Ana Julia: «Yo solo le tapé la boca, solo quería que se callara, no quería matar al niño»

Ana Julia Quezada declara en la audiencia de Almería este martes.

La acusada ha subrayado la buena relación con el pequeño desde que conoció al padre

CECILIA CUERDOALMERÍA

Ana Julia Quezada, acusada por la muerte del pequeño Gabriel Cruz, aseguró este martes ante el tribunal que la juzga que es inocente de la muerte del niño, y ha manifestado su intencion de no responder a las preguntas que formule la acusación particular. Durante los primeros minutos de su declaración, en los que no ha parado de llorar, ha señalado que tenía una buena relación con el niño, al que conoció en septiembre de 2017, una vez asentada la relación con su padre, Ángel Cruz.

Fue la primera vez que se pudo escuchar a Ana Julia Quezada relatar su versión de lo ocurrido aquella tarde del 27 de febrero de 2018 y durante los días posteriores de búsqueda traumática del menor. Su defensa sigue manteniendo su arrepentimiento y que todo «se le fue de las manos», ya que su única intención fue «acallar al niño» cuando éste empezó a insultarla al ser recriminado por jugar con un hacha. No quiso matarle. De ser así, aseguró su letrado, «hubiera sido una chapuza continuar al lado de la familia mientras se le seguía buscando».

Por el contrario, Quezada tuvo la oportunidad de ver la artillería pesada que esgrimió el abogado de la acusación particular, que se esforzó en dejar una primera impresión imborrable en la mente del tribunal popular, compuesto sobre todo por mujeres. Dibujó a un personaje perverso, en el que «no cabe mayor maldad» porque dejó a Gabriel agonizando durante casi una hora mientras se fumaba un cigarro, y luego le asfixió. Si su pretensión era simplemente acallarle tapándole la boca, como argumentó la defensa, «no le da la somanta de palos que le dio durante una hora».

«¿Quién se pone a pintar una puerta después de matar a alguien?», reflexionó, para exponer a continuación «la falta de escrúpulos brutal» mostrada por Quezada cuando «dormía a diario con el padre del niño que había matado, o animaba a diario a todo el mundo» asegurando que el niño aparecería. Una tesis que compartió la fiscalía, para quien «el niño no tuvo opción de salir con vida», ya que Quezada actuó «de forma consciente y a sangre fría».

«Solo quería que se callara»

Durante el relato de los hechos que acontecieron el día que desapareció Gabriel Cruz, Ana Julia Quezada ha contado «le dije (a Gabriel) que iba a Rodalquilar a ventilar la casa, que se viniera y se vino». Una vez allí, el niño entró en la vivienda «con un hacha en la mano» y ella le dijo: «Deja el hacha», pero el pequeño se negó y empezó a insultarla con comentarios como: «tú no me mandas que no eres mi madre», «eres fea, que tienes una nariz fea», «quiero que mi padre se case con mi madre» o «quiero que te vayas tu país».

Quezada ha admitido que en ese momento «estaba muy nerviosa y solo quería que se callara», por lo que su primer impulso fue taparle la cara con la mano y solo recuerda que cuando la quitó, el niño estaba en el suelo y ya no respiraba. «Le puse la mano en el pecho para ver si respiraba y no respirarba, me quedé bloqueada. Empecé a fumar como una loca, salia, entraba..», ha dicho la acusada. «Yo solo le tapé la boca, solo quería que se callara, no quería matar al niño, no quería matar al niño», ha argumentado. Entonces, decició deshacerse del cuerpo haciendo una fosa para enterrarlo.

Quezada ha roto a llorar cuando le han mostrado el hacha que supuestamente manejó Gabriel cuando entraron en la casa de Rodalquilar, aunque no recuerda si es ese exactamente porque piensa que era rojizo. Lo que sí ha reconocido ha sido la pala que utilizó para cavar la fosa. «Creo que es esa pala», ha dicho.

Más tarde, «fui a Rodalquilar a ver si podía decírselo a alguien. Llegué y había muchos familiares de Ángel y no pude, no pude decirlo. Ni a mi hermana se lo pude decir, que tengo máxima confianza. No pensé nada. Pensé que le había quitado la vida a un niño. ¿Cómo le digo yo a Ángel?», ha narrado Quezada.

