Martínez de Paz: «La última vez que subí al Naranjo se veía como rompían las olas en la playa de San Vicente

Isabel Martínez de Paz, antes de la conferencia en el Club Tajahierro./Alberto Aja
Isabel Martínez de Paz, antes de la conferencia en el Club Tajahierro. / Alberto Aja

La escaladora leonesa Isabel Martínez de Paz es la única mujer que ha escalado 100 veces el Picu Urriellu, «una montaña de la que me enamoré en 1985, cuando la subí por primera vez»

Susana Echevarría
SUSANA ECHEVARRÍASantander

Isabel Martínez de Paz (León, 1963) es una de esas mujeres que marcan el camino a otras. Tiene el récord de haber sido la única mujer que ha escalado 100 veces el Naranjo de Bulnes (2.519 metros), la mítica montaña que los que visten pies de gato prefieren llamar Pico Urriello y los asturianos conocen como el Picu Urriellu o simpremente 'El Picu'. Pero Isabel prefiere no estar en el foco y siempre que le dan oportunidad dice que «fueron otras las que marcaron el camino y las que conquistaron el terreno para las que hemos llegado después, y no sólo en la escalada, sino en muchos aspectos de la vida. Y esas mujeres, por desgracia, han estado muy silenciadas». Isabel habla de Isabel Pérez y Teófila Gao, dos primas vecinas de Caín y nietas del Cainejo (el primero que hizo cima del Naranjo) que en 1935, cuando las mujeres tenían pocos derechos y ninguna libertad, ascendieron hasta lo más alto del Naranjo y se convirtieron en las primeras mujeres en hacerlo. «Es admirable que en una sociedad como aquella hiciesen lo que hicieron, enfrentándose a su familia, a los vecinos y a todas las críticas que recibieron. Me parecen que fueron dos revolucionarias, dos heroínas que han estado silenciadas», sentencia. Para Isabel Martínez de Paz, esas dos pioneras siempre han sido una motivación. De ellas y su pasión por el Naranjo fueron algunos de los temas de los que habló el pasado jueves en Santander, en la charla organizada por el Club Alpino Tajahierro.

La leonesa Isabel Martínez de Paz consiguió el récord de ascensiones (100) al Naranjo el pasado mes de octubre. Y la última hubo hasta champán en la cima para celebrarlo junto a su marido César y a Adelo e Isidoro, dos grandes compañeros de escalada con los que ha hecho más de un ascenso. Esta fue la última, pero, ¿cuándo y cómo fue la primera? «Fue por casualidad. En otoño de 1985, César, el que ahora es mi marido, me invitó a ir a Picos de Europa, a ver el Naranjo o eso pensaba yo. Yo pensé que lo íbamos a ver y luego a dar un paseo y ya está. Pero cuando llegamos a la pared, me empezó a animar para subir con él. Me pusieron un arnés de más que llevaban y, yo entusiasmada con el paisaje y haciéndome la valiente, no dije que no. Cuando me dí cuenta estaba atada a la cuerda de mi compañero y subiendo por el primer largo. Ahí tuve un momento de lucidez y empecé a pensar que no podía hacerlo, que no sabía escalar y que me iba a matar, pero César me dio dos indicaciones y seguí subiendo, confiando en mi misma y haciendo frente a mis miedos. Iba muy concentrada, yo a solas con la pared, subiendo metro a metro. Y como lo de alrededor era tan bonito... me planté arriba. Cuando llegué a la cima era justo la hora de la puesta de sol y el Urriellu se puso de ese color naranja que es espectacular, la imagen era una pasada. Me enamoré de aquel lugar», relata Isabel a la que en aquella ocasión la noche casi la sorprendió la en la cima. «Bajé rapelando, algo que tampoco había hecho nunca, pero como casi era de noche y no veía muy bien por donde iba, me fié de muy acompañantes y lo conseguí».

I. M. P.

Desde aquel día de septiembre del 85 y durante 33 años, Isabel ha ido haciendo una o varias escaladas al año en la pared del Naranjo. «En algunas he hecho cima y en otras no». Lo ha hecho en todas las épocas del año, incluso en invierno, y por casi todas las caras de la pared, por la Sur, por la Norte y por la Este. Sólo le falta la Oeste, que teóricamente, según los expertos, es la más complicada, ya que tiene pasos extraplomados (pasos donde la montaña deja de ser vertical y mira al suelo y tira hacia atrás al escalador). «La cara Oeste es muy larga (por la Oeste se tarda aproximadamente un día entero, cuando por el resto de las caras se suele tardar entre dos y cinco horas) y tampoco quiero subir a rastras y sufriendo. Pero Bernabé Aguirre, que es el hombre que más veces ha subido el Naranjo, me está animando para que lo haga por esa cara que me falta», comenta Isabel, que además de subir montañas es profesora de música de alumnos de Secundaria en un instituto de León.

