«La música está muy mercantilizada y no es ajena al capitalismo voraz que reina»

«La música está muy mercantilizada y no es ajena al capitalismo voraz que reina»
Alex Valbuena

Álex Garbanzo, cantante y DJ estará este sábado en La Vorágine para hablar de sindicalismo musical

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Este sábado en La Vorágine habrá música, pero no canciones. Se hablará de derechos, de gestión, contratos o legislación laboral. Para ello llega a la librería Álex Garbanzo, miembro de la Asamblea de Sindicatos de Música de Valladolid, que trabaja a su vez con organizaciones de Madrid, Barcelona o Asturias. El objetivo es explicar a los interesados la situación actual y los pasos a seguir para que cambie y se logre algo, aparentemente tan sencillo como que se cumplan los derechos de los músicos. Sindicalismo aplicado a un sector disgregado y complejo. Todo a partir de las 20.00 horas.

- Su biografía digital dice que es usted «un joven inquieto de Valladolid». ¿Qué más puede decir para presentarse?

- (Ríe). No soy muy joven ya. Me cuesta hablar de mí, pero tengo varios grupos de música y también pincho. Estuve como tres años pinchando en un bar todos los fines de semana y de eso tengo casi cero cotizado. Me salían como dos horas al mes, por si venía la inspección. Es mi caso y el del 90 por ciento de la gente que hace música, que necesita otro trabajo para vivir. Fruto de esto empecé a informarme para defender nuestros derechos laborales.

- ¿Por dónde comenzó a buscar información?

- Fui a rebufo de compañeros de Barcelona y Madrid. Hay una economía muy potente vinculada a la música y también un gran desconocimiento de la legislación laboral que estamos intentando mitigar desde hace tres años. Hay incluso promotores que la desconocen y siguen un inercia de décadas que nos lleva a ser falsos autónomos en el mejor de los casos, porque en otros directamente todo se paga en negro. Festivales, ayuntamientos o instituciones públicas, que son los que financian con subvención o contratación directa, te exigen una factura en lugar de aplicar la legislación que dice que el promotor es quien tiene que dar de alta.

- ¿Y cómo están las cosas desde que empezaron a moverse hace tres años?

- Últimamente, con estas iniciativas estamos consiguiendo pequeñas victorias. Hay bastantes festivales que se están regularizando. Hay muchos y de muchos tipos, pero hasta en los más grandes, el 80% del cartel no puede dedicarse a la música a tiempo completo. No son autónomos ni empresas. Con los grande artistas no hay problemas; es un contrato mercantil entre dos parte.

- ¿El sector musical es tan difícil de reunir como parece?

-Es así. La música está muy mercantilizada. Siempre lo ha estado y no es ajena al capitalismo voraz que reina. Se juega con las ilusiones de la gente. Los egos son muy abultados y se prima mucho la imagen personal, hay mucha competitividad y culto a la personalidad que nos hace ser especialmente poco solidarios. A la vez, es un espejismo porque hay muchas prácticas diarias dentro del sector que son de apoyo mutuo. Es darle una vuelta a eso y enfocar esas prácticas tan cotidianas.

- ¿Qué ejemplos de prácticas diarias podría mencionar como casos de apoyo?

- Desde compartir locales de ensayo a instrumentos, furgoneta, casas… A lo mejor un grupo conoce a otro y le organiza un concierto en su ciudad y le aloja en su casa. Yo he actúado en el Roots y llego de la mano de Dj V. Estas cosas no se ponen en valor. También hay colaboración artísticas desinteresadas. No en plan Marta Sánchez y Carlos Baute, cino cosas sin comercio por medio.

- Da la sensación de que existe un alto grado de desinformación para afrontar estos problemas cotidianos. ¿Es así?

- Es tal como lo dices. Desde el pequeño promotor que quiere traer a un grupo que le gusta, sin ánimo de lucro y desconoce la normativa, que es el caso más inocente. Pero hay salas profesionales que llevan décadas funcionando y tampoco conocen la legislación; apelan a que siempre lo han hecho así o directamente no saben. No se trata de acusar a todo el mundo como malos empresarios. Estamos intentando llegar a ellos. Primavera Sound o Mad Cool que lo hacían mal al final están mejorando, pero en general están en otras cosas y lo laboral se queda a un lado.

- ¿Qué respuesta se han encontrado por parte de las administraciones?

