Un rayo deja veinte horas «tirados» en el Seve Ballesteros a los pasajeros del vuelo a Edimburgo

Un grupo de jóvenes de Cantabria rellenan las reclamaciones a la compañía./Javier Cotera
Un grupo de jóvenes de Cantabria rellenan las reclamaciones a la compañía. / Javier Cotera

A las 17.25 horas ha despegado finalmente el avión siniestrado, cuya reparación ha retrasado la salida de dos centenares de pasajeros desde las 21.30 horas del miércoles

Susana Echevarría
SUSANA ECHEVARRÍASantander

Un rayo ha dejado «tirados» en el Seve Ballesteros a cerca de dos centenares de pasajeros del vuelo que debía haber partido a las 21.30 horas del miércoles con destino a Edimburgo. Veinte horas han estado esperando a que los técnicos de Ryanair reparasen el avión siniestrado, cuya salida se ha producido finalmente a las 17.25 de hoy. Una situación que empieza a ser habitual en el aeropuerto cántabro. El pasado mes de diciembre, 170 pasajeros de un vuelo entre Santander y Marrakech, también operado por Ryanair, acumularon más de seis horas de retraso debido a los «problemas técnicos» que sufría el avión. Y una semana antes, 80 pasajeros que viajaban a Varsovia con Wizz Air se quedaron 25 horas esperando su salida en el aeropuerto. Pero hay más., ya que en las últimas semanas ha habido más aviones que han sufrido retrasos a causa de los rayos que han caído.

Los viajeros del vuelo a Edimburgo, cansados y nerviosos por la situación que han vivido,han permanecido toda la mañana y parte de la tarde a la espera en el aeropuerto cántabro. En un principio, la salida se canceló el miércoles por la noche y la compañía dispuso tres autobuses que trasladaron a los afectados hasta el Hotel Santemar de Santander. Hoy por la mañana, los autobuses han ido a recogerlos a las 9.30 horas, ya que se había programado una nueva salida del avión para las 11.30 horas. Pero de nuevo se volvió a retrasar hasta las 13.30 horas y, después, a las 15.30 horas. Pero no ha sido hasta las 17.15 cuando el aparato ha despegado finalmente.

Arriba, Blanca Lucio (centro) junto a dos compañeras de viaje. A la izquierda, Mr. Sydwhyta y su esposa, que tenía que haber regresado este jueves a Edimburgo a trabajar. A la derecha, la bilbaína Nerea Urrutia, desesperada en el suelo del aeropuerto. / Javier Cotera

Muchos estudiantes, además de turistas de Cantabria, Bilbao, Ciudad Real, Navarra, Huesca, Málaga y Vitoria, que querían aprovechar estos días para una escapada de ocio a Escocia, y algún que otro ciudadano de Edimburgo forman este pasaje en el que no sólo cundió la desesperación por el retraso y por perder parte de sus vacaciones, si no también la indignación por la falta de información.

Entre ellos se encuentran Diego González y Germán Saiz, dos cántabros que forman parte de un grupo de siete jóvenes que habían programado este viaje a la ciudad escocesa para celebrar que habían acabado los exámenes en la universidad. «Nos íbamos hasta el domingo y ya hemos perdido el primer día en Edimburgo. Y sólo nos queda hasta el domingo», señala Diego, muy indignado porque en ningún momento el personal de la compañía «nos ha dicho la verdad, todo son mentiras». «Anoche ya empezaron a decir que el vuelo no podía salir por causas meteorológicas, cuando ya sabían perfectamente que al avión le había caído un rayo. Y esta mañana nos han hecho ponernos en fila para una supuesta salida del vuelo a las 11.30 horas, cuando ya sabían que el técnico había llegado a las 10.45 horas en el vuelo desde Londres ¿Es que lo iba a arreglar en un cuarto de hora o qué?», comenta muy enfadado.

Ryanair no ha dado ningún tipo de explicaciones a los pasajeros, que han estado pendientes cada minuto de que la megafonía del aeropuerto anuncia algo. Tampoco la persona que Ryanair tiene en el aeropuerto para gestionar el embarque ha sabido decirles nada y se ha dedicado a repartir hojas de reclamaciones que la gente ha rellenado con la poca paciencia que le quedaba.

