Juanjo: «Marcar en El Sardinero es una ilusión más»

Juanjo tiene ganas de devolver el cariño a la afición y lograr el ascenso con 'su' Racing/
Juanjo tiene ganas de devolver el cariño a la afición y lograr el ascenso con 'su' Racing

El cántabro se marchó «en el punto más alto de la historia de este club» y ahora no duda en reconocer que tiene «más ilusión y se ve a la afición mucho más volcada que entonces»

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

El pasado domingo se quedó parado. Señaló a la grada y se acercó. Allí estaban su mujer y sus dos hijos. «Me marché cuando era un niño y vuelvo con una familia». Con estas palabras describió a grandes rasgos Juanjo una década de racinguista en el exilio. En El Sardinero tuvo tiempo para rebobinar; nueve años después volvió a celebrar un gol vestido de verdiblanco. Cosas del fútbol.

31 de agosto de 2008. Por aquel entonces su nombre figuraba en una lista de transferibles. El chaval de la cantera no tenía hueco en un equipo en el que Tchité, Jonathan Pereira, Munitis o un floreciente Sergio Canales le cerraban el paso. En El Sardinero jugaba el Sevilla y Juanjo entró en el minuto 74 de partido; un minuto después marcó el gol del empate ante los hispalenses (1-1). Fue el último como verdiblanco hasta que el pasado domingo empujó a la red un cabezazo de Álex. «Fue una ilusión más. Para un delantero marcar es fundamental y para mí como racinguista fue especial», admite. Fue un gol diferente, en nada se pareció al que anotó con el Llagostera en la campaña 2014-2015 como visitante. Casi hasta pidió perdón a la grada. Sentimientos enfrentados.

SUS ÚLTIMOS TRES GOLE

31-8-2008
Fue su último gol como racinguista antes de marcharse. Sirvió para empatar ante el Sevilla (1-1, 2008-2009).
5-4-2015
Fue su primer y último gol -hasta el momento- en El Sardinero como visitante. Lo marcó con el Llagostera en Segunda División (0-2, 2014-2015).
24-9-2017
El pasado domingo anotó nueve años después un gol vestido como racinguista y en El Sardinero. (2-0, 2017-2018).

El chaval de Ontaneda se fue en 2008 entre silbidos; la grada de antes pasaba el 'cuchillo' a los canteranos cada domingo. «Es cierto que el concepto ha cambiado. Ahora la gente te apoya más. Antes los de casa teníamos que demostrar el triple que algún compañero que venía de fuera». Nueve años después los aplausos y las muestras de cariño son más habituales, pero aún existe gente que duda de su valía. «Es normal. Siempre habrá alguien al que Juanjo no le guste. Esto le pasa a Benzema o Cristiano cómo no me va a pasar a mí», señala el delantero del Racing, que a pesar de todo el pasado domingo se fue de El Sardinero satisfecho. «Recibí una pequeña ovación cuando me cambiaron. Noté cariño y tengo muchas ganas de devolverlo».

Con su estilo un tanto ortodoxo, para algunos incluso tosco, fue convenciendo y ejerciendo de delantero

Santander siempre fue una plaza complicada para los de casa; Munitis se tuvo que ir al Badajoz para demostrar lo que valía, a Ismael Ruiz le perseguían los silbidos, lo mismo que a Gonzalo Colsa... con Juanjo más de lo mismo. «Recuerdo cuando Felipe Melo o Peter Luccin me preguntaban, ¿pero qué pasa contigo? ¿Por qué te silban?», rememora el cántabro. Hay quién cae de pie y a quien le cuesta un poco mas. Lo cierto es que aquel chaval de 21 años se marchó a hacer carrera y jugó en nueve equipos. Con su estilo un tanto ortodoxo, para algunos incluso tosco, fue convenciendo y ejerciendo de delantero; marcando goles. El Racing quiso recuperarlo en varias ocasiones hasta que lo consiguió. «Ahora se dio la oportunidad. Mi familia estaba como loca por volver y Viadero insistió. Él ha sido uno de los entrenadores que me enseñó cuando era niño... Era ahora o nunca». A medida que el canterano crecía como futbolista, su club «se iba convirtiendo en un solar de repente. Sin darnos cuenta».

El racinguismo es algo que Juanjo no puede disimular, por eso no se cansa de repetir que «este equipo y esta afición necesita volver al fútbol profesional». Sus palabras suenan a música celestial, sobre todo después de ver aún las cicatrices de la última intentona. «El año pasado juré al 200% que el equipo subía... Tuvo muy mala suerte». Precisamente para desterrar esa supuesta mala fortuna su equipo ha recurrido a él. «No me lo pensé. Ha sido duro ver estos años a los aficionados llorar, a los jugadores sin cobrar y plantándose sin jugar... Desde fuera fue angustioso», explica el de Ontaneda. Y entre tantas desgracias sonó su teléfono y nueve años después llegó el regreso. De aquel niño que se fue queda la misma mirada y su predisposición a todo, pero ahora la exigencia es máxima. Su puesto en la delantera es el blanco de miradas y para colmo su compañero de 'fatigas' pasa por ser uno de los mejores de la categoría. ¿Qué hay que hacer para estar a la altura? «Cuando juegas con un jugador como Dani Aquino todo es más fácil. Él esta llamado a ser uno de los artífices del ascenso y mi labor junto a él es más sencilla». No le importa ser el 'segundo' si el equipo sale beneficiado. «He jugado cinco años por detrás de un delantero más rápido que yo. Daré lo que se requiera en cada partido. Dani puede jugar de '9', de '10' o incluso en la banda».

Su puesto en la delantera es el blanco de miradas y para colmo su compañero de 'fatigas' pasa por ser uno de los mejores de la categoría.

A Juanjo no hay mucho más que enseñarle sobre vestuarios. Ha estado en tantos que sabe lo que pueden dar con sólo echar un vistazo. «La plantilla actual del Racing tiene nivel de Segunda. Cuando todos estemos listos se verá su verdadero potencial. Hay gente que no ha llegado bien y está claro que cuesta ponerse al 100% con la obligación de ganar, pero esto es el Racing». Es consciente de que el aficionado está inquieto; dubitativo. El juego gris del equipo le mantiene en vilo, pero el delantero añade que «el sábado vimos al Real Madrid sufrir para ganar al Alavés. Es imposible ganar todos los días 4 a 0. Ante la Peña Sport tuvimos ocasiones, marcamos dos y mantuvimos la portería a cero. Es que eso es lo que tenemos que hacer. Así se ganan las Ligas», concluye el racinguista.