Colindres, un siglo como astillero real

Zona en la que se ubicaba el Real Astillero de Falgote./Luis Gutiérrez
Zona en la que se ubicaba el Real Astillero de Falgote. / Luis Gutiérrez

En la atarazana de Falgote se construyeron hace 400 años galeones para la Corona Española

IRENE BAJO COLINDRES.

El municipio de Colindres celebra este año un aniversario especial que forma parte del pasado real de los astilleros de Falgote. La villa contó desde 1475 con una instalación que pasó a trabajar para la Corona Española en el año 1618, por orden del rey Felipe III. Se ha cumplido, por tanto, el 400 aniversario del inicio del servicio al país en la construcción de grandes galeones para la Armada. Breve fue la actividad de esta atarazana para la Corona -apenas un siglo- pero su aportación a la historia no fue baladí, dado que sobre el lecho de la ría se construyeron los mayores navíos de la época.

En ese año, el monarca apreció que había mermado mucho la flota naval de España y contactó con el Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar para acordar la fabricación de galeones destinados a la Corona. Felipe III mandó que se construyeran estas grandes galeras en el lugar de Falgote, en Colindres, que pasó a ser astillero real.

Detalle del libro 'El arte de fabricar reales'.
Detalle del libro 'El arte de fabricar reales'. / L. G.

La situación estratégica de Colindres, las circunstancias de la ría y su entorno boscoso, hicieron del municipio un lugar ideal para la fabricación naval, especialmente galeones para la Armada del Océano y la Carrera de Indias. En la ría de Colindres había estuarios y ensenadas que servían como base o emplazamiento para la construcción de naves y se creía que era un entorno bien protegido a los ataques de las armadas extranjeras, al tiempo que la abundancia de bosques proveía de materia prima para la fabricación de estas embarcaciones. De hecho, la producción naval denostó la práctica totalidad de los bosques de la zona.

En Colindres se crearon los dos galeones más grandes de la época

La otra cara de la moneda fue la emergente economía que se originó a su alrededor, ya que la construcción de los galeones necesitaba de la fabricación de otros elementos constructivos, como anclas, tornillos o artillería. Surgieron, por tanto, otros negocios a su alrededor como las ferrerías -en Guriezo-, la fábrica de cañones de La Cavada, o una factoría de anclas en Marrón (Ampuero), quedando aún vestigios de esta actividad en el Santuario de La Bien Aparecida, donde se pueden ver expuestos varios anclas en los exteriores.

Para la construcción de estos galeones se desplazaron hasta Colindres los mejores artesanos, ingenieros y arquitectos navales de la época, además de trabajadores de distintos gremios, al objeto de supervisar el Real Astillero de Falgote.

La Capitana y La Almiranta

Una de las razones por las que destacó el Real Astillero de Colindres fue por la construcción de los dos galeones más grandes de la época: La Capitana, 'Nuestra Señora de la Concepción y de las Ánimas' y La Almiranta, 'Santísima Trinidad'.

De La Capitana, el galeón más célebre construido en Falgote, se construyó sólo hasta la segunda cubierta debido a que la ría no tenía suficiente calado para soportar el peso de una construcción tan mastodóntica. La mítica embarcación tenía 90 cañones y arqueaba alrededor de 1.300 toneladas, mientras que La Almiranta, que era todavía más grande, arqueaba unas 1.600 toneladas. Este último galeón de guerra era considerado como el Titanic de la época, pero La Capitana era un barco principal, al que seguía el resto del convoy.

Representación idealizada del astillero.
Representación idealizada del astillero. / L. G.

Otro vestigio importante que ha dejado una muesca en la historia de Colindres y del Real Astillero de Falgote es la existencia de documentación de la construcción del galeón La Capitana, un testimonio legado por un joven aprendiz llamado Antonio Gaztañeta. La importancia de esta herencia reside en que, en aquella época, no había gráficos o textos para conocer el modo de construcción de las embarcaciones, dado que se realizaban por maestrías, mediante la experiencia y sabiduría del artesano, y no había planos. Además, el encargo de las naves era secreto de estado y no interesaba que las armadas de los enemigos supieran como se fabricaban los galeones y copiaran el modelo de uno de los mejores barcos que navegaban los mares entonces.

Cuando hasta la fecha apenas existía documentación sobre la construcción de estos navíos, Gaztañeta llegó a Colindres y tomó medidas, grabados y textos de la construcción de La Capitana. Todo ello quedó plasmado a posteriori en el libro 'El arte de fabricar Reales'.

El final de la construcción naval en Colindres sobrevino después de un siglo de actividad, motivado por la propia orografía del terreno. Los galeones se construían en una especie de isleta en medio de la ría a la que se accedía por una pasarela. Para botarlos se iba retirando la tierra bajo el navío y de esta manera fueron colmatando el lecho de la ría y quedó obsoleto el astillero. De esta forma, Guarnizo tomó el relevo de la construcción naval, fabricando ya navíos de línea.

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