Lo de subir el Urriellu 100 veces fue un reto que se planteó ella misma cuando hace unos años llegó a la cima por 85ª vez. «Me dije, ya que has subido 85 veces, ¿por qué no vas a llegar a cien?». Pues dicho y hecho. Eso si, para poder concluir su reto en este año 2018, año en el que celebra el Centenario del Parque Nacional Picos de Europa, Isabel se ha pegado una pechada: ha tenido que realizar once ascensiones al 'Picu' este año.

Aunque ha escalado otras montañas de España (en el Sistema Central, en Pirineos, en el Macizo Galaico...) y de otros paises (el Atlas marroquí, el Monte Ararat en Turquía, en Los Andes), Isabel sigue manteniendo un idilio especial con el Naranjo. Se fía del monte asturiano. «Es una roca caliza muy franca en todas sus vías y eso a los escaladores nos da mucha seguridad. Aunque tiene pasos difíciles, la roca es muy segura», comenta la escaladora. Dice que otra montaña que se le parece mucho es La Peña Santa (2.598 m), que está en el Macizo Occidental de Picos. «Tienen la misma roca».

Entre esas cien ascensiones y cien cimas, «porque ha habido otras veces que he subido, pero no hice cima y esas no cuentan», ha habido algunas en las que la montaña no fue tan benévola con Isabel y su belleza se transformó en peligro. «Ha habido ascensiones mas complicadas y sufridas que otras pero, miedo como tal, creo que pasé sólo una vez. En plena escalada, nos pilló una tremenda tormenta eléctrica con los rayos cayendo sobre las juntas de la pared y con una lluvia torrencial que bajaba como ríos por la roca. Nos tuvimos que bajar porque era muy peligroso», explica Isabel. Pero seguidamente añade: «También esa vez fue una experiencia para mí. Me ayudó mucho a saber controlar el miedo, a aguantarme y no perder la calma y a superar circunstancias adversas. Todo eso se aprende allá arriba».

La mayor parte de las ascensiones las ha hecho con su marido, César del Prado, un experto escalador y amante de la montaña, que además fue el que la inició en este mundo. «Y con Isidoro Rodríguez y con Adelo Campos. Con ellos tres hice también la número 100. Y como era especial, uno de ellos subió en la mochila una botella de champán y arriba brindamos por el logro».

I. M. P.

Igual que recuerda, paso por paso como fue aquella primera vez en 1985, Isabel también tiene grabada en su memoria toda la ascensión número 100 al 'Picu' del pasado 12 de octubre. «El día hacía muy bueno y desde la cima se podía ver perfectamente la playa de San Vicente de la Barquera. Se veía de forma nítida hasta como rompía la ola en la arena. Fue espectacular», explica esta leonesa amante de las alturas y de ese emblemático colmillo de caliza que está incrustado en los Picos de Europa.

I. M. P.

Le gusta tanto escalar el 'Picu' como la historia de aquellos pioneros que le escalaron por primera vez. Da gusto escucharla al otro lado del teléfono. «La historia es preciosa y auténtica. Al marqués de Villaviciosa, un noble de principios del siglo XX y gran aficionado a la caza, le obsesionaba el deseo de escalar el Naranjo. Así que escogió una excusa de lo más patriota. Contó que unos escaladores extranjeros iban a venir a escalar el Urriellu y pensaban poner su bandera en la cima. Y eso no lo iba permitir el marqués, así que empezó a buscar de un guía que le ayudase a ascender. Al noble le hablaron de un pastor que andaba siempre enriscado y se llamaba Gregorio Pérez, aunque en su pueblo de Caín le conocían como 'el atreviu' -luego pasó a la historia como El Cainejo-. El marqués de Villaviciosa le escogió y ambos realizaron la primera escalada documentada en la historia de España. Llegaron a la cima y eso le cambió la vida al Cainejo y a toda su familia. Logró el respeto de los que habían tomado por loco y además le hicieron guarda del Parque de Picos». Isabel cuenta esta historia entusiasmada y también relata con pasión la de las dos nietas del Cainejo. «Ellas subieron a la cima en 1935 porque les dijeron que una atleta barcelonesa muy reconocida en los años 30, que se llamaba Margot Moles, iba a venir a subir el Urriellu para ser la primera mujer en hacerlo. Y, por supuesto, los de Caín no podían permitir que alguien 'extranjero' les quitara el honor en su 'Picu'. Las encendió el ánimo. Así que las dos primas se lanzaron a la aventura de escalar el Urriellu, con faldas -nunca mejor dicho porque subieron vistiendo faldas- y a lo loco. Primero lo hizo Isabel Pérez y una semana más tarde Teófila Gao. Algo increíble», concluye Isabel Martínez de Paz recordando esas primeras ascensiones al Naranjo, un lugar al que, como decían los asturianos a principios del siglo pasado, «nunca subió arriba 'naide', ni los rebecos».

 

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