Juan Carlos Fernández deja Campoo tras once años de labor pastoral

Juan Carlos Fernández, en una de sus últimas eucaristías en Matamorosa. /JL Sardina
Juan Carlos Fernández, en una de sus últimas eucaristías en Matamorosa. / JL Sardina

El sacerdote y arcipreste de Montesclaros será, por encargo del obispo, el nuevo delegado para el clero en Cantabria

JL SARDINA

El responsable del Arciprestazgo de Nuestra Señora de Montesclaros (Campoo e Iguña) y párroco de nueve localidades de los municipios de Campoo de Enmedio y de la Hermandad de Campoo de Suso, Juan Carlos Fernández Ruiz, se despidió el pasado domingo, de sus feligreses, tras once años de labor pastoral en Campoo. Fernández ha sido nombrado delegado para el clero y párroco de Ajo y Arnuero por el obispo .

«Cuidar y atender a cerca de 214 sacerdotes de la diócesis, de los cuales más de un centenar tienen más de 70 años, en su dimensión humana, espiritual, intelectual y pastoral, es una gran responsabilidad que armonizaré, como párroco de las iglesias de Ajo y Arnuero», explica Fernández.

Nació en 1972 en San Martín de Quevedo, localidad del municipio de Molledo. Con 14 años formó parte de un grupo numeroso de adolescentes que entraron en Corbán, continuando los estudios de filosofía y de teología y pastoral. El 30 de junio de 1996 fue ordenado sacerdote, en la Catedral de Santander, por el Obispo José Vilaplana, con otros tres compañeros más. «Dos meses más tarde me destinaron como coadjutor a Castro Urdiales, donde me ilusioné, recuerda, con los jóvenes de la parroquia, junto con el párroco y, un grupo de matrimonios, que me enseñaron a ser un cura entregado».

A los dos años en tierras castreñas, el obispo le pidió llevar, apunta Fernández, las parroquias de Guriezo, Agüera y Oriñón, ya que el anterior sacerdote había fallecido. «Fue mi primer destino cómo párroco donde experimenté la responsabilidad de llevar una parroquia trabajando en todos los campos de la pastoral, con niños, jóvenes, matrimonios, familias y personas mayores, haciendo mejoras en los templos, visitando a los enfermos y personas que vivían solas». Fueron seis años de entrega y donde palpé mucha ilusión en aquellas comunidades. Después el obispo José Vilaplana me trasladó al Seminario diocesano de Monte Corbán como formador de los seminaristas mayores y responsable del seminario menor con familias. Tres cursos intensos y llenos de actividades con jóvenes inquietos vocacionalmente y sus familias, apostilla Fernández.

En agosto de 2007, Fernández tomó posesión como párroco de Matamorosa, Bolmir, Celada Marlantes, Cervatos, Fombellida, Retortillo y Villaescusa de Solaloma, todas ellas localidades del municipio de Campoo de Enmedio. Tres años más tarde, le retiran las parroquias de Fombellida y Celada y le añaden las de Fontecha, Aradillos, Nestares (Campoo de Enmedio) y, las parroquias de Izara y Suano (Hermandad de Campoo de Suso).

«Sensibles por dentro»

«Al llegar a Matamorosa me tocó vivir en un piso de alquiler que pagaba la parroquia ya que la casa parroquial en el casco antiguo del pueblo estaba en muy mal estado. Con el apoyo del Obispado se decidió recuperar la casa y restaurarla en su totalidad y, en febrero del 2011, me trasladé a vivir a ella», explica Fernández.

Aunque aún le paraliza recordarlo, Fernández sigue dando gracias a Dios por ello. El 5 de febrero de 2012, en plena eucaristía, celebrada con motivo de la festividad de Santa Águeda, se desprendió parte de la bovedilla de ladrillo del techo de la iglesia nueva de Matamorosa. La iglesia estaba prácticamente llena y el susto fue tremendo, además varias personas resultaron heridas, pero hubo gente accidentada, pero «gracias a Dios todo se solucionó». Además, explica, «la Diócesis volvió a apoyarnos económicamente rehaciendo todo el techo interior del templo». A lo largo de todo un año se utilizó la iglesia antigua, que también se había restaurado con anterioridad en su integridad, para los oficios religiosos.

«A lo largo de estos once años me han tocado conservar y restaurar parte del patrimonio de los pueblos de los que he sido sacerdote. El Obispado, la Consejería de Cultura, el Ayuntamiento y los vecinos me han apoyado en todas obras y me voy sin dejar deudas. Quizás los vecinos de Campoo no han aportado mucho dinero en estas obras, pero si muchos de ellos han trabajado la piedra, la madera, la pintura y el hierro de forma gratuita», reconoce.

A partir de su marcha, Matamorosa y sus nueve pueblos van a ser administrados por el sacerdote Carlos Gangas, natural de Reinosa y párroco de numerosos pueblos de Campoo, que se va hacer cargo de los mismos, con el apoyo de algún sacerdote más que venga de Santander, hasta mediados del próximo año.

Fernández agradece todo el cariño recibido, «que es mucho», además del «apoyo y colaboración que a lo largo de estos once años he encontrado en cada una de las comunidades». «Quiero pedir perdón por mis faltas de paciencia, sobre todo, si alguna persona se ha sentido herida por mis palabras o comportamiento. En el nombre del Señor vine, sin pedirlo, y de la misma manera, sin pedirlo, en el nombre del Señor me voy a otra parte de nuestra región de Cantabria, para seguir anunciando el Evangelio».

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