Cuando sufrir va en el ADN

Celebración del gol de Quique Rivero./Javier Cotera
Celebración del gol de Quique Rivero. / Javier Cotera

El Racing, tras un buen comienzo de partido, se lleva el triunfo ante un Athletic B que le puso en aprietos

SERGIO HERRERO Santander

Intensidad, ambición, orden, sacrificio, verticalidad y desconocimiento absoluto de la palabra ‘rendición’. Son los alelos dominantes después de casi 105 años de racinguismo. Es lo que lleva la sangre verdiblanca. Así es el Racing original. Tal y como se encargó de recordar este domingo La Gradona antes del pitido inicial. Así nos lo enseñaron nuestros padres. Ante el Athletic B, el Racing ganó. Hay que quedarse con eso. Por la mínima, con un número de ocasiones para el que sobran los dedos de una mano y pasándolo mal hasta el pitido final. Aún le queda mucha cirugía táctica antes de recuperar su rostro más reconocible. Mientras vaya sumando de tres en tres, al menos, las operaciones estéticas se llevan con una filosofía más optimista.

De Santander de toda la vida, Ángel Viadero ha intentando siempre implementar esas señas de identidad en sus equipos a lo largo de su carrera. Sin ir más lejos, la pasada campaña, al frente ya del equipo de sus amores. Sin embargo, en este curso esas intenciones se le están resistiendo, pese a que, por algunos momentos ayer el equipo cántabro quiso parecerse a sí mismo.

1 Racing

Crespo, Gándara, Julen, Regalón, Granero, Antonio Tomás (Sergio Ruiz, min. 60), Héber, Quique Rivero, Juanjo (César Díaz, min. 60), Dani Aquino y Álex García (Javi Cobo, min. 70).

0 Athletic B

Oleaga, Areso, Andoni López, Gil, Unai Bilbao, Tarsi, Íñigo Muñoz (Larrazábal, min. 85), Nolaskoain (Víctor, min. 79), Asier Benito (Ander González min. 79), Íñigo Vicente y Guruzeta.

Goles
1-0, min. 9: Quique Rivero.
Árbitro
Sesma Espinosa (Comité Riojano). Amonestó a los locales Álex García y Héber.
Incidencias
Campos de Sport de El Sardinero. Tarde soleada y fresca. Césped en buen estado.
Público
7.701 espectadores presenciaron el encuentro en el estadio verdiblanco según los datos facilitados por el club. La Gradona mostró un gran tifo antes del encuentro, en el que se podía ver a un niño a hombros de sus padre y la frase: «Lo aprendimos de nuestros padres».

El técnico de Canalejas introdujo algunos matices en esa dirección. Dio entrada a Antonio Tomás en el doble pivote para aportar orden y serenidad; colocó a Juanjo como referencia ofensiva, dotando de libertad total a Dani Aquino y adelantó las líneas de presión. Así, durante los primeros 25 minutos, el Racing fue el Racing. Aún con aspectos a mejorar, como la dificultad para crear ocasiones, pero con motivos para el optimismo.

La intensidad inicial, además de fructificar en un dominio indiscutible, infiltró las dudas en las piernas de un Athletic B fallón. Impreciso. El conjunto cántabro aprovechó pronto el contexto favorable. Perfecta pared de Quique Rivero con Antonio Tomás, que fue objeto de falta. Sin embargo, el colegiado, con buen criterio, aplicó la ley de la ventaja y el de Cabezón de la Sal se sacó un disparo desde la frontal que botó ante Oleaga y el meta se comió. Minuto 9.

El equipo verdiblanco, sin generar peligro, mantuvo el orden hasta que el reloj se encaminó a la media hora. La casa estuvo a punto de derrumbarse por un fallo en los cimientos. Los pilares defensivos empezaron a temblar. Borja Granero controló un balón que le llegaba fácil a Iván Crespo. El valenciano se metió en problemas y le complicó aún más la vida a Paco Regalón, que acabó perdiendo la pelota. El Athletic B dispuso de una doble ocasión clarísima que no supo materializar. El primer intento lo desbarató Iván Crespo haciéndose grande ante el delantero y el segundo tocó en un defensa antes de salir a córner.

El Racing entró en estado de emergencia por exceso de dudas que pudieron costar caras. Como en un centro desde la derecha del ataque vasco que la zaga no logró despejar y que llegó a Íñigo Vicente en la media luna del área. Su lanzamiento, con rosca, se marchó silbando al poste.

Por fortuna, el equipo cántabro salvó los apuros y recuperó parte del orden perdido. Incluso, tuvo una buena oportunidad para haber ampliado su ventaja. Una falta botada por Dani Aquino desde la izquierda la cabeceó Álex García y la pelota se marchó muy cerca del larguero, poco antes del descanso.

Pura efervescencia

Tras la reanudación, el Racing disfrutó de algunos buenos minutos con apenas presencia en el área rival. Fue pura efervescencia, ya que el equipo cántabro iba a dar un paso hacia atrás a causa de los pobladísimos y continuos ataques visitantes, que dejaron varias acciones peligrosas, como un centro de Íñigo Muñoz que no llegó a rematar Benito en boca de gol. Dos tiros de Tarsi y Guruzeta pusieron después a prueba el aguante racinguista.

Para tratar de frenar las ofensivas del Athletic B, Viadero reforzó el centro del campo para formar un trivote con Javi Cobo, Sergio Ruiz y Quique Rivero. No tuvo demasiado efecto. Además, retiró a Álex García y colocó a Héber en su banda natural. Hasta entonces, el gallego había estado lastrado a pierna cambiada. Le bastaron tres minutos en su hábitat para hacer diabluras. El naronés, tras desbordar a varios rivales, fue derribado en el área. El colegiado obvió la acción. Las sospechas arbitrales penden sobre cada una de sus caídas al césped. Y casi acto seguido demarró con una eléctrica bicicleta, pero su tiro se fue demasiado cruzado.

A pesar de esas dos situaciones, el Racing no estaba bien. Por fortuna para la parroquia verdiblanca, en los malos momentos tiene santos a los que encomendarse. A los que ponerle una vela de vez en cuando. Un córner botado desde a derecha cayó en el segundo palo, donde lo remató a bocajarro Andoni López. Nueve de cada diez veces, eso es gol. Sin embago, Iván Crespo, sobre la misma línea y con un movimiento felino, se encargó de llevarle la contraria a la estadística.

Se olvidaba la principal característica del racinguismo. El último eslabón del ADN verdiblanco: el sufrimiento. Eso también «lo aprendimos de nuestros padres». Con Dani Aquino agotado, el equipo cántabro quedó encerrado en el área por el martilleo vasco. Asedio y resistencia. El colegiado también colaboró con una serie de faltas en contra difíciles de argumentar.

La última fue como un golpe franco de balonmano antes de la bocina. Guruzeta mandó la pelota a la tribuna y el estadio soltó un gran grito de alivio. Los tres puntos le sirven al Racing para recortar con la cabeza. Sigue cuarto, a cuatro del líder –el Mirandés–, y le quita dos al Burgos. Pero, sobre todo, le valdrán para tener una semana más tranquila. Nunca viene mal.

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