La autorización para cazar lobos rompe el consenso entre ganaderos y conservacionistas

Un pastor controla su rebaño de ovejas en las montañas de Bejes (Potes).
Un pastor controla su rebaño de ovejas en las montañas de Bejes (Potes). / Daniel Pedriza
  • El borrador del Plan de Gestión que salió de las reuniones entre las partes le incluyó entre las especies no cinegéticas, algo que el Ejecutivo pretende rectificar

Lobo sí, lobo no. La eterna polémica ha vuelto esta vez a resurgir con fuerza. Las tensiones entre los ganaderos –por los daños en ovejas y vacas– y los conservacionistas –que piden su protección– están a flor de piel desde que ayer conocieran "inesperadamente" la intención del Gobierno de Cantabria de dar marcha atrás en su propuesta inicial de declarar el lobo especie no cinegética. Es decir, un cambio en la Ley para admitir jurídicamente que esta especie sea objeto de la caza deportiva. Una decisión que ha roto el "consenso" –según calificó hace meses el consejero del área, Jesús Oria, y ahora cuestionan las asociaciones conservacionistas– que se había alcanzado durante la elaboración del Plan de Acción que salió de las reuniones durante cerca de dos años con todas partes. El Ejecutivo admite que ha habido un cambio de criterio y que ha recibido presiones de los colectivos implicados.

Primer relato. "Desde enero me han matado cincuenta. En Potes, al lado de casa. Y si las hubiera por las calles del pueblo se meterían a matarlas. Las he tenido que dejar en la cuadra y echarlas de comer porque a los praos ya no me atrevo a llevarlas. No puedo estar levantándome cada día para contar con miedo si me han matado alguna... Yo vivo de las ovejas y los lobos me están quitando de comer. Yo así no puedo seguir, llegará el momento en que tenga que dedicarme a otra cosa". Segundo relato. "Todas las semanas se cazan lobos. Se están desestructurando manadas. Se utilizan voladores, explosivos, participan en las cacerías personas no autorizadas... Se habla de un exceso de individuos, pero es falso. Es un nivel estable, pero malo. Se mata ejemplares adultos cada semana y los jóvenes tienen más dificultades para encontrar comida. Y las soluciones que se adoptan, las mismas desde los ochenta o los noventa, es evidente que no están funcionando. Por más controles de población que se hayan hecho, no han disminuido los daños. A los ganaderos no se les informa bien". La primera historia es la de Pedro Luis de la Vega, un ganadero de Pendes que, en lo que va de año, ha perdido cincuenta ovejas. Los argumentos del segundo texto son los de Ecologistas en Acción. Son dos de las posturas –y no las únicas– que se sientan a la Mesa del Lobo. Sirven para dejar claro que el tema no es sencillo.

Guillermo Palomero, de la Fundación Oso Pardo, asegura que se ha roto un difícil y valioso consenso para beneficio exclusivo "de un sector de cazadores que quieren seguir cazando lobos". "Los ganaderos –con este cambio de última hora– ni ganan ni pierden nada. En el Plan anterior ya se recogía con claridad que se pagarían los daños en todo el territorio cántabro y que iba a haber controles de población de lobos con rigor técnico".

En Ecologistas en Acción, por su parte, están en contra de cualquier tipo de control –hay diferentes corrientes entre los conservacionistas–. "Nosotros y un montón de asociaciones, expertos y científicos somos de la opinión de que el lobo debe ser una especie protegida, como indican las directivas europeas". Creen que los sucesivos gobiernos se han agarrado a los requisitos concretos que les permitían tomar medidas de control para hacer norma de la excepción. Que "la especie tiene las condiciones necesarias para ser considerada amenazada". "Estamos en un nivel estable de lobos. Estable, pero malo. Tuvo una regresión fuerte en los setenta y no se ha recuperado. Al lobo se le caza muchísimo y tiene una mortalidad muy alta". Desde este colectivo, representado por Floren Enríquez, denuncios irregularidades y falta de información en los controles. En las batidas. "Hay ganaderos a los que puntualmente les ‘toca la china’, pero la disminución de la actividad ganadera se da en zonas con lobos y sin ellos. Los ataques afectan a menos de un 1% de la cabaña ganadera. Lo que se ha hecho no está funcionando, busquemos soluciones que puedan tener repercusión real en sus problemas. Al que le toca, claro que le afecta. Pero el sector ganadero tiene otros muchos problemas".

