco, héroe de entonces debido a su vuelo trasatlántico en el Plus Ultra. El el libro 'Cocktails' de Chicote (1928) aparecería el Fascista, una combinación de brandy de melocotón, whisky y angostura, mientras que 'Los cocktails más sabrosos' (Madrid, 1932) rizaría el rizo por la izquierdo incluyendo el cóctel Sindicalista, el Revolucionario o el Libertario. El color rojo se vincularía de nuevo al comunismo en el cóctel Comunista, elaborado con ginebra, curaçao rojo, Amer Picon, Campari., bitter y clavo. Así cualquiera cambiaba el voto.

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