- Son en muchos casos las que contratan de este modo fraudulento. Somos muy críticos. Aquí en Valladolid nos han recibido pero nos dan largas. Se escudan en incompatibilidades y no van más allá. Cuando un ayuntamiento contrata a un grupo o a quince, no hay un concurso público, se da una excepcionalidad. La ley de los trabajadores y un real decreto de 1985 establecen una relación laboral entre las partes. Si hay incompatibilidad no es nuestro problema porque se incumple la normativa laboral y eso es más grave. Se saltan la parte más débil.

- ¿Esas ilegalidades se han normalizado?

- En todas las ciudades hay una fundación o similar para canalizar estas cosas. Hacen contratos temporales los que quieren. Te ofrecen contrato mercantil y te invitan a que una asociación te lo gestione. O sea, una ilegalidad. Si no quizá te dé de alta la empresa de sonido, por ejemplo. La reducción a lo absurdo fue una reunión con el alcalde de valladolid, Óscar Puente, concejales y técnicos de cultura diciendo que habían hecho cambiar los estatutos de esas empresas para que incluyeran contratación de músicos. Les parecía normal cuando era casi mafioso. Que den de alta a los músicos las empresas de sonido, que no los eligen ni organizan nada. No pueden hacer de promotores. Eso se llama cesión ilegal de trabajadores.

- ¿Hacen falta más organizaciones que defiendan los derechos de los músicos?

- Creemos que a quienes corresponde defender los derechos laborales es a los propios interesados. Nuestra responsabilidad es organizarnos en asociaciones. Tienen mala prensa, con razón en muchos casos, los sindicatos mayoritarios, pero los hay de muchos tipos. Estamos creando alianzas entre los más combativos. Creemos que es la manera de tomar los asuntos en nuestras manos y de defender nuestros derechos. No reclamamos que nadie ajeno pelee o por nuestros derechos sino que seamos cuantos más músicos mejor. Esto del sábado es para animar a músicos, técnicos cántabros a organizarse de la mejor manera posible.

- ¿En qué lugar queda la SGAE en todo esto?

- Va por otro lado. De todos modos, unos están en SGAE y otros no. Alguno incluso se ha presentado a algún cargo para intentar cambiarlo. Somos muy críticos con la entidad, tanto con los actuales como los anteriores gestores es un nido de malas prácticas. Ese «pendiente de identificar» que sale de los autores lo reparten entre ellos de una manera que no es democrática y no tiene sentido además que autores y editores estén en una misma sociedad gestionando esos derechos. Los sindicatos hemos decidido mantenernos al margen. No creemos que defienda los derechos de verdad de los autores.

-Aparte de este sábado en La Vorágine, ¿a dónde debe dirigirse un músico para informarse de todo esto?

- Lo primero es que quien tenga interés tenga un primer contacto. Ofrecemos información a la gente y que ellos y ellas busquen la mejor manera de organizarse. En Madrid primero sea creó un sindicato propio que por la deriva interna acabó muriendo y se han organizado dentro de CNT. En Barcelona se ha creado otro, con sus estatutos y funciona fenomenal. También en Valencia. O en Gijón con la Caja de Músicos. En Valladolid estamos en torno a CGT y es más una asamble abierta. La fórmula adecuada es la que busquen ellos mismos y vean dónde encaja.

- Una vez organizados, ¿por dónde tendrían que empezar a trabajar?

- Nos enfocamos es en los grandes festivales y la Administración. Si tú consigues que el Ayuntamiento de Santander contrate a la gente como marca la ley y aquellos organizadores que subvencione con dinero o con escenarios, les obligue en sus cláusulas sociales a presentar el alta en la Seguridad Social de todos los participantes,se conseguiría que el 80% de los espectáculos públicos de la ciudad estén regularizados. Eso haría bola de nieve e iría arrastrando al resto de espacios, salas, programadores, etc. La otra opción es acabar denunciando en la inspección de trabajo. La inercia administrativa es muy potente. Yo no creo que se mala fe de las personas, pero aunque les parezca razonable se encuentran con un muro burocrático para ponerlo en marcha. Como sindicatos tenemos que presionar más y depende de la capacidad de unirnos.

- ¿Se puede ser optimista?

- Tenemos que serlo, porque si no habríamos arrojado la toalla. Está pasando. Conseguimos que se retiraran varias bases de concursos de a cambio de nada ir a tocar, o el anuncio de Mahou de un pueblo que pagaba con cerveza...La presión mediática consigue cosas y objetivamente hemos conseguido mucho.