Entonces se puso a pintar una lavadora y estaba en plena faena cuando recibió la llamada de Ángel, el padre del menor, explicándole que había hablado con la abuela del niño y no lo encontraba por ningún lado.

«Quería que me cogieran»

Cuando la fiscal le ha preguntado sobre la camiseta blanca de Gabriel que colocó y que fue clave para la investigación, Quezada ha relatado: «La cogí y me la metí en la mochila. Le dije de ir a Las Agüillas (a Ángel, padre de Gabriel). Yo coloqué la camiseta. Él se fue a ver un cortijo y yo aproveché para colocar la camiseta. Yo coloqué la camiseta porque quería que le encontraran, yo no aguantaba más. Quería que le encontraran». Insiste en que en que ella «lo único que sabía es que quería que me cogieran porque como no podía decirlo con mis palabras quería que me atraparan».

Posteriormente, «el domingo» (4 de marzo) según cree Quezada, «dejé a Ángel en Las Negras. Cogí a mi perrita y me fui a Rodalquilar. Tiré cuatro piedras a mi perra. Quito tablas, destapo a Gabriel y voy a coche. Cojo dos toallas, se las hecho por encima a Gabriel, lo cojo y lo meto en el maletero de mi coche y decido irme».

Ana Julia cuenta su estrategia tras desenterrar el cuerpo del niño. «Pensaba dejar el cuerpo de Gabriel en el garaje de la casa de Vícar. La finalidad era la de dejar a Gabriel en el garaje y subirme a casa. Escribir dos cartas, una para Ángel y otra para mi hija, explicándoles lo que había pasado y pidiéndoles perdón. Dejarle comida y bebida al perro y tomarme todos los medicamentos que llevaba y tumbarme en el sofá».

Turno de los testigos

Tras terminar la declaración de Ana Julia Quezada y de un receso de 15 minutos, se ha dado paso a las declaraciones de los testigos. El primero de ellos ha sido psicólogo clínico que lleva atendiendo a Patricia Ramírez desde el año 2017. Él ha asegurado que «Ana Julia cambia de registro el día de la gran concentración. Frente al escenario me dice: 'al niño le han matado, ya son muchos días'. Me dejó patidifuso«.

Sobre Gabriel, el profesional ha señalado que «era un niño especialmente correcto, con una estructura moral solidísima. Con una educación en hacer el bien». «No pretendía hacer nunca daño. Un niño de una nobleza excepcional, lo puede decir cualquier persona que le conociera», ha añadido.

La siguiente en declarar ha sido la hija de Ana Julia Quezada, Judit, que lo ha hecho por videoconferencia y no ha querido ver a su madre. «Ella me llamó y me dijo: 'ha desaparecido Gabrielillo, no le encontramos, estamos en la Comandancia de la Guardia Civil'. No me dijo más, fue escasa la conversación». Reconoce que nunca sospechó de su madre, «como comprenderá es mi madre», ha dicho, y que tanto Ana Julia como Ángel Cruz, con quienes hablaba «a diario» porque ella estaba en Burgos, le contaron lo mismo sobre el hallazgo de la camiseta de Gabriel. También recuerda que su madre «tenía un comportamiento cambiante».

Cuando se trasladó a Almería, uno de los días de la búsqueda, Quezada le pidió ir a la finca (donde Gabriel estaba enterrado), porque «allí siento paz», recuerda que le dijo su madre.

En respuesta a las preguntas de la acusación particular, Judit ha matizado que no tenía una relación cercana con su madre pero que intentaba estar «en las situaciones adversas». «Fui a Almería con todo mi corazón a ayudar en lo que podía», ha confesado antes de romper a llorar. También ha dejado claro que no ha tenido contacto con Quezada desde que entró en prisión porque «no me sienta bien», aunque la acusada lo haya intentado.

