El hotel del Club de Regatas deberá respetar escaleras y puertas originales

Todas las fachadas y sus elementos deberán ser restaurados, pues se encuentran en muy mal estado
Todas las fachadas y sus elementos deberán ser restaurados, pues se encuentran en muy mal estado / Daniel Pedriza
Santander

El Ayuntamiento da el visto bueno a la transformación en hospedaje de dos plantas del veterano edificio, pero obliga a conservar los elementos originales

Juan Carlos Flores-Gispert
JUAN CARLOS FLORES-GISPERTSantander

La conversión de dos plantas del veterano edificio del Real Club de Regatas de Santander, en la plaza de Pombo, ha dado un importante paso adelante. El Ayuntamiento ha dado el visto bueno a la reforma, con numerosas restricciones y aclaraciones a los promotores y, ahora, solo resta presentar el proyecto de ejecución, que ya está redactado después de numerosas reuniones entre las partes: los promotores, el Ayuntamiento y la directiva del Club de Regatas.

El Ayuntamiento ha puesto restricciones claras. El único palacio que se conserva en el centro de la ciudad, uno de los únicos edificios que no fue destruido por el incendio o posteriores desastres urbanísticos, no puede perder ni sus elementos estéticos exteriores ni los interiores, de manera que hasta las escaleras originales y las puertas de época que se conservan en las plantas superiores deben ser respetadas. Una vez que se consiga la aprobación del proyecto de reforma y transformación, y el permiso para la obra, los trabajos ya podrán iniciarse. Eso en el horizonte del próximo año.

Cuando se inicie la obra habrán pasado cinco años desde que, por primera vez, se habló de que las plantas tercera y bajocubierta se convertirían en un hotel. Ahora sí, tras la modificación del Plan General de Ordenación Urbana del año 1997 (el que está en vigor tras la anulación del año 2012), la reforma del edificio que fue residencia de la familia de don Juan Pombo Conejo, primer marqués de Casa Pombo, puede ser un hotel de lujo, con entrada por el portalón de la calle de Sanz de Sautuola. Fue en julio del año 2012 cuando por primera vez se supo y se publicó que la situación económica del Real Club de Regatas le impedía afrontar la necesaria reforma de las fachadas y cubiertas del edificio, por lo que se planteaba que las plantas tercera y bajocubierta, en total 2.000 metros de superficie, se convertirían en hotel. «Parte del edificio está en muy malas condiciones y se estima que son necesarios 1,2 millones de euros para poder arreglarlo. El club está saneado, no tiene deudas. Pero no hay otra opción para poder emprender semejante obra que poner en manos privadas dos de sus plantas, prácticamente vacías para poder obtener recursos. La mejor opción es un hotel, pues hay cuatro empresas interesadas», explicó entonces el presidente del club, Alejandro Miyares.

En la primera planta permanecen vacíos 500 metros, el espacio que ocupó el bingo

El Ayuntamiento ha aprobado la modificación del Plan General del año 1997 y recupera las determinaciones que para el edificio marcaba el Plan del año 2012. El Consistorio autoriza al Club de Regatas a realizar obras de acondicionamiento en las plantas segunda, tercera y bajocubierta, y la demolición de lo que existe en ellas para acondicionarlas a los nuevos usos. La planta bajo cubierta es almacén y la tercera y segunda, sin interés arquitectónico alguno, están ocupadas por instalaciones del club y parte de las viviendas que en su momento ocuparon esas plantas en alquiler, para obtener rendimientos para la asociación.

Se deben mantener y recuperar el patio interior, en el que se eliminarán las instalaciones añadidas con el paso de los años; se deben restaurar con la misma forma y materiales los cuatro torreones en las esquinas del edificio así como sus accesos; también las carpinterías y cerrajerías; la parte histórica del portal Este a la plaza de Pombo, y se debe mantener y restaurar la escalera principal desde este portal (la entrada al club) así como las dos escaleras simétricas que discurren por el interior del edificio. Y se podrán instalar dos ascensores en los ojos de las mismas, que deberán respetar la balaustrada original del edificio. También serán restauradas las fachadas de los bajos comerciales.

Las puertas originales de acceso a las primigenias viviendas, en caso de no mantenerse en su posición actual, se deberán adaptar a los nuevos espacios reubicándolas en el edificio. Algunas zonas del Palacio de Pombo aún conservan unos interesantes valores arquitectónicos e históricos «que merecen no solo ser preservados, sino realzados», dicen los técnicos municipales. «En otras zonas, por el grado de intervención en las mismas a lo largo del tiempo, han perdido dichos valores y, por tanto, sería conveniente intentar recuperarlos», añaden.

Toda la cubierta y los torreones deberán ser reconstruidos

Las cubiertas del palacio de Pombo, originariamente revestidas de escamas de zinc, lo son ahora de tela asfáltica colocada sobre el entablado. Esto ha provocado condensaciones y humedades que, unidas a la estanqueidad de los canalones o pesebrones, ocultos en la cornisa, han ido provocando la pudrición de los elementos de madera que conforman la estructura principal. Todo el tejado y las cuatro cúpulas serán levantadas y reconstruidas para convertirlas en habitaciones. El aspecto final del tejado será similar al original, aunque se permite abrir luceras que no deberán ser apreciables desde la calle.

Las fachadas, adornadas por grandes pilastras corintias, no se encuentran en buen estado de conservación. Los balcones de hierro están dañados, con algunos anclajes a la fachada rotos. Y la carpintería también está dañada, en especial las galerías de madera. Hay vidrios curvos rotos o sustituidos por vidrios planos, que han dañado su aspecto original. Todo ello deberá ser también restaurado. Desde hace más de un año hay instalado andamiaje que protege a los viandantes de la caída de piezas de la fachada, como ya ha sucedido.

Los locales comerciales

Entre las grandes intervenciones sufridas por el edificio está la obra realizada en media planta noble, la primera, en la que se sitúan los grandes salones dieciochescos, con pinturas en lienzo tanto en techos como en paredes que en parte han sido restaurados. Aquí están los muebles históricos y la gran biblioteca que ha sido reordenada recientemente y parte de sus ejemplares restaurados. La mitad de esta planta está destruida. Es en donde se situó durante años el bingo, que ocupó 500 metros en alquiler. Ese espacio, hoy vacío y cerrado, carece de cualquier elemento histórico de interés. Mantiene la decoración del bingo.

En cuanto a los locales comerciales, algunos de los negocios allí instalados «han intervenido en la fachada, avanzando con escaparates hacia la acera en busca de clientes, ocultando las sillerías del basamento o tapando el arco con el que se coronaban los grandes machones sobre los que arranca el edificio». La farmacia conserva a la vista la rejería histórica y los portones. La reconversión del edificio pasaría por la restauración también de esta fachada de grandes bloques de piedra.

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