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FERNANDO J. PÉREZ ENVIADO ESPECIAL
Viernes, 30 de abril 2010, 10:40
Tolo Calafat (40 años) descansa para siempre en el Annapurna. A 7.700 metros de altitud, en el mismo lugar en el que, en la madrugada del miércoles, las fuerzas le abandonaron tras 24 horas de esfuerzo continuado para hollar la cumbre. El sitio en el que durante casi dos días se ha ido consumiendo poco a poco mientras aguardaba un rescate que nunca llegó.
«Temo que mañana sea demasiado tarde», confesó el miércoles Juanito Oiarzabal, su compañero de cordada, en declaraciones a este periódico. Y así fue. La noticia la confirmó oficialmente ayer el propio montañero alavés cuando en España empezaba a amanecer. Pocas horas antes, Calafat lanzaba desde las alturas, a través de su teléfono satélite, un grito desgarrador: «¡Subir a buscarme, por mis hijos!», dos niños de 8 años y 18 meses. En medio del dolor y fruto de la impotencia por ver morir en soledad a un gran amigo, Oiarzabal arremetió contra todo. Contra la insolidaridad que, en su opinión, se ha apoderado de las expediciones, y contra la 'reina' de los 'ochomiles', Miss Oh, a quien acusa de no imponer a sus sherpas que subieran en ayuda de Calafat. «Les llegamos a ofrecer hasta 6.000 euros a cada uno». Y, a continuación, explotó: «Si la pillo (a la coreana), le arranco la cabeza».
Y del inmenso dolor, a la realidad. Otro alpinista muerto. La conjugación de distintos elementos en su contra, unos perfectamente evitables, como la insolidaridad, y otros imponderables, como el mal tiempo, retardaron demasiado el auxilio. Y cuando la ayuda llegó, el lugar en el que ha luchado por sobrevivir durante las últimas horas se había convertido ya en una blanca ladera de nieve virgen.
Al final, el intento de ayudar al mallorquín se transformó en la operación de salvamento de Juanito Oiarzabal, Carlos Pauner y el rumano Horia Colibasanu, que se encontraban en el campo 4, los dos primeros por problemas físicos y el tercero para intentar llegar hasta Tolo. Los tres fueron evacuados a primera hora de ayer hasta el campo base en helicóptero.
Una tragedia mayor
La tragedia pudo ser incluso mayor, ya que durante horas se temió por la vida de Sonam, el sherpa que el miércoles, sobre la una de la tarde, partió desde el C-4 al encuentro del alpinista insular. Tras buscarle durante once horas, buena parte de ellas en medio de la noche y la nevada, finalmente decidió, de madrugada, utilizar la tienda para guarecerse de la tormenta y a primera hora de ayer retornó al C-4.
Después de haberse suspendido el vuelo el miércoles por la tarde por culpa del mal tiempo, ayer el día amaneció espléndido y para las seis de la mañana el ruido de las hélices del helicóptero de rescate B3 despertaba a todo el campo base del Annapurna. Sin perder un segundo, piloto y ayudante se apresuraron a vaciar el interior de la nave de todos los elementos no estrictamente necesarios para la navegación, incluidos los asientos, para, con el menor peso posible, intentar llegar hasta la posición de Tolo.
Tras la operación remontaron el vuelo. Con ellos viajaba Jorge Egocheaga. Su aclimatación, después de ser uno de los que hicieron cumbre el martes, su fortaleza física, que le permitió estar ayer muy recuperado, y su condición de médico le convertían en el hombre ideal para dejarse caer junto a Calafat y ayudarle a salir de allí.
El helicóptero contaba además con una ayuda impensable hace años y que las nuevas tecnologías han hecho posible. Sus tripulantes conocían la posición exacta del accidentado porque ésta quedaba registrada cada vez que utilizaba su teléfono satélite. Con él habló con su mujer y, a las ocho de la tarde, usó el 'walkie-talkie'. Entonces, según explicó ayer Carlos Pauner, apenas le quedaba un hilo de voz. A partir de ese momento, el silencio. Tolo Calafat no respondió más a las llamadas que le hicieron tanto desde el CB como desde el C-4.
Hasta tres pasadas
La aeronave realizó hasta tres pasadas rasantes por el punto preescrito, pero no encontraron más que la gruesa capa de nieve que había dejado la nevada de la noche anterior. Después de transmitir la mala noticia al campo base, el helicóptero retomó el operativo de rescate, ahora para sacar a los alpinistas que permanecían en el campo 4, a 7.200 metros: Oiarzabal, Pauner, Colibasanu y los sherpas Sonam y Dawa, que fue el que acompañó a Calafat su primera noche a la intemperie.
El helicóptero evacuó hasta el campo base a los tres primeros, uno por uno, colgados de un cable de 25 metros y un arnés. Los dos sherpas, por el contrario, rechazaron su traslado ya que les obligaba a dejar allí arriba todo su preciado material de escalada. Bajaron a pie hasta el campo base, a donde llegaron a última hora de ayer. Fue entonces la hora del balance y los reproches. Especialmente enojado se mostró Oiarzabal, quien dirigió toda su furia contra Miss Oh. «Si la pillo el miércoles en el campo 4, le arranco la cabeza», en referencia a la impotencia que sintió cuando sus sherpas se negaron a salir en auxilio de Tolo y ella «fue incapaz» de exigírselo.
Luego, algo más tranquilo, añadió que la coreana «no ha estado a la altura» y que que ayer había ido a la tienda comedor de su expedición «a disculparse o no sé a qué, porque ha estado media hora ahí, de pie, sin abrir la boca». «Estamos llegando a unos parámetros que no sé a donde nos van a llevar», en alusión a la insolidaridad en las grandes montañas.
Regreso a casa
Y ejemplarizaba esa deshumanización del montañismo. «La coreana, con cinco millones de euros de presupuesto, no ha puesto un metro de cuerda en la montaña. No ha hecho nada», declaraba. Y respecto a sus sherpas, continuó: «Había cuatro a los que les llegamos a ofrecer seis mil euros a cada uno para que subieran a bajarlo. Un camino de seis horas u ocho horas con botellas de oxígeno... pero nada», indicó Oiarzabal. «Hay que asumirlo -afirmaba el vitoriano- pero lo pasas verdaderamente mal. Y más cuando te da la sensación de que podíamos haber salvado la vida de Tolo con más solidaridad», insistía.
Tras este trágico desenlace de la expedición al Annapurna, el alpinista alavés ha suspendido sus planes de ir al Shisha Pangma y volverá a España lo antes posible para reunirse en cuanto pueda con la familia de Tolo Calafat.
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