Simón Peres: historia, vida, leyenda

Simón Peres.
Simón Peres. / Afp
  • Es el 'padre' del poder militar israelí, incluyendo la opción atómica que el hoy desaparecido puso en marcha con la creación del Centro nuclear de Dimona

El lector puede estar seguro de que una buena parte de los elogios recibidos en Israel por Simón Peres apenas comunicada su defunción son de pura cortesía formal: el antiguo primer ministro y jefe del Estado de Israel, fallecido hoy a los 93 años en Tel Aviv, suscitaba entre la clase política y el público tantos afectos como reticencias. "Israel es así", dicen como resignados algunos observadores.

En efecto, la larga hoja de servicios del anciano, nacido en la Polonia de 1923 y emigrado en 1935 a Palestina, una colonia británica entonces, no basta para librarle de la polémica en un Estado tan joven que aún hoy se dejan oir hoy ecos de las querellas partidistas vigentes desde los días del primer sionismo y el liderazgo de Ben Gurion, tenido por el "padre de la patria".

A este nombre, Ben Gurion, muerto en 1973, que era primer ministro y ministro de Defensa, se debe asociar a Peres por esta sencilla -pero muy apreciada en Israel- razón: el fue su Director General en el ministerio de Defensa entre 1953 y 1959, con 29 años. Es decir, él es el 'padre' del poder militar israelí, incluyendo la opción atómica que el hoy desaparecido puso en marcha con la creación del Centro nuclear de Dimona. Su prestigio en este campo siempre sería reconocido, mucho más que su liderazgo en el partido laborista, crucial en la creación del Estado en 1949.

Los años de auge

En realidad, su carrera solo fue reanudada en términos políticos cuando tras la retirada de Ben Gurion -un Ben Gurion enfadado por las divisiones internas y lo que él, primer ministro por más de trece años, tenía por un desagradecimiento incomprensible- cuando se involucró a fondo en la llamada "refundación" laborista, donde haría casi toda su carrera: efímero jefe de un breve gobierno en 1977, consolidaría su posición en el interior del agitado partido y eso le permitiría ser primer ministro en 1984-86 y 95-96, pero siempre tras combinaciones parlamentarias, como la rotación negociada con el Likud de Isaac Shamir en el primer caso o como sucesor del asesinado Isaac Rabin en el segundo.

El aura de un político carismático siempre le faltó, como le sobraron, en cambio, su intuición y su inagotable capacidad de trabajo. Como ministro de Asuntos Exteriores de Rabin hizo una contribución decisiva a defender el proceso negociador -y secreto- con los palestinos en Noruega que terminaría por ser público y llevaría a su apoteosis política y diplomática: los 'Acuerdos de Oslo' de septiembre de 1993 que le valieron, junto al general Rabin y el lider palestino Yassir Arafat, el premio Nobel de la Paz de 1994. Es sabido que finalmente tales arreglos se revelaron del todo inútiles frente a las cuestiones clave: colonias israelíes y estatuto de Jerusalén, ocupada y "reunificada" por Israel.

Cambio de papel y de perfil

Peres, dotado de un perfil "pacifista" tras el episodio de Oslo y el premio Nobel, debió volver a la cruda escena político-partidaria cuando intentó ganar con los laboristas, pero perdió las elecciones de 1996 frente a un tal Benjamin Netanyahu, emergente líder del Likud (la derecha convencional israelí) que, tras vicisitudes varias incluida la muerte del general Sharon, su mentor y padre de la nueva derecha nacionalista, iba a ser un factor clave en la escena política hasta hoy (fue jefe del gobierno en 1996-99 y volvió a serlo en 2005 y aún lo es a día de hoy).

Peres, desnortado en términos políticos e ideológicos y reconvertido a la política práctica, profesional, muy habitual en Israel, donde los cambios de convicciones son corrientes y entretienen a una opinión muy informada, se dejó el laborismo en la despensa y sufrió su peor revés cuando tras coquetear con el invento llamado 'Kadima' de los sucesores y albaceas del general Sharon, perdió las primarias laboristas frente a Amir Peretz a principios de 2006. Políticamente liquidado entonces aceptó con gusto el puesto solo ceremonial de "Presidente del Estado" (así se llama no "de la República") y fue elegido por el parlamento en 2007. Y hasta hoy.

El lector se habrá decepcionado un poco al recordar o saber que ha habido no uno, sino muchos Peres. Eso no es un reproche, sino un hecho corriente y en la sociedad política israelí, mucho más. En Israel habrá un luto oficial y las condolencias adecuadas de un público superinformado. En el mundo, el recuerdo al hombre de Camp David... y entre los palestinos o los libaneses, como en las corridas de toros, división de opiniones, muy diversas... y algunas muy negativas.