El presidente de Arca, Adán Musi, reconoce que el anuncio del Ejecutivo supone "una vuelta atrás con todo lo pactado cuando parecía que habían dado los pasos correctos para proteger la especie". Dice que "Medio Rural estaba dispuesto a coger el toro por los cuernos para intentar avanzar de una vez por todas y desenquistar un problema que venía de muy atrás" y que "no sólo ha habido presiones de ganaderos, sino también de los cazadores". El líder de ARCA defiende que el "consenso se ha roto" y que "ahora estamos peor que hace unos meses, porque ha habido una masacre brutal de un número de lobos que no están en los papeles, casi el doble de los anunciados".

Los ganaderos

Ese discurso choca de frente con el de Pedro Luis, el ganadero de Pendes. Está a favor de que se sigan cazando. Incluso más que ahora. "A mis ovejas las muerden, las sacan las tripas por un costado, las dejan llagadas... ¿Dónde están los ecologistas para defender este sufrimiento de unos animales? Mis ovejas sufren y yo vivo de lo mío". Explica que lo que ocurre este año "se lo cuentas a uno de ochenta años y pensaría que estás drogado". Ataques cerca de las casas. Las cincuenta que ha perdido desde enero –aún no ha cobrado nada– estaban "entre dos casas, con tela metálica, pastor puesto y el perro dentro". Le quedan unas 220. "Todavía no sé ni lo que me van a dar por cada una y no es eso. Es que yo las quiero para producir y ahora ni voy a vender corderos ni tengo ovejas. Si me dan dinero y tengo que comprar otras ovejas, ¿qué he ganado por el medio? Nada". Año en blanco. "Yo así no puedo seguir", insiste.

Su discurso es casi calcado al de José Manuel Cuesta. Vive en Potes, pero tiene sus caballos y yeguas en Porcieda, un barrio de Tudes. Lleva días subiendo a cada rato porque tiene a varias a punto de parir y hace diez días los lobos le mataron a un potro recién nacido. "Tendría cinco o seis días y pesaría cuarenta o cincuenta kilos". Cuenta que ya vio un par de días antes a un "lobo enorme merodeando". Por entonces, sus hembras no habían parido "pero ya habían matado a unas ovejas allí al lado". "Eran como las siete y pico de la tarde y las yeguas estaban como locas. Me ven todos los días y se me venían como fieras... Estaba la madre con el potro muerto y todas rodeándola, muy asustadas".

No es la primera vez. El año pasado le mataron uno y le dejaron mordido a otro. "Me pagaron trescientos euros por el que murió y la factura del veterinario. Los compañeros de ese mismo potro los vendí por quinientos". Perdió dinero. "y yo no quiero que me los paguen, lo que quiero es que no me los maten". Él también cuenta, además, que los ataques se producen cada vez más cerca.

Desde un ayuntamiento

Como Jesús Fuente, alcalde de Cabezón de Liébana (PP). "Casi se meten en las casas, están atacando a sesenta metros. La gente de aquí de toda la vida dice que siempre hubo lobos, pero una cantidad razonable y no bajaban tanto como ahora. Te las matan a la puerta de la cuadra. Antes mataban en Cabezón y se iban a dormir a Polaciones. Ahora encaman a doscientos metros. Será la capa de ozono o yo que sé, pero han cambiado muchísimo... Aquí mismo, frente al ayuntamiento, les oyes aullar". Su ayuntamiento y otros más de la zona habían instado al Gobierno a que mantuviera la condición de especie cinegética. "Y me alegra que hayan rectificado, porque ahora es un descontrol". Asegura, de hecho, que entre alcaldes de diferente color político, en esto, hay consenso.

Es complejo el asunto. "A nadie se le oculta que la relación entre ganadería y lobo siempre ha sido objeto de conflicto y a nadie se le oculta que en el río revuelto del conflicto intentan pescar quienes, por razones diversas, ni comprenden ni quieren comprender...". Fue una de las primeras frases que dijo el consejero, Jesús Oria, cuando anunció las novedades en el Plan de Gestión. Habló de peligrosas "posturas extremas". "Las que predican –dijo– la extinción de la especie o, al contrario, la prohibición absoluta del control de ejemplares".