Scorsese: «Detener la inmigración va contra la idea básica de lo que es EE UU»

Martin Scorsese, en el hotel Reconquista de Oviedo./efe
Martin Scorsese, en el hotel Reconquista de Oviedo. / efe

El director estadounidense, que el viernes recoge el Princesa de Asturias de las Artes, condena la política migratoria de Trump: «Si hubiera estado vigente en 1909 yo no estaría aquí hoy»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUIOVIEDO

Martin Scorsese habla como rueda: como una ametralladora. A sus 75 años, el director italoamericano sigue rodando una película tras otra. Sin embargo, su estatus de maestro indiscutible no le concede crédito en los estudios de Hollywood y su último filme, 'El irlandés', lo ha producido Netflix. Scorsese recogerá este viernes de manos de los Reyes el Príncipe de Asturias de las Artes convertido en la estrella absoluta de los premios. Un señor bajito ligeramente encorvado, que sin sus icónicas gafas de pasta pasa desapercibido en Oviedo. El autor de 'Taxi Driver' lleva enclaustrado en el hotel Reconquista desde el pasado domingo. Llegó en jet privado desde New Jersey junto a su quinta mujer, la productora Helen Morris, y un séquito de asistentes formado por diez personas. Tras su breve comparecencia ante la prensa, esta tarde mantendrá un encuentro con el público en el teatro Jovellanos de Gijón.

«Sé que se me suele asociar con el cine de gánsters, pero el mundo en el que crecí no solo estaba habitado por criminales y violencia», reconoció el director. «Mis padres me quisieron mucho y había un cura joven que fue mi mentor, encontré el equilibrio». Scorsese citó clásicos del cine negro que le marcaron, como 'La ley del silencio', de Elia Kazan, y 'La fuerza del destino', de Abraham Polonsky. El mundo criminal que mostraban él lo experimentaba a diario en las calles de Little Italy. «La edad dorada del cine negro fue de 1948 al 56. No se inventaban un mundo, mostraban el que yo conocía. Era lo opuesto al universo de 'Shadows' de John Cassavetes, con esos bohemios y artistas que yo no había visto nunca», contrapone el director, que también cita 'El precio del poder' de Brian de Palma y la saga de 'El padrino' como sus películas de género negro favorito.

El joven Scorsese se debatió entre las calles y la iglesia. Asmático desde los tres años, estaba tan fascinado por la liturgia de la misa que entró en el seminario. En Oviedo ha recordado aquellos tiempos en los que visitaba la catedral de San Patricio a los ocho años junto a sus compañeros de colegio. «En aquella época la moralidad era o blanco o negro. Enseguida entendí que la gente buena no necesariamente hace cosas buenas. San Patricio es de 1812, vieja para lo que es Estados Unidos. La llevaban las Hermanas de la Caridad. La iglesia era para mí un lugar de asilo, un refugio en el que me sentía seguro».

Sus raíces italianas también marcaron su aprendizaje y su cine. «Yo entendí que formaba parte de una sociedad de emigrantes», explicó. «Nuestros padres y abuelos eran campesinos de Sicilia, simbolizaban el Viejo Mundo, pero nosotros ya éramos y nos sentíamos americanos. A mí me gustaba lo que predicaba un sacerdote moderno, le veía el sentido a lo que decía. Me ayudaba a equilibrar lo que veía en la calles y a vivir de acuerdo con la fe. Después intenté entrar en el seminario preparatorio y me echaron muy pronto. Pero la base de lo que soy, todas las preguntas que todavía me hago, vienen de esa época».

Martin Scorsese, durante su encuentro con los medios de comunicación.
Martin Scorsese, durante su encuentro con los medios de comunicación.

Scorsese ha abordado en su cine los conflictos de la emigración, como en la brutal 'Gangs of New York', donde se les muele a palos a los irlandeses para que regresen a su país. «Se les odiaba por el catolicismo que traían», detalló. «Estados Unidos se fundó basándose en la separación entre Iglesia y Estado. Y estos irlandeses defendían la obediencia al Papa». Preguntado por la política en materia de inmigración del presidente Trump, Scorsese enarcó sus míticas y pobladas cejas. «Si esa misma política hubiera estado vigente en 1909, hoy yo no estaría aquí», lamentó. «Estados Unidos fue fundado por emigrantes, como los italianos, muchos de los cuales regresaron en los años 20 a su país porque no habían sabido adaptarse. La emigración es siempre complicada, un experimento en el que se mezcla gente de diferentes culturas. Pero lo que está ocurriendo ahora es trágico, esperemos que solo sea una fase. El sentimiento de división es muy peligroso, va contra la idea básica de lo que es Estados Unidos. En la Estatua de la Libertad pone ´traed a los que no tienen casa'».

