BBVA admite que puede tener un «impacto económico» por el caso del espionaje

El expresidente de BBVA, Francisco González. /R. C.
El expresidente de BBVA, Francisco González. / R. C.

La remuneración de Francisco González fue de 5,5 millones en su último año de mandato al frente de la entidad, cuya dirección actual reconoce también el «riesgo reputacional» por la investigación abierta en torno a Villarejo

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Entre todos los riesgos que pueden afectar a BBVA durante este año -evolución de la economía, política de tipos de interés, conflictos judiciales-, la entidad ha reconocido por primera vez y de forma oficial que el caso del supuesto espionaje encargado al excomisario Villarejo se une a los problemas potenciales a los que tendrá que hacer frente. Por eso, y también de forma explícita, el banco apunta que ese tipo de prácticas «podrían tener un impacto negativo» que puede ser «reputacional» o «económico» para el negocio de la corporación.

Un mes después de que se filtraran las primeras informaciones acerca de los trabajos encargados supuestamente por el banco a la empresa de seguridad Cenyt -vinculada a Villarejo- para rastrear las vidas de empresarios, políticos y periodistas, para evitar el asalto accionarial de Sacyr Vallehermoso a la entidad, el banco plasma en su informe anual de gobierno corporativo la realidad del problema del espionaje. Aunque en todo caso relaciona sus futuras consecuencias a que se confirme la «contratación de actividades presuntamente irregulares».

Por ahora, BBVA no se ha visto inmerso en ninguna investigación judicial, porque no ha recibido constatación alguna de las demandas que iban a presentar alguno de los ciudadanos teóricamente espiados, como el exministro socialista y exdirector del Servicio de Estudios del propio banco, Miguel Sebastián, o la acción que iba a plantear la organización Manos Limpias. La corporación no tiene sobre la mesa «ninguna notificación» al respecto.

La entidad aclara a la CNMV en ese documento de obligada remisión al supervisor que sigue en marcha la investigación interna que ordenó el actual presidente, Carlos Torres, en colaboración con PwC, Garrigues y Uría para aclarar lo sucedido hace 14 años, cuando el expresidente del grupo Francisco González veía cómo podrían usurparle el poder si triunfaba la operación liderada por la inmobiliaria presidida entonces por Luis del Rivero. BBVA anticipa que «no es posible precedir el ámbito o duración» de ese análisis «ni su posible resultado» o «implicaciones» para el grupo financiero.

La constatación de esta contingencia llega dos semanas después de que el actual presidente, Carlos Torres, compareciera públicamente para presentar los resultados del banco en 2018. En esa comparecencia ya advirtió de que, a pesar de las voces que le instaban a actuar con su antecesor para evitar dañar la reputación de BBVA, afirmó que no iba a tomar «ninguna decisión hasta que termine la investigación».

Torres realizó una férrea defensa de González ante la polémica por la supuesta trama de espionaje. «Yo le creo», aclaró. E indicó que le tiene como «un guía y una referencia» en el trabajo que ambos han compartido en los diez últimos años. De sus conversaciones durante los últimos días, desde que varios medios comenzaran a publicar informaciones al respecto, González le habría transmitido a Torres que su conciencia «está muy tranquila». Porque, según le explicó, «no sabía nada de las irregularidades» que se han publicado.

Sueldos pasados y futuros

En el informe de remuneraciones remitido al supervisor bursátil, BBVA explica que Francisco González ganó 5,47 millones de euros en concepto de todo tipo de retribuciones (metálico y acciones del banco consolidadas) durante su último año de mandato al frente de BBVA. Así lo recoge el informe anual que la entidad ha remitido a la CNMV, donde detalla que el sueldo del expresidente de la corporación descendió en 2018 un 5,5% con respecto al ejercicio anterior.

Esta reducción se explica por el descenso de la parte variable que González tiene asignada en su remuneración, cuya cuantía fue de 2,64 millones de euros, un 20% inferior a la del año previo. Este descenso se explica porque el sueldo variable de González, así como de los ejecutivos del banco que cobran retribuciones, evoluciona en función de los resultados de la entidad, cuya trayectoria flaqueó en 2018 en territorios como Turquía o Argentina. BBVA lo reconoce en su informe al destacar que esos objetivos se sitúan «por debajo del establecido» inicialmente.

En el caso de la parte fija de salario, Francisco González mantuvo su sueldo en el entorno de los 2,47 millones de euros. Si a esta cuantía se suma la variable y los 1,41 millones de euros percibidos a través de acciones del banco correspondientes a 2018 de forma consolidada, la retribución roza los 5,5 millones frente a los casi 5,8 millones de 2018. Hasta el año pasado, González tenía acumulados, además, 79 millones de euros en su plan de pensiones forjado durante los 18 años que estuvo al frente del banco.

La política de remuneraciones de BBVA establece que el 40% del variable -unos 528.000 euros- los cobrará en el primer trimestre de este año; la mitad, en acciones, y la otra mitad en metálico. El 60% restante queda diferido y no se empezará a abonar hasta 2022, esto es, en un periodo de cinco años. El banco no solo no ha pagado esta cuantía a su actual presidente de honor, sino que además ese abono está vinculado a las cláusulas que pueden limitar o impedir el pago por posibles resultados negativos, malas prácticas u otras circunstancias. La entidad ha abierto una investigación interna para determinar la responsabilidad de González en el supuesto caso del espionaje encargado a la empresa de seguridad Cenyt para controlar a empresarios, políticos y periodistas ante el posible desembarco de Sacyr y otros socios en el accionariado del grupo en 2004. Del resultado de ese análisis dependerá la recepción de los fondos que le corresponden como expresidente.

La nueva cúpula

Por su parte, el recién nombrado presidente de BBVA, Carlos Torres, ganará una retribución fija de 2,45millones de euros, una cuantía que no puede incrementarse más de un 5% de media anual. Es el mismo sueldo que cobraba hasta ahora su antecesor en el cargo. Así será si lo aprueba la junta de accionistas del banco, que tendrá lugar el 15 de marzo en Bilbao.

En su condición de consejero delegado hasta el pasado 31 de diciembre, Carlos Torres obtuvo una remuneración fija de 1,96 millones de euros, la misma que en 2017, mientras que la parte variable se redujo un 15%, hasta los 2,4 millones de euros, como en el caso de González, por no alcanzar los objetivos fijados en BBVA en determinados países extranjeros donde opera. El grupo realizó una aportación a su sistema de previsión de 1,6 millones de euros, que corresponde a la aportación anual para la jubilación fijada en 2017.

En el caso del nuevo consejero delegado, Onur Genç, el consejo ha propuesto un sueldo de 2,18 millones de euros, a la espera de la validación de la junta. Además de un seguro por invalidez y fallecimiento, contará con dos remuneraciones complementarias fijas por su condición de alto ejecutivo internacional: una cantidad anual en efectivo, que sustituye a la pensión de jubilación, equivalente a un 30% de su retribución fija anual, y una cantidad anual en efectivo, como complemento de movilidad, que equivale a 600.000 euros anuales.

La retribución de Genç en 2018 se ciñió a su cargo como consejero delegado de BBVA Compass y responsable de BBVA en Estados Unidos. Por estas funciones generó una remuneración fija de 2,2 millones de euros, mientras que la parte variable correspondiente a 2018 se estableció en 980.000 euros.