Con el deporte en los genes

La familia Simón Coloret lleva el deporte y la competición en los genes :: josé compostizo/
La familia Simón Coloret lleva el deporte y la competición en los genes :: josé compostizo

El Club Balonmano Astillero unió a Silvia Coloret y José Andrés Simón, su historia de amor forjó una saga de campeones también en el mundo del Karate

José Compostizo
JOSÉ COMPOSTIZO

El deporte ha jugado siempre un papel fundamental en la historia de amor que comparten los astillerenses Silvia Coloret (51 años) y José Andrés Simón (52). Su pasión por el balonmano los unió desde la adolescencia y, tras 27 años de feliz matrimonio y dos hijos en común, siguen siendo unos apasionados por este y otros deportes como modelo de vida. El secreto de Silvia y José Andrés fue un flechazo al calor de una de las etapas de la biografía más brillante del balonmano astillerense, un deporte que marcó sus primeros años como pareja en un relato digno de dar a conocer y que tiene su propia moraleja, dentro de una saga familiar de campeones deportivos, aunque de distinta índole.

Silvia, que jugaba de central, fue una de las jugadoras del club astillerense que abrió la veda del equipo de balonmano femenino en el municipio. Además, disputó varios encuentros a nivel nacional con la Selección Cantabra, siendo su entrenador Luis Morante. Motivos laborales la obligaron cierto tiempo después a dejar la práctica de su deporte favorito.

Por su parte, Simón, que era extremo izquierdo, también jugó en el Club Balonmano Astillero, su puesto, el extremo izquierdo, también pasó por el Teka Salesianos, durante una temporada, antes de retirarse con tan solo 22 años por culpa de una luxación de hombro recidivante. «El balonmano era mi ilusión. Tenia y sigo teniendo espíritu deportivo, así que todo era pensar en el balonmano», comenta.

El hijo, Omar Simón es campeón de España junior y Sub 21, cinturón negro y tercer DAN

Después de aquella lesión en el hombro no volvió atener relación con ese deporte: «Mi carácter no valía para eso. Porque estaba a tope o no estaba. No andaba a medias tintas», añade. «Se vivía en una época que el deporte rey era el fútbol, jugaban casi todos los chavales del pueblo, pero nosotros conseguimos que en El Astillero, también se hablase de balonmano, la prueba estuvo en que después se llegó a jugar en Primera División», cuenta Simón, que sus primeros entrenamientos los realizó en la pista de La Planchada «detrás de la escuela», explica.

Por su parte, Silvia, recuerda aquella época como una etapa «muy bonita». «Había buen rollo entre todas, era todo perfecto. Recuerdo mucho los viajes en bus, no nos hacían falta ni las verbenas. Ahora con el paso de los años y las nuevas tecnologías tenemos hasta un grupo de wassapt de todas las que jugábamos en aquellos años», explica Silvia.

En su infancia vivía en la calle Tomás Bretón, justo enfrente de las pistas del Redondel, donde se disputaban los partidos Así que con 12 años, junto a unas amigas, se animó a apuntarse. «Éramos bastante buenas, lo decía la gente que entendía de balonmano», subraya. Esto lo confirma su marido: «Siempre fueron un poco por delante del resto. Coincidieron un grupo de niñas que tenían un nivel bastante semejante y muy alto, así que marcaban la diferencia», sentencia.

La hija, Saray Simón, es campeona de España de Kumite junior cinturón negro y segundo DAN

Al igual que la pasión por el balonmano les unía, la admiración también era mutua entre ellos, en aquellos años. No era extraño que Simón fuera a ver los partidos de Silvia y viceversa. «En los desplazamientos no podíamos ir en el mismo autobús, pero íbamos en coche, vaya de alguna manera, pero al final siempre nos veíamos en la pista, era una forma más de convivir», cuenta él. En sus ratos de ocio, al principio, su lugar de reunión «era la casa de Moli, allí nos juntábamos muchos chicos y chicas», comentan al unísono. Según recuerda Silvia «cuando no teníamos partidos algún fin de semana hacíamos rutas con los demás compañeros y con Molino». Posteriormente llegó la discoteca «cogiamos el autobús en el ambulatorio viejo e íbamos al Borgia, era lo que había», añade Simón. Acabaron casándose en 1992 y tuvieron dos hijos, Omar y Saray.

Pero ninguno de los dos siguió los pasos de sus progenitores. Ambos se decantaron por las artes marciales. «Omar, en un principio se pensó que era hiperactivo -que luego no fue así-, pero como ya había empezado en un gimnasio le dejamos que siguiese, posteriormente le siguió su hermana y, mira hasta donde llegaron en el karate», comenta su padre.

Y no fue exactamente el karate por donde comenzaron su brillante carrera como deportistas. «Su etapa inicial fue haciendo Kung-fu, pero no estamos muy de acuerdo con los planteamientos de su profesor y, posteriormente, decidimos llevarlos al Gimnasio Mente que dirige Aquilino Mendoza y ahí han estado muchos años compitiendo hasta que decidieron abandonar el deporte por motivos de trabajo y estudios», reconoce la madre.

Y es que Omar posee el cinturón negro tercer DAN y primer DAN de Goshen policial. Además de ser campeón de España limite cadete, subcampeón de España junior y Sub21 en dos ocasiones, doce veces campeón de Cantabria y dos de Asturias. Habiendo sido seleccionado por la Federación Española de Karate para el Campeonato de Europa y del Mundo en la categoría cadete y junior.

Por su parte, Saray, es cinturón negro segundo DAN, pose el titulo de campeona de España de kumite en la categoría cadete y junior, así como el subcampeonato de España junior por equipos, siendo además, dos veces campeona de Cantabria y cinco de Asturias. También fue llamada por la selección española para competir en el campeonato del mundo junior. Ahora, tanto él como Silvia siguen viendo partidos por televisión, aunque pocas veces acuden al Pabellón de La Cantábrica a disfrutar del balonmano. «Algo de gusanillo siempre queda», asegura Simón. Lo que no deja Silvia es de aportar su granito de arena al que fuera entrenador de sus hijos, Aquilino Mendoza, en cualquier evento que se organice de karate. «Es que tanto años viendo a los hijos competir engancha, es mi segundo deporte», subraya.

La moraleja: lo que unió el balonmano astillerense, en el caso de Silvia y Simón, ya no lo separa nadie.