Finalmente, el autor de 'Toro salvaje' dedicó una alabanza a su viejo cómplice, Robert de Niro, al que conoce desde los 16 años. «Le debo mucho, es como si tuviéramos telepatía, nos comprendemos sin una palabra», piropeó. «Bob conoce a la perfección la cultura en la que crecí, comprende todos mis referentes. Tenemos confianza a todos los niveles en el aspecto creativo y sigue siendo una inspiración».

De Niro es, precisamente, uno de los protagonistas de 'El irlandés', junto a Al Pacino, Harvey Keitel y Joe Pesci. Que el filme esté producido por Netflix es un símbolo de los tiempos, según su director. «Yo abogo por proteger la experiencia de ir al cine y ver una película en una sala con público», defendió Scorsese. «Eso no quiere decir que tampoco se puedan ver las películas en una pantalla grande en casa, yo hago las dos cosas. Pero 'Dunkerque', 'Moonlight' o 'First Man' están hechas para verse en público. Tenemos que conseguir que las películas de Netflix se proyecten un tiempo en el cine y después en casa». En medio de la reflexión, el director mira con complicidad a su mujer. «Yo no estoy muy versado en temas de internet… Tampoco creo que las series sean el nuevo cine, veo que tienen más que ver con las novelas. Mi hija suele ver películas en casa y pide comida a través de una aplicación, yo sigo prefiriendo salir de casa e ir a un restaurante».

Scorsese reconoció que, al igual que el Alfonso Cuarón de 'Roma', no pudo conseguir la financiación de su último filme de un estudio tradicional. «Las becas y las fundaciones ya no son suficientes para cierto tipo de directores, ¿quién va a nutrir su talento? Ahora el dinero lo ponen Netflix y Amazon. Con toda esta explosión de la tecnología no sabemos hacia dónde se dirige al cine. Es un arte que tiene ya cien años, quizá tal como lo conocíamos ya ha dejado de existir. Quizá entre ahora en un periodo de quince años de 'agujero negro', como dice George Lucas. Nuestros hijos vivirán una experiencia diferente, pero yo creo que la imagen en movimiento seguirá siendo experimentada por un grupo de personas. Hay que proteger el cine como arte para que pueda ser apreciado por el público que va a las salas».

«La violencia estilizada te adormece»

Scorsese viajó por la tarde de Oviedo a Gijón para mantener un encuentro con el público en el teatro Jovellanos. Toda una lección de cine en la que volvió a recordar a aquel sacerdote de Queens que le descubrió a James Joyce. Repasó la época en la que estudió cine a comienzos de los 60, «cuando entrabas al cine y todo eran obras maestras», añoró.

Para Scorsese las escuelas de cine son estupendas, «pero nadie te puede enseñar a hacer una película». Él tardó cuatro años en terminar su primer largo, '¿Quién llama a mi puerta?'. John Cassavetes le animó a que hiciera la película que de verdad le salía de las entrañas: «'Malas calles' en 1973 cambió todo, esa época en Los Ángeles fue la mejor de mi vida. Después vendrían 'Alicia ya no vive aquí', 'Taxi driver'…».

A los directores debutantes les recomendó «pasión, porque hoy puedes rodar con cualquier tecnología». Habló con nostalgia del grupo de amigos que cambió la faz del cine americano en los 70: Coppola, Lucas, De Palma, Spielberg… «Brian de Palma fue el que de verdad me acogió, él me presentó a De Niro», reveló. «Francis era como el padre de todos nosotros. Spielberg era distinto, él hacía televisión y trabajaba para Universal. Éramos ambiciosos y nos lo pasábamos bien. 'Tiburón' y 'La guerra de las galaxias' hicieron que todo cambiara, el ambiente ya no fue el mismo. Yo puede hacer 'Toro salvaje'y 'New York, New York' gracias al poder que tenía DeNiro».

Scorsese adelantó que trabaja en un documental con imágenes inéditas de una gira de Bob Dylan en los 70. Lo produce Netflix, igual que 'El irlandés', cuyos efectos digitales para rejuvenecer a los actores llevarán seis meses. Será una cinta violenta, «porque la violencia forma parte de la naturaleza humana», Nada que ver con la «violencia estilizada» que detecta en el cine, «que te adormece».

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