«Estoy disfrutando mucho más como entrenadora»

«Estoy disfrutando mucho más como entrenadora»

José Ignacio Arminio
JOSÉ IGNACIO ARMINIOTorrelavega

El galardón anual de Torrelavega a personas que destacan por su trayectoria personal y profesional tiene nuevo ganador. El grupo de opinión Quercus ha acordado designar 'Torrelaveguense Ilustre 2018' a la exgimnasta María Pardo Rojo (Torrelavega, 1979), para reconocer su valía humana y su contribución al deporte de la ciudad. María Pardo formó parte del equipo español que ganó el Campeonato del Mundo de gimnasia rítmica en Viena (1995). Además, posee la Medalla de Plata al Mérito Deportivo del Gobierno de Cantabria (2017), un pabellón deportivo de la ciudad (el de Nueva Ciudad) lleva su nombre desde 2016 y ahora es entrenadora.

-¿Qué le parece este nuevo reconocimiento?

-Demasiado. Son reconocimientos que hacen que te repitas la pregunta ¿seré merecedora de algo así? Dedicarte a lo que te gusta y que te premien por ello no deja de sorprenderme, me descoloca un poco. Hasta me asusta.

«La gimnasia rítmica de Torrelavega está recogiendo el fruto de muchos años de trabajo»

-¿La sorprende que siga recibiendo homenajes 23 años después de haber sido campeona del mundo?

-Sí. Me siento supervalorada y superquerida en esta ciudad. Estos premios son como extras que no cuentas con ellos y que sirven para alegrarte aún más. No tengo palabras para agradecer tanto cariño, son cosas que me sobrepasan.

-¿A qué se dedica ahora?

-Sigo ligada a la gimnasia como entrenadora y el año pasado empecé a formarme como juez para añadir conocimientos. Sigo como siempre en el pabellón, pero al otro lado de la raya. Entré por primera vez al Vicente Trueba con 8 años, voy a hacer 40 y ahí seguimos.

-¿Sólo entrena a las niñas de la escuela municipal de Torrelavega?

-No. También entreno en la escuela de Santoña y en cuatro colegios, como actividad extraescolar.

-¿En qué situación está ahora la gimnasia rítmica en la ciudad?

-Muy buena, estamos recogiendo el fruto de muchos años de trabajo de mucha gente. A la cabeza de la escuela está Beatriz Ruiz, que hace un trabajo impecable al frente del equipo técnico. Para conseguir los logros actuales, hay detrás un engranaje que va enfocado hacia una progresión continua.

«Lo importante es el equilibrio, tanto en la base como en la élite. No hay que perder la cabeza»

-El equipo cadete ha sido campeón y subcampeón de España en los dos últimos años. ¿Qué sintió al verlas leer el pregón de La Patrona junto a la Gimnástica?

-Estábamos felices, pletóricas. Son momentos muy dulces. Superan con mucho a los malos, que también los hay. Las que somos ahora entrenadoras empezamos en la escuela hace 30 años y sabemos lo que cuesta llegar a lo más alto.

-¿Disfruta más ahora que cuando ganaba títulos mundiales?

-Sí, cuando estaba en el equipo nacional tenía 14 o 15 años y no era consciente del todo de lo que pasaba. Ahora cambia mucho, soy entrenadora y disfruto por mi, por ellas, por mis compañeras, por las familias... Se multiplica todo, estoy en un momento muy feliz.

-¿Son sentimientos radicalmente contrarios a los de su retirada?

-Sí, fue noticia porque lo dejé un mes antes de los Juegos Olímpicos de Atlanta, en el 96. No es fácil aceptar la retirada después de tres años de preparación. Volví a casa sin entender muchas cosas y en una edad complicada. Te preocupas más de la opinión de los demás que de lo que te está pasando. Puede parecer que no es cierto, pero yo no soy muy competitiva, me llena más la progresión que alcanzar el nivel internacional. Conseguí más de lo que nunca imaginé, estaba más que satisfecha, pero luego me vi en casa sóla ante el peligro. El apoyo de la familia fue vital.

-¿Continúan los problemas de anorexia en la gimnasia rítmica?

-Hay otros deportes en los que se tiene más en cuenta el tema del peso porque condiciona hasta categorías. En la rítmica no te pesan para competir, pero siempre se le ha asociado este problema. Es cierto que es un deporte estético, quizá demasiado, pero en ningún sitio te exigen un peso. Lo importante es el equilibrio, tanto en la base como en la elite. Hay que tener los pies en el suelo, no perder la cabeza, y nuestra escuela tiene esa capacidad. Tenemos muy claro el objetivo, que es disfrutar, y trabajamos todas a una. Somos entrenadoras de todas las niñas, no sólo de las que más ganan. Las niñas tienen que ir a la escuela a pasarlo bien, porque las gusta, y avanzarán sin darse cuenta.