Monumento a la vaca pasiega, situado a escasos metros de la cumbre de la inédita ascensión a Los Machucos, también conocida como el Collado de la Espina
Monumento a la vaca pasiega, situado a escasos metros de la cumbre de la inédita ascensión a Los Machucos, también conocida como el Collado de la Espina / / F. FLORES

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Los Machucos, un final para la Vuelta

  • El Gobierno cántabro propone a la organización de la ronda la inédita subida al puerto

Cantabria prepara su Angliru particular. Su Bola del Mundo. En una nueva Vuelta a España obsesionada con encontrar nuevas cumbres y pequeños pedazos de infierno en altura en los que finalizar las etapas, el Gobierno de Cantabria cree haber encontrado su filón en un puerto que surge tras dejar atrás Arredondo y girar a la izquierda camino de Bustablado.O si se prefiere, nada más descender Alisas a mano derecha. Responde al nombre de Los Machucos –también llamado como el Collado de la Espina–, con rampas que superan el 25% y es la meta que el Ejecutivo autonómico ya ha propuesto a Unipublic como nuevo descubrimiento para la Vuelta 2017.

Ahora es la organizadora de la ronda española la que debe inspeccionar el terreno para que su director, Javier Guillén, y su responsable técnico, Fernando Escartín, aprueben el recorrido.

Si se cumplen los deseos del Gobierno, la etapa en cuestión arrancaría de Santo Toribio de Liébana o Potes, en pleno corazón lebaniego. Desde allí se podría trazar una ruta hacia Puentenansa a través de los collados de Hoz y Ozalba, los dos primeros puertos del día casi sin apenas entrar en calor. Un inicio verdaderamente nervioso en sentido contrario a como se atravesó en 2012 cuando un ataque de Alberto Contador arrebató la clasificación general a Purito Rodríguez.

Posteriormente, a través de Cabezón de la Sal y la carretera nacional que atraviesa Quijas, Vargas y Sarón se llegaría a La Cavada, desde donde se medita hacer pasar al pelotón por Alisas antes de afrontar el ascenso a Los Machucos.

El deseo sería encadenar uno de los puertos más populares en el ciclismo de Cantabria, Alisas, con las terroríficas rampas de Los Machucos. Entre un coloso y otro mediaría un sinuoso descenso sin respiro, para adentrarse en una interminable subida de alrededor de nueve kilómetros con rampas constantes que superan el 25% durante toda la ascensión intercalando algunos tramos más livianos. Los Machucos es un camino vertical hacia el cielo.

En una Vuelta que recién terminada la edición actual ya comienza a preparar su trazado para el próximo curso, Los Machucos podría constituir esa nueva imagen de marca que en otras ocasiones han representado las cimas asturianas y madrileñas. Ese modelo que en un principio se inventó el innovador Giro de Italia, fue utilizado por los responsables de la carrera española y mejorado. Ahora ya es todo un espectáculo y Cantabria puede ofrecer una vuelta de tuerca más.

Ya estaba en la agenda

Al menos esa es la estrategia con la que el Gobierno de Cantabria ha abordado a Unipublic en la confianza de que Escartín y su equipo revisen el recorrido en el mes de octubre o incluso antes. Para el actual director técnico de la ronda española no será nuevo. Hace un par de años, junto a Abraham Olano, ya meditaron la posibilidad de que la Vuelta algún día acabara en dicha cumbre. En aquella ocasión, el demoledor ascenso pasó a los archivos de la organización y ahora con la propuesta del Ejecutivo cántabro parece tomar de nuevo fuerza.

La iniciativa se financiará, de salir adelante, con cargo al presupuesto de la campaña del Año Jubilar Lebaniego 2017. De ahí la salida desde Santo Toribio o Potes. Sin embargo, y para lograr el mayor impacto posible, se aspira a descubrir una nueva cima para aprovechar el tirón que han demostrado tener este tipo de novedades en una Vuelta que, apostando por etapas más cortas y una gran dureza, se ha convertido en la prueba más espectacular del ciclismo y ha conseguido atraer de nuevo a algunos de los principales líderes del pelotón mundial. Este año fue el ejemplo claro; no sólo Nairo Quintana, ganador a la postre, que ya la tenía señalada en el calendario sino que Chris Froome (segundo) apostó por la Vuelta y Alberto Contador (ganador en tres ocasiones) también.

Un infierno vertical

La inversión podría rondar, según las primeras estimaciones, unos 100.000 euros –la Vuelta cobra por ser salida o meta de cualquier etapa–, si bien no se han propuesto ningún tipo de contrato. Además, el actual firme del paso de montaña, pavimentado con hormigón en su parte más alta para asegurar la máxima adherencia, podría obligar a un asfaltado que facilitara el paso del pelotón sin afectar a la futura seguridad vial.

La aproximación a la ascensión comienza con ese giro –en el caso de la propuesta de recorrido que propone el Gobierno a la organización– a la derecha, después de que el pelotón venga de descender el puerto de Alisas. Durante tres kilómetros, la carretera serpentea sin grandes desniveles hasta llegar al pueblo de Bustablado. Se trata de un terreno en el que los líderes deberán estar bien colocados antes de que comience lo verdaderamente complicado. Allí estallará la guerra por la colocación.

Nada más atravesar la población comienza el infierno; el primer kilómetro ronda el 14% y tras un pequeño respiro de apenas cien metros arrancan las rampas con porcentajes que oscilan entre el 20% y el 22%. Sólo es un anticipo.

De repente los corredores se enfrentarán a una recta, el lugar idóneo para el aficionado, de unos 400 metros en donde se supera el 20% sin tregua. A partir de ahí llega un kilómetro escaso en el que los desniveles se suavizan. Esos momentos suaves serán perfectos para que los corredores puedan tomar aire y puedan recuperar fuerzas para atacar, algo que cuando no existe respiro resulta imposible.

Hasta ese momento, la vegetación, en particular el arbolado, convierte en un infierno oculto a la carretera. Apenas se puede dirigir la vista más allá de lo que los árboles permiten. En ese momento restan algo más de cinco kilómetros en los que la calzada es muy estrecha, apenas podrán circular los coches y donde el asfalto es de hormigón y con bastante grijo suelto.

La vegetación desaparece, las rampas combinan desniveles entre el 18% y en algunos casos el 10%. Las curvas de herradura son constantes. Casi en la cumbre, el monumento a la vaca pasiega recibe al corredor después de casi siete kilómetros de ascenso. En ese punto aún no termina el suplicio, pero los apenas 1.500 metros son tan suaves –un 6 %– que después de haber sufrido tanta agonía parecerá casi llano.

La carretera, si finalmente se confirma el final de etapa, es probable que se adecente puesto que el grijo suelto que presenta en la actualidad sería un inconveniente para el paso de la Vuelta. De la misma manera que ocurre en El Angliru o en ascensiones en donde la estrechez de la carretera imposibilita la normal circulación de los vehículos, en Los Machucos el apoyo mecánico a los corredores se realizaría casi con total seguridad sobre las motos de la organización.