Carlos es otro de los cántabros que se quedó «tirado» en el aeropuerto. Es de Castro y él y su «chavala» habían previsto este viaje desde hace meses. Llegaron este miércoles a las 20.30 horas al Seve Ballesteros y, cuando se enteraron de que un rayo había impactado en el avión, comenzó su desesperante espera. «Hemos ido a dormir al hotel de Santander porque en teoría este jueves por la mañana ya iba a estar el problema solucionado. Pero ni esta mañana ni esta tarde, ni tiene pinta de que esto se pueda arreglar», comentaba este castreño, que ha presentado una reclamación a Ryanair y otra al Gobierno de Cantabria, para que «nuestros gobernantes se pongan serios con esta compañía y les expedientes o hagan algo al respecto porque esto no es la primera vez que pasa. Ryanair se ríe de la gente, de sus vacaciones, de sus trabajos, de sus compromisos, de sus ilusiones. Les damos igual, pero por lo menos que el Gobierno de Cantabria no les haga el juego», comenta Carlos indignado. «¿Ryanair no podían haber traído ya otro avión o es que es mejor dejar tiradas a 200 personas en un aeropuerto?», se pregunta el castreño.

El avión de Ryanair al que le cayó un rayo el miércoles por la noche.
El avión de Ryanair al que le cayó un rayo el miércoles por la noche. / Javier Cotera

Muchos de los afectados han intentado contactar con Ryanair para recabar información, pero ha sido inútil durante toda la jornada. Lo han hecho llamando a un 902 en el que un operador ha contestado que no tiene ni idea de ningún retraso; otros por correo electrónico y algunos, incluso, han preguntado a la compañía mencionándola en Twitter, en un intento desesperado por que alguien se diese por aludido y les diera una respuesta.

La bilbaína Nerea Urrutia ha sido otra de las afectadas por este retraso. «Tengo una persona muy querida en Edimburgo y sólo tengo unos días para verla y me ocurre esto», repetía muy nerviosa y llorando, sentada en el suelo del aeropuerto. No sabía qué hacer. «No sé si volverme a Bilbao y coger otro vuelo, si quedarme y esperar a ver que ocurre. Pero creo que esto no se va a solucionar hoy», decía pesimista.

Así estaba el ánimo de todos los pasajeros. Leandro Ezquerra era otro de los santanderinos que iban a viajar en la noche del miércoles para tomarse unos días de vacaciones en Edimburgo. Pero tuvo que volverse a dormir a su casa. «Yo no tan siquiera fui al hotel. Me fui a dormir a mi cama. A mí no me interesa que Ryanair me dé una noche de hotel y un desayuno buffet en el hotel Santemar. Que se lo queden ellos. A mí lo único que me interesa es saber quién me paga ahora a mí este día de vacaciones perdido en un aeropuerto por culpa de Ryanair», se preguntaba Leandro. El santanderino no entendía cómo el Gobierno de Cantabria, puede estar dando dinero a esta compañía que maltrata a la gente. «A Revilla hay que decirle que deje de patrocinar a Ryanair, que nos están vacilando a todos los cántabros», señalaba.

«A Revilla hay que decirle que deje de patrocinar a Ryanair, que nos está vacilando a todos los cántabros» Leandro, afectado

Inés Martínez y Ana Ocaña formaban parte de un grupo de chicas jóvenes, cada una de una punta de España y estudiantes de Medicina, que se habían regalado un viaje a Edimburgo para celebrar las buenas notas del primer cuatrimestre. «Vamos ya por el séptimo o el octavo retraso. Ni lo sé», dice Inés desesperada y medio resignada. Cuando estaba hablando con este periódico, una de sus compañeras le gritaba alterada: «Calla, escucha». Por la megafonía del aeropuerto se recordaba a los pasajeros, en varios idiomas, que no pierdan de vista sus equipajes. Nada sobre su vuelo. «Esto es una vergüenza y encima nos dicen que como un rayo es un fenómeno natural pues que ellos no tienen la culpa», añadía Ana.

Parece escocesa por una impresionante cabellera pelirroja, pero Blanca Lucio es santanderina, al igual que su grupo de amigas, que caminaban de un lugar a otro del aeropuerto sin perder de vista la pantalla del móvil. «Hemos contactado con Ryanair por Twitter y han contestado que nuestro vuelo tienen prevista la salida a las 06.04 -nos lo enseñan en el móvil- pero no sabemos si son las seis de esta tarde o ya del viernes», explicaba nerviosa. A las 14.30 horas Blanca y su grupo de amigas ya habían dado trescientas vueltas por todo el aeropuerto. «Hemos salido y entrado de la zona de embarque treinta veces y hemos pasado por el control de la Guardia Civil otras treinta». Incluso se han acercado a comer a la cafetería del aeropuerto con los 5 euros que Ryanair les ha dado para comer «y el menú más barato vale 8,50 euros.Y es que encima no nos podemos ir a ningún sitio por si anuncian que podemos ya volar. Es desesperante», concluía Blanca a coro con sus amigas de no-viaje.

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