"La única estirpe de mujeres libres que se ha conocido es la de las que tienen mucho dinero"

Carmen Posadas ambienta su última novela en el siglo XVIII y en la corte de Carlos IV.
Carmen Posadas ambienta su última novela en el siglo XVIII y en la corte de Carlos IV. / Antonio Goiri
  • La escritora uruguaya Carmen Posadas novela la España de finales del XVIII en ‘La hija de Cayetana’, que hoy presenta en el Aula de Cultura de El Diario (Ateneo)

Carmen Posadas (Montevideo, 1953) asegura que sufre los ‘bloqueos’ literarios «con un gran dramatismo». «Tengo la sensación de que nunca más voy a poder volver a escribir», señala. El caso es que estaba inmersa en uno de estos –«llevaba ya trescientas páginas escritas y de pronto no pude seguir con aquella historia»–cuando supo de María de la Luz, una niña negra que la duquesa de Alba, inmortalizada en los cuadros de Goya, adoptó y crió como su propia hija «con todo el escándalo que eso suponía en el siglo XVIII». Fascinada por esa relación escribió ‘La hija de Cayetana’, una novela que hoy presenta en el Aula de Cultura de El Diario, durante un acto que tendrá lugar a las 19.30 horas en el Ateneo santanderino y que estará conducido por la periodista y poeta Marta San Miguel.

–¿Cómo tuvo conocimiento de que la duquesa de Alba tenía una hija negra adoptada?

–Por el comentario de una amiga. Por entonces yo estaba muy agobiada. Había tenido que renunciar a una novela con trescientas páginas escritas porque no encontraba el final y una tarde una amiga me preguntó: ¿Tú sabías que la duquesa de Alba, la maja desnuda de Goya, tenía una hija negra? Y me contó que esta mujer no podía tener hijos propios y prohijó a esta niña.

–La niña era la hija de una esclava cubana que le fue ‘regalada’ a la duquesa. ¿Qué fue de ella?

–Se sabe muy poco de esta niña. Sí hemos conocido que su origen es cubano y que por entonces era costumbre regalar una ‘esclavita’ como si fuera una muñeca o un perrito. Cosa que es tremenda, pero que era así. Pero esta niña tuvo suerte porque Cayetana la adoraba, la convirtió en su hija y cuando murió a los cuarenta años, por cierto de una forma muy misteriosa, le dejó una buena herencia que le convirtió en una mujer muy rica. Desgraciadamente no se sabe nada de qué fue de María de la Luz después. Probablemente volvió a Cuba, porque en aquella época una negra, por mucho dinero que tuviera, se habría sentido desplazada aquí. En cambio en las colonias ya en el siglo XVIII había mucha gente de color que había conseguido comprar su libertad y que tenían una vida bastante desahogada.

–La duquesa de Alba que usted describe era muy adelantada a su época: adopta a una niña negra, posa desnuda para un retrato, frecuenta intelectuales, viaja... A veces parece que las mujeres que nos presentan en las novelas están más adelantadas que muchas de las de ahora.

–Desde luego, las mujeres del siglo XVIII, y me refiero a las de las élites, eran más liberadas que las del siglo XX. Al menos, hasta las de mediados del siglo XX. La duquesa de Alba era más notable porque pertenecía a la única estirpe de mujeres libres que se ha conocido y que es la de las que tienen mucho dinero. Si tú eres poderosa y tienes mucho dinero siempre serás libre. Pero el dinero tiene que ser tuyo, como en este caso. Ella era la duquesa, el título y el patrimonio era suyo y por eso hacía y deshacía lo que quería.

–Siempre se ha tenido España como un país sin esclavos. Sin embargo, su novela proporciona bastantes datos de todo lo contrario.

–Para mí fue una gran sorpresa. Yo, que soy suramericana, sabía que había esclavos en las colonias, pero lo que no me podía imaginar es que también existían en la Península. Ya en el siglo XVII Cervantes describe Sevilla como ‘el damero de Europa’ porque había un 10% de personas de color, que es muchísimo. En el siglo XVIII los esclavos negros estaban considerados objetos de lujo y una frase que se decía mucho y que ha quedado para la posteridad decía: «es tan rico que tiene un negro con librea», que es como el colmo del lujo asiático. Y las niñitas, como te decía, eran un poco para el divertimento. La diferencia de Cayetana con el resto es que ella a esta niñita la convirtió en su hija.

–¿La humanidad ha sabido acabar con la esclavitud?

– No, y la prueba está en la cantidad de niñas esclavas que hay en África y en que a cada rato se encuentran niños explotados laboralmente en distintos países. Algo que me parece deplorable porque del siglo XVIII aquí algo debíamos haber aprendido.

–Le he escuchado que la labor de documentación de sus novelas le apasiona. En este caso parece que no ha debido de ser muy fácil.

–Tuve la suerte de que el actual duque de Alba, Carlos de Alba, al que conocía desde hace años, me facilitó el acceso al testamento de su antepasada y otro tipo de documentos que me sirvieron para reconstruir la historia. El otro día me ha pasado una cosa muy curiosa, me escribieron desde un club de Cuba interesados en todo esto y me han dicho que van a investigar por la isla para intentar recuperar el rastro de esta niña.

–Pues si lo consiguen tendría material para una segunda parte.

–Estaría genial poder hacer otra novela sobre lo que fue de esta niña.

–Como escritora ha trabajado muchos géneros: literatura infantil, ensayo, novela negra... Pero parece que se siente mucho más cómodas con las novelas con trama histórica, ¿qué encuentra en este tipo de literatura?

–Es cierto que me gusta cambiar de género y que la novela histórica me complace mucho, pero es porque me permite aprender.

–Es un género que además lleva unos años en boga. ¿Por qué nos interesa tanto a los lectores?

–Para entender el presente es necesario mirar atrás y hay muchas cosas de estos tiempos que no se pueden explicar de otra manera. En concreto el siglo XVIII, en el que se desarrolla esta novela, es el que sienta las bases del mundo moderno.

–¿Tiene algún personaje en mente para una nueva novela?

–Esto es como tener un bebé. Voy a tomarme un tiempo para disfrutar de este libro antes de pensar en otro.