Atletismo

La decepción más amarga de Ruth

Beitia se despide del público en Londres./Reuters
Beitia se despide del público en Londres. / Reuters
Mundial de Londres

«Me voy de vacaciones en agosto y luego tengo que pensar en muchas cosas», señala la santanderina tras quedar última en la final de altura del Mundial

Marco García Vidart
MARCO GARCÍA VIDARTSantander

Se encogía un poco el alma al escucharla. Esos interminables 1,91 de estatura culminaban en una cara que se emocionaba por momentos al hablar. Beitia reconocía por un lado estar «feliz», por haber llegado al menos a la final del Mundial de Londres, el gran objetivo del año. Pero «triste» porque la tarde, esa que podía haberlo arreglado todo, se encargó de confirmar que este 2017 no es su año. Ruth Beitia finalizó última en el Mundial de Londres, con un mejor salto sobre 1,88. La irregular temporada al aire libre de la campeona olímpica, debido a varias lesiones, salió con toda su crudeza en el peor momento. El oro, aunque con más apuros de los previstos, fue para la atleta rusa –aunque compite como neutral– Mariya Lasitskene, con un mejor brinco de 2,03.

El concurso de la cántabra se resume en pocas líneas. Por las dos primeras alturas, 1,84 y 1,88, pasaba a la primera. Cuando el ‘fenómeno’ del realizador de TVE se acordó de la final, el listón ya estaba en 1,92. Y para la cántabra fue como volar hasta la luna. Tres intentos nulos demostraron que no era el día, ni la semana, ni el mes ni el año de Beitia. Todas las demás atletas volaron por ahí. La única eliminada en ‘92’, Ruth. Tras cuatro años –desde 2013 hasta 2016– en los que la cántabra ha conseguido hitos no igualados en el atletismo español e incluso mundial, la sensación era extrañísima. Como aquel día en el que Miguel Induráin se quedó en la subida a Les Arcs para no ganar su sexto Tour y hasta sus rivales le dirigían miradas de conmiseración. Una sensación de pena. Los campeones no merecen días de tanta crueldad.

Las dudas, lógicas, aparecieron en todos los aficionados al atletismo. Un año marcado por las lesiones, un palo de este calibre, a los 38 años y con un palmarés ya más que hecho. Ese ‘igual se retira’ seguro que se escuchó delante de alguna tele. Mientras, el concurso seguía adelante. Y como se preveía –la propia Beitia afirmaba días atrás que sobre el 1,98 se iba a pelear por las medallas en este Mundial de Londres–, en 1,97 se hizo la gran criba. En esa altura sobrevivían seis atletas y tres de ellas –la alemana Jungfleisch y las británicas Johnson-Thompson y Lake– marraban sus tres tentativas. Por su parte, la polaca Kamila Licwinko amarraba el bronce en su tercer intento, aunque luego superaba también el 1,99. Y la ucraniana Yuliia Levchenko apretaba más de lo previsto a la ‘neutral’ Lasitskene. Hasta 2,01, su marca personal, hizo Levchenko para dar algo de picante al concurso. En 2,03, Lasitskene voló a la primera para cerrar la tarde con su más que esperado oro.

Beitia, siempre noble y a la que el entendidísimo público londinense ovacionó con mucho cariño cuando se despedía, esperó incluso a que los atletas que disputaban la final del 5.000 terminasen la carrera. Y tras ella, fue a la zona mixta para encontrarse con la enviada especial de Televisión Español al Mundial londinense. «Tengo sensaciones encontradas. Estoy feliz porque aposté por llegar a la final. Y he perdido. Me hubiese gustado saltar un poco mejor. Estoy triste porque la noche no ha salido como esperaba». Como si fuese un volcán que empieza a animarse, la emoción iba ‘in crescendo’ en la cántabra. «He pasado momentos muy difíciles esta temporada. Pero quería estar en el Mundial. Tengo que dar las gracias a mi equipo, que me ha apoyado mucho para estar aquí». Un Mundial que será, según la protagonista de esta historia, «el último para mí».

Vacaciones y reflexión

La ‘felicidad’ a la que aludía Beitia venía también por un hecho inédito en su vida de atleta de élite. «Me voy de vacaciones en agosto. No salto más este año», acertaba a decir entre risas más emocionadas. La pregunta era obligada ¿Y después? «Me voy de vacaciones y cuando vuelva, tengo que pensar en muchas cosas. En caliente no lo puedo decidir. Tengo que reflexionar. Este año me ha enseñado la cara oculta del atletismo». Un deporte que le ha dado todo. «Soy lo que soy gracias a este deporte». Ahí, las lágrimas ya aparecían en el rostro de Ruth Beitia.

La tricampeona de Europa seguía emocionándose, esta vez al hablar de su motivación por estar en este Mundial. Porque Londres es el lugar en el que de forma involuntaria, comenzaron los mejores años de su vida. Aquella retirada tras el cuarto puesto de los Juegos de 2012, la posterior vuelta a las pistas... Y lo que vino después. Dos Europeos al aire libre, dos Ligas de Diamante, la medalla de oro en Río.... «Para mí es un lugar muy especial. Y por eso quería estar aquí». Ese deseo se plasmó con la clasificación el jueves para la final de ayer. «Una final en la que todo podía ser». La octava para la santanderina en un Mundial de atletismo. «Me voy con la sensación de que no sé lo que va a pasar. Sé lo que ha pasado hoy –por ayer».

A pesar de esa felicidad por un lado e irse de Londres con la «cara amarga» del atletismo, Beitia confiaba en remontar el vuelo. «Soy una persona positiva». Pero ya sus emociones estaban a punto de desatarse. «Estoy deseando abrazar a mi grupo y romper a llorar. El atletismo siempre será parte de mi vida. No sé cuándo, ni cómo ni por qué», acertó a decir antes de fundirse en un abrazo con su entrevistadora. En ese momento, Lourdes García Campos, la periodista que conversaba con Ruth Beitia, representaba a miles de aficionados al atletismo. A esos que creían que Beitia era eterna, que siempre ganaba medallas, que nunca fallaba en una gran competición... Y que en este 2017 se han dado cuenta de que la santanderina es humana. Que también se lesiona, que le cuesta recobrar sensaciones y que también pierde, aunque haya sido en toda una final de un Mundial con la que muchos atletas españoles no soñarán jamás. Tras este mes de agosto y esas primeras vacaciones veraniegas, vendrá esa reflexión de Beitia para decidir qué hace con su vida. Y, por primera vez en estos años, es posible decir que una competición –la de ayer en este caso– ha sido la última de Ruth Beitia. Sería entonces, cuando ya no esté, cuando se valore realmente lo que ha hecho la santanderina en toda su carrera.

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