«Estaba enfadada»

La tercera testigo, una amiga de Ángel Cruz, ha explicado que, durante la búsqueda, Ana Julia y ella coincidieron con Sergio, la expareja de Quezada, y al notar cierta tensión entre ellos le preguntó a la acusada si pensaba que él sería capaz de hacerle algo al niño. «Ella me respondió: 'No lo sé, pero sé que odia a los niños'», ha dicho.

A preguntas del abogado de la defensa, la amiga del padre de Gabriel ha asegurado que Quezada estaba enfadada porque «no entendía por qué tenía que ocuparse ella del niño si el cuidado le tocaba al padre» y que Ana Julia «nos encaminó para pasar por la casa de Sergio (su expareja)».

Sergio ha sido, precisamente, el cuarto testigo en declarar. El ha contado que había acabado de comer cuando tres personas llamaron a la puerta de su casa, entre las que se encontraban Ángel Cruz y Ana Julia. Reconoce que se quedó «muy extrañado» porque Ana Julia «actuó como si no me conociera». Además, le dio la sensación de que le inculpaban cuando «hicieron el amago de irse» porque «Ana Julia le comentó algo a Ángel, que se giró y me preguntó si la furgoneta blanca era mía. Le dije que sí». Habían visto una furgoneta blanca en Las Hortichuelas cuando se perdió Gabriel.

En cuanto a la relación sentimental que mantuvo con la acusada, Sergio ha expresado que «al principio te da una imagen y luego cambia radical. En ese momento te das cuenta que miente, que es fría. No se puede pasar de ser muy simpática y parecer que te quiere a, de la noche a la mañana, desaparecer todo eso».

LAS FRASES

Supuesta arrepentida.
«Quería que me descubrieran porque no podía aguantar más ese secreto»
No había un plan.
«No pensé en nada, solo en que le he quitado la vida a un niño, al hijo de mi pareja»
Sin recuerdos.
«Estaba hasta arriba del diazepam que tomaba para limpiar mi conciencia»

La sesión ha vuelto a reanudarse a las 15:30, tras el parón para comer, cuando Juan Carlos R. J., amigo de toda la vida de Ángel Cruz, ha declarado como testigo, el quinto de la jornada. «Me extrañó mucho (que Gabriel se hubiese perdido). Los niños siempre están allí sueltos, no ha pasado nunca nada». A Ana Julia, sin embargo, la vio «muy normal, sin ningún remilgo, como si no hubiera pasado nada«, ha expresado.

A su declaración le ha seguido la de Sara F. R., sobrina del primo hermano de Ángel Cruz. Ella percibió que Ana Julia «estaba pendiente de Ángel, encima de él», aunque confiesa que en un primer momento estaba más pendiente del padre de Gabriel que de ella. Fue a partir del hallazgo de la camiseta cuando «mi cabeza cambia y algo en mí piensa que Ana tiene algo que ver en la desaparición de Gabriel. Cuando había que declarar, decía que se había caído, que le dolía un pie, después el otro…», ha contado.

La sobrina también ha destacado el hecho de que Ana Julia «en algún momento del día siempre quería ir a Rodalquilar (donde estaba enterrado el niño)». Con Sara F. R. ha terminado la declaración de los testigos a puerta abierta.

Patricia Ramírez, madre de Gabriel Cruz, llega a la Audiencia Provincial de Almería.

A puerta cerrada

Patricia Ramírez llegó a la Audiencia Provincial de Almería sobre las 11:00 horas. Lo hizo andando desde el Paseo de Almería y acompañada del psicólogo clínico que la trata desde 2017. Llevaba gafas de sol y una camiseta con dibujos de peces, en recuerdo a su hijo. Ella ha sido la primera en declarar como testigo en el juicio a puerta cerrada. Su testimonio ha comenzado sobre sobre las 16:20 horas.

Después lo ha hecho el padre de Gabriel, Ángel Cruz, que ha llegado a la sede judicial acompañado de su madre, la abuela del pequeño y que también tiene que declarar, y dos familiares más, menores de edad, una de ellas su prima, también llamada a declarar.

Este miércoles será el turno de los siete guardias civiles que llevaron a cabo la investigación y participaron en la búsqueda del menor.

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