Poderosa Peste

Sergio Castellanos y Pablo Molinero en una escena de 'La peste' (2018)./
Sergio Castellanos y Pablo Molinero en una escena de 'La peste' (2018).
EN SERIE

Alberto Rodríguez debuta en la tele con pulso firme y demostrando que se pueden demostrar buenas producciones de época en España

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

Decíamos ayer (en realidad lo decíamos hace varios números, pero quería emular a Fray Luis de León) que las series españolas pedían paso. Que viendo el panorama internacional se echaba en falta una mayor implicación por parte de las cadenas para conseguir consolidar un producto que llamase la atención por ser transgresor en forma y contenido, tal y como en países como Francia, Inglaterra o Estados Unidos.

La llegada de Netflix a España trajo consigo la esperanza de un posible cambio de tendencia y una apuesta más decidida por ficciones con temáticas diferentes y géneros poco explorados. Por supuesto que hasta el momento se habían sacado adelante productos tan notables como 'El Ministerio del Tiempo', 'El Príncipe' o 'Vis a Vis', pero se suponía que había llegado la hora de ir más allá y aspirar a producciones más competitivas.

En esa carrera Movistar ha querido colocarse la primera, dándose cuenta de que la competencia iba a pisar fuerte y debía posicionarse lo antes posible. De este modo la plataforma lleva estrenadas cuatro series (tres originales y una prestada y renovada de Antena 3 -¡Velvet'-).

De 'La zona' y 'Vergüenza' (que sirvieron para testar al público que iba a consumir de este canal) ya hablamos por aquí, ha llegado la hora de analizar 'La Peste', anunciada a bombo y platillo, advertida desde hace años y esperada teniendo en cuenta el equipo que tiene detrás, con Alberto Rodríguez a la cabeza. Ha tocado hacer lo que pide la publicidad que invade las calles: no salir de casa y verla entera. No ha sido un esfuerzo; la primera temporada está compuesta por seis episodios y cada uno dura alrededor de 50 minutos. Estas son dos novedades (técnicas) muy bien recibidas y mil veces reclamadas en España por los consumidores asiduos de series. Historias cortas y novedosas, narradas con capítulos de metraje estándar. Más allá de eso, la trama engancha y está contada y rodada de un modo que invita a verla. El atracón no ha sido, por tanto, ningún suplicio.

A Alberto Rodríguez lo conocimos en 'Grupo 7', esa estupenda cinta que demostró que en Andalucía se puede rodar un buen policiaco y que Mario Casas puede ser buen actor (entre otras cosas). Ha tenido después una carrera estable plagada de aciertos y en la que ha ido explorando distintos géneros, desde el drama de 'After' hasta el thriller de 'La isla mínima'. Sobrio, elegante, conciso. Serían tres adjetivos que cuadrarían bien con el trabajo de este director, que sorprendió cuando anunció que su debut en televisión sería con una ficción emplazada en la Sevilla del siglo XVI.

Homenaje a Sevilla

Una vez vista se entiende mejor la elección y sobre todo se comprende que aunque se emplaza en un momento histórico completamente diferente no deja de hablar del presente, del abuso de poder, de la corrupción, de gobernantes inmorales. Los había entonces y los hay ahora. Rodríguez ha rendido homenaje a Sevilla, al pasado glorioso de la ciudad, y la convierte en un enorme tablero de juego, en el que todos tienen algo que ganar y perder y en el que todos los personajes están dispuestos a hacer lo que sea para conseguir sus intereses.

Ninguno de ellos cuenta con el pueblo, que, sin embargo, cuando se vea amenazado va a actuar. Y con esta última lectura 'La Peste' vuelve a entroncar con nuestros días, en los que otras epidemias amenazan y otros gobernantes nos ningunean. La Sevilla que nos presenta esta ficción es una urbe cosmopolita, relevante, a la altura de otras ciudades europeas como París o Venecia, y que es deseada y frecuentada por ser la puerta de acceso de América en Europa. Pero esta idílica situación está a punto de quebrantarse, momento en el que saltan las alarmas.

Pablo Molinero y Paco León en una escena de 'La peste' (2018).
Pablo Molinero y Paco León en una escena de 'La peste' (2018).

En el epicentro hallamos a Mateo, un ex militar que fue condenado por la Inquisición por imprimir libros prohibidos, tuvo que huir y ha regresado para salvar al hijo de un amigo fallecido. Pero en su retorno será arrestado y deberá resolver una serie de crímenes con el fin de conservar su vida.

Así es como le tocará recorrer la ciudad, burdeles, cárceles y hospitales; descender a sus infiernos y conocer sus miserias. A su alrededor pululan, entre otros, Luis de Zuñiga, humanista de alta familia, ambiguo e intrigante; Teresa de Pinelo, artista que vive a la sombra de un apodo falso con el que ha de firmar sus obras y un marido adinerado, que cuando muere la deja desamparada en una época complicada para las mujeres (incluso para las valientes); o Celso de Guevara, gran inquisidor que recurre a Mateo para resolver el misterio de las muertes extrañas en la ciudad.

'La Peste' se presenta como una gran producción, ideada y rodada con pulso firme y buen hacer, en la que no se han escatimado en medios para recrear la época y la ciudad, con un argumento poderoso que va ganando enteros según avanza la serie y la tela de araña alcanza a todos los personajes. Pero hay cierta frialdad con la que está rodada (no es algo nuevo en Rodríguez) que hace que se tarde en entrar en la historia y en empatizar con los personajes.

Con 'La Peste' recordamos esas producciones que en los 80 y 90 se hicieron en esta país tomando como base la producción nacional literaria y sin recurrir al cartón piedra que echaba atrás. Y esa es una buena noticia.

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