Menuda idea montar una banda

Menuda idea montar una banda

Nani Castañeda, batería de Niños Mutantes y gestor cultural, vuelve a los orígenes del grupo para contar, en primera persona, la aventura que supone dedicarse a la música

Nani Castañeda
NANI CASTAÑEDA

Habrá que empezar esta columna por algún sitio ¿no? Y a mí me parecía que ese sitio estaba claro, y esto es: ¿por qué demonios monta uno una banda de rock?

La verdad es que la respuesta fácil es tan sencilla como equivocada: para ligar, hacerse famoso y hacerse millonario. Si acaso alguna de estas tres posibilidades fuese a cumplirse, será, irremediablemente y en todos los casos, muchos años después de montar la banda, lo cual tiene la consecuencia lógica de que el 95% de ellas se han disuelto sin conseguir, por supuesto, ninguno de los tres objetivos.

Así que amigos (sobre todo amigos jóvenes que estéis leyendo esto; si lo estáis leyendo con más de treinta ya da igual…), olvidad esas tres razones si estáis pensando en dedicaros al rock, al pop, al trap o al trash metal. Si os pensáis dedicar a la música clásica o al jazz, podéis olvidaros de éstas e incluso de cualquier otra que podáis imaginar. El misterio de la Santísima Trinidad es más fácil de entender que las razones para dedicarse a ambos géneros. Perdón, que me desvío del tema.

En mi caso yo lo que quería era escribir. Siempre he querido escribir (imagino que por eso estoy afrontando esta columna que me ofrece El Diario Montañés), y cuando era adolescente, incluso en mi infancia, inventaba y escribía relatos que le leía a mis compis de pupitre. Algunos por entregas, que mis maestros me hacían leer a toda la clase semanalmente. Y en esas estábamos cuando con catorce años coincidí en mi instituto de Granada con una serie de locos adolescentes, que asombrosamente (de asombro por hacerlo, no por calidad) tocaban la guitarra, escuchaban a Loquillo, a los Clash, a 091 y Lagartija Nick y querían montar una banda de rock, como todos ellos.

Y hombre, seamos sinceros, eso con catorce o quince años suena de muerte y, efectivamente, lo primero que piensas es que vas a ligar, vas a ser famoso y te vas a forrar. Normal. Pero también, en mi caso y en el de mis compis musicales, se nos abría la puerta a poder escribir letras para ilustrar melodías y se nos abría la puerta del arte, una puerta que nos permitía a todos CREAR juntos (así, con mayúsculas), tener un proyecto común, hacer música que pudiera llegar a los demás y expresar nuestras inquietudes e ideas como nos diera la gana. Y sin duda, esta razón es la más poderosa que existe en el universo.

Aunque seas adolescente no eres un inconsciente, al menos no todo el rato (a ver, ¿podríamos fijarlo en un 90% del tiempo? Me parece justo) y sabes perfectamente que las otras razones, las primeras y pueriles, ni dependen de ti, ni se van a cumplir. Pero juntarte con tus amigos para tocar un instrumento y hacer canciones es real, nadie te lo puede quitar ni negar y vas a intentar cambiar el mundo con ellos y a través de ellas, porque si no lo intentas con quince años ¿cuándo?

Llegados a este punto, puedo asegurar y aseguro, que sigo sin haber conseguido ser millonario, la fama está muy lejos de mi realidad y he fo… perdón ligado, lo justo tirando a poco con esto del rock. Ahora bien, veintitantos años y diez discos después de comenzar, el placer de crear música con mis amigos y compañeros de aventura sigue poniéndome la piel de gallina y sigue siendo, si no el único (habría que incluir los conciertos y el proceso de grabación), sí el mayor placer y la razón más fuerte por la que monté y sigo en una banda de rock. No lo hagan por otras razones amigos, se equivocarán. Vive Le Rock!

 

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