Una escapada de leyenda

Una escapada de leyenda
Roberto Ruiz

La villa de Liérganes, de las más bonitas del país, atrae a miles de turistas gracias a su patrimonio, sus mitos y sus churros con chocolate

JAVIER GANGOITI Lierganes

Todos los pueblos tienen algo. Una torre, una playa, una estatua, una catedral o un plato al que nadie puede resistirse. Otros son un atractivo en sí mismos: por sus muros, su suelo adoquinado, su historia o, simplemente, por la magia que desprenden sus avenidas. Ninguna villa, por diminuta o perdida que esté en el mapa, infringe esta ley no escrita del turismo en España. Todas aportan un atractivo al erario callejero del país, si no el mayor, uno de los más ricos de todo el mundo.

Esa medalla no luce en vano. Son muchas las localidades que aportan no uno sino varios reclamos a la hacienda turística. Cuando esos encantos residen en la enorme belleza arquitectónica del pueblo y en los churros con chocolate caliente, entre otros, no hace falta escuchar mucho más para coger el coche, el tren o el autobús y ponerse en marcha. Ese lugar existe y se llama Liérganes. Situado en el suroeste de la comarca de Trasmiera, a media hora desde Santander, este pueblo es una de las paradas obligatorias del turismo en Cantabria. Con razón no cesan los grupos de gente que bajan en la estación de tren, ni el sonido de los obturadores de todas las cámaras inmortalizando su núcleo urbano. Nadie quiere perderse un detalle de este pueblo milenario, cuya huella se remonta al menos hasta el año 817. Casi nada.

Basta cruzar el río Miera, que limita la ubicación de la villa a lo largo del valle, para empezar a apreciar los motivos de su éxito como destino turístico. No hay nada que perderse. Lo saben bien todos aquellos que desenfundan el plano cada dos minutos, los mismos que terminan teniéndolo desplegado todo el rato por mera economía muscular. No hay un rincón de Liérganes que carezca de historia. Puede que sea un pueblo pequeño, pero la guía es fundamental para no pasar por alto ningún detalle. Forma parte del selecto club de los 'Pueblos más bonitos de España' desde 2016, y cuenta con un núcleo urbano de interés histórico-artístico nacional desde 1978. Son muchos los reclamos que han contribuido a este honor.

Cuando esta localidad era distinguida por su riqueza en hierro y su trabajo con este metal, durante los siglos XVII y XVIII, el desarrolló económico de Liérganes permitió un crecimiento de la villa sin precedentes. Prueba de esa prosperidad permanecen barrios como El Mercadillo, donde las familias acomodadas dejaban constancia de su orden social a través de vistosos escudos en sus casas de piedra; la iglesia de San Pantaleón, un edificio gótico ubicado al sur del pueblo; y hasta el balneario. Existen noticias del uso de las aguas de la 'fuente santa' de Liérganes desde 1670.

Ysi, además de la belleza de la villa, sus habitantes son herederos de una de las tradiciones hosteleras más suculentas de Cantabria, la visita puede prolongarse durante varias comidas. O meriendas. Precisamente uno de los grandes atractivos de esta localidad es el chocolate con churros, una especialidad que dominan en todos los establecimientos. Ni siquiera el calor del verano impide que los turistas se rindan a este aperitivo. Entre los dulces y la arquitectura clasicista de centurias pasadas, normal que este pueblo atraiga a miles de visitantes durante todo el año.

Daniel Agudo dirige uno de los locales más populares de la localidad en esta especialidad. Con casi cincuenta años de experiencia a sus espaldas, ni siquiera él sabe datar el origen de esta dulce tradición. «Tal vez su popularidad se remonte a la época en que Alfonso XIII pasaba en Liérganes las vacaciones, pero son sólo conjeturas», indica el dueño en mitad del ajetreo y de las comandas de churros con chocolate. Es una música que no cesa en el local, «sobre todo después de la hora de comer».

Serán muchos más a lo largo del día, de la semana y del verano. Liérganes se convirtió desde hace tiempo en el destino perfecto para veranear o realizar una escapada. Salvo el hombre pez, que abandonó la villa sin dejar rastro a finales del siglo XVII, nadie más ha cometido el error de abandonarla y no volver. Siempre hay alguien fuera de lo común. Lo normal en los pueblos de leyenda.

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