Restaurado el reloj de los carmelitas, que da las horas desde hace un siglo

Restaurado el reloj de los carmelitas, que da las horas desde hace un siglo

Carlos Herrero y su equipo han puesto en marcha la veterana máquina del tiempo que fue instalada en el siglo XX. Su mecanismo lo controla ahora una central por GPS

Juan Carlos Flores-Gispert
JUAN CARLOS FLORES-GISPERTSantander

Al viejo reloj, de finales del XIX, de la iglesia de los carmelitas de Santander le daba cuerda el padre Benjamín, cercano ya a los 90 años. Hasta que la edad se lo impidió. Llevaba tiempo parado y debido a la rotura de una esfera y al estar el campanario al aire libre, la entrada de palomas, la intemperie y los excrementos habrían dejado al veterano reloj en pésimo estado.

Llegó el momento de intervenir. Y lo ha hecho el relojero Carlos Herrero, quien mejor conoce los relojes históricos de Santander. Ha restaurado el de Correos, el de la iglesia de Santa Lucía y el del Ayuntamiento, entre otros. Su labor también ha sido constante por las iglesias de Cantabria y de otras comunidades vecinas. Ello le ha proporcionado una experiencia y renombre suficientes para que las órdenes religiosas y las entidades civiles confíen plenamente en él. Su trabajo se basa en el respeto máximo a la historia, manteniendo en marcha todo lo que se puede. Y conservando para museo las piezas primigenias que ya no pueden servir. Nada va a la basura, todo se conserva, es su lema.

Los toques de las campanas

«Nuestra primera misión en la torre de los carmelitas -cuenta- fue adecentar y limpiar los tres pisos del campanario. Los excrementos y restos de palomas lo llenaban todo. Y acabar con la plaga de pulgas». Herrero recuerda que «nos ofrecimos a repararlo instalando una central que gobierna el reloj y las campanas, controlada por GPS y con memoria en caso de corte de corriente; cambio de horario invierno-verano automático, silencio nocturno, toques especiales, etc».

Hay una polémica en el barrio, porque los vecinos consultados no se ponen de acuerdo en los toques: unos quieren por el día y la noche, otros solo de día, otros más suave o incluso que no suene nunca, por tener familiares enfermos. Entre tanto se concilian las opiniones, la restauración se ha llevado a cabo.

«Hemos instalado una esfera (la que da a la calle de Lope de Vega) de metacrilato translúcido, de tamaño idéntico al original, con 118 centímetros de diámetro. Las cifras miden 19 centímetros de alto. Será casualidad, pero son iguales que las del reloj de la Puerta del Sol de Madrid». En la restauración se ha cuidado todo, «las agujas son especiales para instalaciones cerca del mar», como es el caso de esta iglesia, desde cuya torre se ve con claridad la bahía de Santander.

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De momento se ha reformado lo principal, el mecanismo y la esfera de la cara sur. «La idea es, una vez que ya hemos puesto el equipo principal, ir, con el tiempo, sustituyendo las otras esferas y agujas, a medida que la economía lo permita», destaca Carlos Herrero.

Porque todos han puesto de su parte para que esta obra de arte e historia (eso son para Herrero los relojes de las iglesias) se conserve. «Gracias al interés de la parroquia y al padre Francisco Javier, y al nuestro personal (Herrero y equipo) por reparar el reloj de tan emblemática iglesia, se ha conseguido. Hemos presupuestado menos de una tercera parte que otras ofertas que se presentaron. Solo se han cubierto los gastos, pero se ha conseguido lo que se pretendía, mantener el patrimonio santanderino».

Un templo de 1904

La iglesia de los Carmelitas de Santander fue restaurada entre 2013 y 2014 por la empresa santanderina Juncalmar. La fachada abandonó su color oscuro y, desde entonces, luce brillante. No sólo el color volvió a su fachada, sino que se logró acabar con las humedades y el agua a chorros que se colaba en la nave principal. La restauración de las fachadas y el tejado costó 255.000 euros, de los que una parte aportó la Orden de los Carmelitas y el resto fieles y vecinos a través de diversas iniciativas como conciertos de música, ventas de cuadros regalados por artistas, veladas de los niños en la catequesis, aportaciones de grupos parroquiales, donativos anónimos... Las obras duraron ocho meses.

La iglesia del Carmen y Santa Teresa fue abierta al culto en abril de 1904. El edificio fue construido bajo la dirección del arquitecto municipal Valentín Ramón Lavín Casalís, con arreglo a los planos de su colega José Ramón Ortiz Portillo. Es de estilo neogótico, con tres naves, crucero, coro y tribunas a modo de triforio. La torre de campanas se completó con el cuerpo del reloj y la esbelta aguja entre 1924 y 1925. La aguja fue derribada en 1984 al amenazar ruina y sustituida por el sombrerillo actual de metal, también restaurado en 2014.

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