Medio millón para restaurar los terrenos de la variante de Comillas anulada por los tribunales

El consejero José María Mazón, en las obras de la variante en junio de 2009, antes de su paralización./Celedonio
El consejero José María Mazón, en las obras de la variante en junio de 2009, antes de su paralización. / Celedonio

La Consejería de Obras Públicas contrata a la empresa Tragsa para terminar de cumplir la sentencia que detuvo las obras en 2010

Gonzalo Sellers
GONZALO SELLERSSantander

La anulación en los tribunales de la variante de Comillas, hace ya ocho años, sigue teniendo repercusiones en las cuentas de la Consejería de Obras Públicas. Después de ver cómo los jueces suspendían uno de los proyectos estrella de aquella legislatura, con la que el bipartito pretendía evitar los atascos que sufre la villa, sobre todo en verano, y reducir el tráfico por el casco urbano, José María Mazón se ha visto obligado ahora a destinar 494.000 euros para devolver a su estado natural los terrenos afectados por las obras antes de que se detuvieran los trabajos.

Fue entre los años 2008 y 2011 cuando Obras Públicas y Vivienda puso en marcha un plan de choque para mejorar la red de carreteras autonómicas, que incluía la construcción de la llamada variante Este de Comillas, un tramo nuevo de la CA-135 entre Cabezón de la Sal y la villa marinera con un coste de 7,7 millones de euros. El proyecto fue aprobado en el Consejo de Gobierno del 1 de marzo de 2007 y comenzaron los trámites para unas obras que no tardaría en encontrarse con obstáculos en los tribunales.

En mayo de 2009, el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) decidió paralizar cautelarmente los trabajos en aquellas zonas que pudieran afectar al espacio protegido como lugar de interés comunitario y al patrimonio cultural. Y un año después anuló todo el proyecto debido a su impacto medio ambiental, por el daño que podría causar al patrimonio arqueológico y porque vulnera el Plan de Ordenación del Litoral.

La sentencia recogía que, desde el año 2000, el Gobierno de Cantabria sabía que si construía una carretera con ese trazado dañaría el entorno de las cuevas del Portillo y la flora y la fauna del lugar, entre la que existen especies protegidas, el arroyo Gandarias y el bosque de ribera, porque la propia Administración había dejado constancia de ello en un informe de impacto ambiental redactado en esa fecha. Los magistrados explicaron que el Gobierno, alegando modificaciones «cuya existencia no ha sido constatada por el Tribunal», optó por un trazado que igualmente atenta contra el espacio natural.

El Ejecutivo recurrió el fallo, pero el Tribunal Supremo siguió sin darle la razón en 2013, por lo que Obras Públicas tuvo que tirar a la papelera el proyecto de la variante de Comillas. Fue «un día duro y malo», como en su día lo definió Miguel Ángel Revilla.

Para terminar de cumplir esa sentencia, el Gobierno pagará ahora 494.000 euros para revertir las obras que se llegaron a hacer en su día. En el anuncio publicado hoy en el Boletín Oficial de Cantabria (BOC), la Consejería detalla que antes de la paralización de los trabajos, se había ejecutado el desbroce de un tramo de dos kilómetros de la carretera, así como del ramal de acceso a un camino vecinal. Por otra parte, se había hecho uso parcial de un depósito de tierras para el desmonte y un muro de escollera de contención. Tragsa, empresa que llevará a cabo estos trabajos, deberá devolver toda la zona afectada a su estado natural.

Ya hace cinco años, Ecologistas en Acción exigieron «la restitución de los lugares y ecosistemas afectados a su estado original, las labores necesarias de restauración ambiental y del paisaje con la corrección de los impactos que se hayan producido con los movimientos de tierras, rellenos, vertidos y alteraciones edafológicas, hidrológicas y forestales en el trazado de la variante, y las garantías de conservación y protección efectiva de la fauna silvestre de insectos, reptiles, aves o mamíferos del excepcional corredor fluvial del arroyo Gandarias y el sistema kárstico asociado».

Ocho años después de este varapalo, el Ayuntamiento de Comillas proyecta ahora construir dos viales que supongan la circunvalación completa de la villa, con el objetivo de que los vehículos no tengan que atravesar el centro urbano de la villa modernista para acceder a las carreteras que dan acceso a municipios como Ruiloba, la playa de Oyambre o San Vicente de la Barquera.

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