«Había ratas muertas flotando en el agua»

Dos empleadas del centro estético de pies y manos Idaivan, en Santander, recogen agua con fregonas y cubos./DM
Dos empleadas del centro estético de pies y manos Idaivan, en Santander, recogen agua con fregonas y cubos. / DM

Las fuertes tormentas en Santander inundan negocios de la calle de la Enseñanza y la Plaza de la Leña | Cortefiel ha tenido que achicar 25 centímetros de agua «que se había colado por los escaparates»

Rafa Torre Poo
RAFA TORRE POOSantander

«Anoche era un auténtico río», explica Juan, un viandante que camina por la calle La Enseñanza de Santander. «El problema es que cuando hay tormentas tan fuertes esta zona tan 'pindia' y las de al lado hacen embudo». Montse, de la floristería del mismo nombre, da fe mientras relata la estampa que se ha encontrado cuando ha acudido a primera hora para montar el puesto que tiene junto a uno de los laterales del Ayuntamiento. «Había ratas muertas por el suelo flotando en el agua», cuenta.

La estampa habitual de cada mañana se ha visto alterada por muchos negocios que no han abierto al público. Sus dueños y empleados han tenido que achicar el agua que había dentro. La responsable de estas molestias ha sido la fuerte tormenta que desde última hora de anoche ha azotado la región. La capital cántabra no ha sido la zona más afectada. Desde las once de la noche de ayer hasta las ocho de la mañana de hoy, los bomberos han atendido ocho incidencias y se han desplazado hasta otros municipios limítrofes para dar cobertura.

Un par de alfombras de grandes dimensiones, completamente mojadas, colgaban de las vallas de las obras que hay frente a Cortefiel. Dentro, la suciedad del suelo, indicaba que el agua había campado a sus anchas. Por la noche, aquí se formó «una piscina». «Cuando llegamos a primera hora nos encontramos con más de 25 centímetros de altura», relata Arancha, la encargada de la tienda. «Hemos abierto una hora tarde (a las once la mañana), porque hemos tenido que sacar el agua», añade.

Unos metros un poco más arriba, continuando por la calle de La Enseñanza, el panorama era similar. Sandra, propietaria del Centro de Estética Idaivan, sacaba con ayuda de dos empleadas, el agua que quedaba después de que los bomberos hubieran evacuado la mayor parte. «Lo peor es que hoy no vamos a poder abrir, y vete a saber cuándo lo podremos hacer», se lamenta. Sobre todo por los daños que ha podido sufrir el local. «Aún tengo que valorar los averías eléctricas, las paredes son de pladur...», explica esta propietaria que no había visto nada igual en el año y medio que lleva al frente del negocio.

«No me atrevo a conectar los aparatos», explica la dueña de la cerrajería La Llave

«Aquí siempre pasa lo mismo, sobre todo si coincide con alguna marea alta», comenta la dueña de la cerrajería La Llave. «La última vez la tapa de la alcantarilla saltó por los aires y parecía una fuente luminosa», describe mientras fuma un cigarrillo a la entrada de su local. Tampoco puede atender a los clientes que se acercan a preguntar. «No me atrevo a conectar los aparatos eléctricos», sentencia. En su opinión, el riesgo de inundaciones en su local (y en los de al lado) «ha aumentado desde que rebajaron las aceras para las personas con discapacidad, ahora el agua lo tiene mucho más fácil».

La propietaria del la cerrajería La LLave señala hasta donde le llegaba el agua cuando abrió la puerta de su negocio.
La propietaria del la cerrajería La LLave señala hasta donde le llegaba el agua cuando abrió la puerta de su negocio. / DM

Los establecimientos y locales comerciales que se han salvado lo han hecho porque tenían los bordillos de entrada algo más elevados. Aunque el agua no se ha colado sólo por debajo de las puertas. «Aquí lo ha hecho por las pilas de los fregaderos y del lavavajillas», cuenta Roberto, dueño del bar Sin Vueltas ubicado en la Plaza de la Leña. También ha tenido que trabajar a destajo. «Éramos cinco achicando y hemos conseguido tener todo listo a las ocho, pese a que abrimos una hora antes».

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