Ciclismo

Fallece Alfredo Irusta, uno de los pioneros del ciclocross

Alfredo Irusta, con el maillot del Gorbea, fue una estrella del ciclocross. :: DM/
Alfredo Irusta, con el maillot del Gorbea, fue una estrella del ciclocross. :: DM

El corazón del excampeón de España de ciclocross, nacido en Ampuero, dejó de latir el domingo con 83 años

J. GÓMEZ PEÑA

Mi padre era todo corazón, todo pundonor». Ese corazón, el del excampeón de España de ciclocross Alfredo Irusta Irusta, dejó de latir el domingo, con 83 años, en Ortuella, en la zona minera que tantas mañanas le vio meterse en el barro para preparar sus carreras. Su hijo Alfredo, que también fue ciclista profesional, creció escuchando historias sobre aquellos duelos con Antón Barrutia y José Luis Talamillo primero, y con José María Basualdo después. «Yo era muy pequeño, pero recuerdo que toda la familia fuimos a un bar de El Valle (Trápaga) para ver a mi padre en el mundial de ciclocross porque en casa no había televisión». También conserva como un tesoro un recorte de periódico sobre la Subida a Arrate de 1963. En ese papel permanece la memoria de su padre, en pugna con Juan José Sagarduy, Federico Martín Bahamontes y Jacques Anquetil en las rampas que suben al santuario eibarrés. «Yo no hubiera sido ciclista si no es por él. Lo que hice fue seguir su rueda», dice Alfredo Irusta Sampedro. Comparte nombre y vocación ciclista con su padre, que respondió con «buen corazón» a todas las dificultades que se empeñó en ponerle la vida. Y fueron muchas.

Alfredo Irusta nació en noviembre de 1934 en Ampuero. Tenía dos años cuando estalló la Guerra Civil. Su padre fue fusilado en 1937. La tuberculosis se llevó a su madre en 1945. Alguno de sus tíos ingresaron en prisión. Pasó la infancia como huérfano en un país desolado por la miseria. Los hermanos mayores se encargaban de los pequeños. Algo les ayudaba el Auxilio Social. La beneficencia. En aquella España de posguerra no había ni tiempo ni nada para pensar en el ciclismo. A la bicicleta se subió tras el servicio militar. Y no compitió hasta los 23 años. A pesar de llegar tan tarde al deporte, aprovechó el tiempo. Se entrenaba y trabajaba en la Babcock & Wilcox. Ya entonces vivía se había trasladado a Gallarta, la tierra de una de sus abuelas.

Su nombre lució tanto en carretera, en pruebas como la Subida a La Reineta, como sobre el barro. El ciclocross se convirtió en su mejor campo de batalla. Fue uno de sus pioneros. Debutó en una carrera en Aranguren con el cuarto puesto. En la segunda, casi gana. Lo impidió Antón Barrutia. Pronto se hizo hueco en la élite y el 13 de febrero de 1966, en el circuito de Beasain, logró su primer Campeonato de España de ciclocross. Ese día pudo con Barrutia. Luego llegaron los títulos de 1969 y 1971. En aquel mismo circuito de Beasain se disputó en 1966 el Mundial. El belga Eric de Vlaeminck se llevó el oro, Barrutia acabó noveno e Irusta, en el puesto 14. Tres años después, el cántabro arrasó en el Campeonato de España, disputado sobre la nieve de Ibarra. El segundo en aquella prueba fue el corredor que venía a dominar la especialidad, José María Basualdo.

Irusta vistió los maillots del Gurelesa, el Espumosos Gorbea, el Coral y el Karpy. Y fue la rueda a seguir por su hijo Alfredo, que llegó a ser tres veces campeón de España juvenil en ciclocross y que luego corrió la Vuelta a España y el Giro de Italia con equipos como el Seur y el MX Onda. Su padre le desbrozó el camino. «Era un hombre duro, como eran los de antes. Cómo no iba a serlo con lo que tuvo que pasar cuando era niño. Pero era todo corazón».

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