Susana Hoyos | Los 10.000

«Para mí el Soplao era un reto»

Susana Hoyos posa en el patio de su casa junto a su perro./Javier Rosendo
Susana Hoyos posa en el patio de su casa junto a su perro. / Javier Rosendo

Susana Hoyos ganó la Ruta Adaptada del 'Infierno Cántabro' en 2017 y ahora anima a otros en su situación a participar en la prueba

LEILA BENSGHAIYARSantander

Hay personas que no se rinden aunque la vida se lo ponga difícil. Que no ceden ante las adversidades y perseveran sin miedo a romper las barreras físicas y mentales que se interponen en su camino. Susana Hoyos (Casar de Periedo, 1977) es una de ellas. El año pasado se proclamó campeona de la Ruta Adaptada de Los 10.000 del Soplao, aunque fue hace tres años cuando se animó a participar por primera vez. «Me animaron las fisioterapeutas», cuenta. Pero lo que la decidió fue que «mi hijo me dijo que yo no era como las otras madres del colegio. Que era distinta porque todas andan menos yo, que iba en silla. Me esforcé y demostré que era una mamá como las demás. Quise dar un paso más allá y para mí el Soplao era un reto», recuerda.

Y es que hace ocho años a Susana la detectaron un tumor cerebral. «Me miraron tanto que me tocaron más de la cuenta». La enfermedad le afectó al habla y a la motricidad, por eso no puede caminar, pero decidió «tirar para delante». Su motor fue su hijo, que entonces contaba tan sólo con seis días y al que no pudo conocer hasta tres meses después. «Cuando el año pasado gané el Soplao me llené de orgullo porque le pude decir a mi hijo que su madre había ganado el 'Infierno Cántabro'».

Susana reconoce que la prueba es dura y que no todo el mundo puede completarla si no hace deporte habitualmente. «Yo todos los días hago mis caminatas con mi fisioterapeuta, y practico deporte, si no, no podría hacerlo. Pero animo a la gente a que participe, porque esto para nosotros es un logro, solo el terminarla y no quedarnos en una esquina con la silla sin hacer nada». Y eso que las dificultades añadidas no son pocas. Sin ir más lejos, prepararse para disputar la prueba ya conlleva un esfuerzo adicional al que no deben hacer frente el resto de participantes. «Nos tenemos que levantar mucho antes y nos cuesta mucho más. Tardamos más tiempo en prepararnos. Además es necesario ir acompañados de alguien. Si alguien viene con nosotros bien, si no, no puedes participar por mucho que quieras», reflexiona Susana, que este año no acude a la cita porque sufre una fisura. Sin embargo, quiere quitar el miedo a quienes aún tengan reticencias a la hora de participar. La prueba está diseñada tanto para personas que van en silla de ruedas, como para quienes puedan caminar y deseen completarla a pie. «Yo he ido progresivamente. Empecé en silla, después pasé a muletas y finalmente ya fui con la fisioterapeuta andando y con la silla al lado, y si me cansaba me sentaba un rato y después continuaba andando», explica resuelta.

La Ruta Adaptada de Los 10.000 del Soplao consta de dos recorridos. Uno de ellos, el más corto, para contendientes de movilidad reducida, tiene 9.81 kilómetros, mientras que la ruta más larga, de Senderismo Inclusivo, cuenta con 28.71 kilómetros de recorrido. Para Jesús Maestegui, organizador de la competición, la inclusión de la prueba es «total», ya que normaliza la situación de los participantes al equipararlos en igualdad de condiciones al resto de contendientes. De hecho, todos los asistentes al 'Infierno Cantabro', tomarán la salida a la misma hora y en el mismo lugar. «Que todas esas personas recuperen la ilusión y tengan acceso a nuevos retos es importante para nosotros y nos alegramos de que sea en el Soplao», aclara Maestegui.

 

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